Arte y ciencia
El camaleón vigilante v (Continuación)
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hace 5 añosen
Por la mañana, muy temprano, se vio una poco usual concurrencia de padres de familia que fue entrando al colegio, uno a uno fueron cruzando el antiguo y churrigueresco pórtico de piedra labrada del Colegio de San Cosme Nonato, la venerable y centenaria institución educativa de la ciudad de Miraflores. La primera en llegar había sido Doña Beatriz Inurreta viuda de Marcín, mamá del popular Oso Marcín, uno de los implicados. La señora era una dama distinguida, algo entrada en carnes, muy blanca, con unas grandes ojeras que le circundaban los ojos y que le daban una imagen muy especial. Llegó a la puerta de la rectoría, tocó suavemente, entró y se sentó en la sala de espera, la señora parecía muy preocupada, en la mano derecha llevaba un gran abanico de encaje de Chantilly con el que se daba aire sin parar, y en la izquierda llevaba un gran pañuelo blanco de batista de algodón con encaje de frivolité que pasaba y pasaba por su frente. Luego llegó el matrimonio formado por Don Leopoldo Machuca y Esperón y Doña Encarnación Lascurain Fonseca, padres de Polo Machuca; al poco rato se unieron Don Adolfo Valencia Suárez y Doña Pilar Sentíes Canovas, padres de la Tachuela Valencia, y por último llegó Don Arsenio Oropeza Cañete, padre de Felipe Oropeza. Todos se sentaron en las grandes poltronas de obscuro nogal, con asientos y respaldos de petatillo, y se miraban unos a otros en un incómodo silencio, denso, tan denso que parecía que podía ser cortado con un cuchillo. Entró al recinto el buen padre Bernal y les dijo:- Les agradecemos a todos ustedes su presencia, en un momento más, el padre rector les recibirá en la sala de juntas. Y entró al privado del doctor Soler.
En un breve lapso, apareció un sacerdote joven y les indicó: – Pasen por aquí señores, a la sala de juntas, el padre rector estará con ustedes en un instante. Y los hizo entrar a un amplio salón en el que había una enorme mesa ovalada, rodeada de unas elegantes silletas victorianas de alto respaldo; en los muros del amplio salón, colgaban grandes retratos al óleo con marcos dorados, detrás del asiento de la cabecera, presidía un gran retrato de su santidad Juan Pablo II, y en los demás retratos se veían cardenales, arzobispos y los padres que habían sido rectores del venerable colegio por más de un siglo. Las ventanas estaban enmarcadas con grandes cortinas de roja felpa con cordones dorados. Todo en el recinto rezumaba severa solemnidad, etiqueta y rancia tradición. Los padres de los chicos sintieron que algo frío les recorrió la espalda al entrar a ese salón y sentarse a la gran mesa. Todos se viraban a ver, como queriendo saber la grave causa por la que estaban ahí, pues todo les indicaba que se trataba de algo sumamente delicado. Sonó una cerradura, y por una puerta lateral penetraron al salón el padre rector, doctor Germán Soler y Goicochea y el buen padre Bernal Urtuzástegui; el rector se sentó a la cabecera y el padre Bernal a su diestra. –Buenos días señores– dijo el doctor Soler con amabilidad –les hemos citado hoy por una grave falta cometida por sus hijos en perjuicio del colegio, y que, como entenderán, amerita una sanción ejemplar.
Las caras de los padres de familia se descompusieron más de lo que estaban, al penetrar al recinto por otra puerta los cuatro muchachos implicados en el asunto. Los cuatro caminaban con las cabezas bajas, la mirada clavada al piso, y una vergüenza que se sentía a la distancia. Se sentaron en unas sillas pegadas a la pared, y desde ahí se dispusieron a escuchar. El primero en hablar fue Don Leopoldo Machuca, que con voz fuerte dijo: –Padre rector, somos una familia con valores, si Polo ha cometido una tontería, pagará por ello de la manera que usted disponga. Al oír aquello, Polo Machuca encogió la cabeza, como queriendo que desapareciera entre el cuello de su camisa y su corbata. Don Arsenio Oropeza, por su parte dijo: –Padre rector, reconozco que la falta de la madre de Felipe, ha de haber desorientado a mi hijo, pero aún yo solo, le he inculcado siempre valores –se le quebró la voz al decir – si Felipe ha fallado a su formación de bien, ¡que pague por ello! Felipe Oropeza no pudo evitar que las lágrimas resbalaran por su rostro, rojo de vergüenza. Don Adolfo Valencia y Doña Pilar Sentíes, se miraban desconcertados y preguntaron: -¿Pero qué tan grave es lo que han hecho los chicos? Habrá que ver para determinar un justo castigo a ello. Doña Beatriz Inurreta viuda de Marcín, clamó: -¡Padre rector, Osito es un buen chico! Hay que ver si no fue inducido a participar en esto, lo que haya sido – y rompió a llorar.
El doctor Soler dijo:- Muchachos, ¿quién de ustedes quiere explicar a los padres de familia lo sucedido? Con muchos arrestos y tragando saliva, Polo Machuca levantó la voz y dijo: – Una persona, nos convenció para colaborar con él, y por la noche, entramos al centro de impresiones a robar un juego completo de copias de las pruebas de los exámenes finales, para venderlas entre los que tuvieran problemas de aprovechamiento. Afortunadamente nos descubrieron, y esto no sucedió. Lo último lo dijo con tal convicción que, los padres Soler y Urtuzástegui sonrieron para sus adentros. Un grito apagado de los padres de familia, se dejó sentir en el salón, y el llanto de Doña Beatriz arreció. -¡Qué vergüenza! ¡Qué deshonra! ¡No es posible! ¡Cómo pudieron! ¡Nos han fallado! Fueron las expresiones de los padres al oír la declaración de Polo. -¡Seguro que a Osito lo engañaron los demás! Dijo Doña Beatriz y su llanto arreció aún más. -¡No mamá, yo participé porque quise!– recalcó el Oso Marcín; y el llanto de Doña Beatriz se congeló en sus ojos. Don Arsenio Oropeza se puso de pie y dijo: – Padre rector, nuestros hijos han cometido una falta muy grave y estamos dispuestos a acatar la sanción que el colegio disponga para ellos. Creo que hablo en nombre de todos. Silenciosamente, todos asintieron con la cabeza. Los chicos escuchaban con los rostros descompuestos y lágrimas en los ojos; se sentían con un pie fuera de su amado colegio.
El padre rector dijo: –A ver, vamos por partes. Sí, han cometido una falta muy grave, que incluso amerita su expulsión del colegio – el llanto de Doña Beatriz reapareció – Pero en medio de este hecho lamentable, tengo muy claro que hay valores muy profundos rescatables en ellos. Han enfrentado su falta con dignidad, la han reconocido públicamente y asumido, han mostrado un valor muy raro hoy, ¡La lealtad! Pues no han revelado el nombre de quien les indujo a cometer la falta, y deciden asumirla solos, y eso habla muy bien de ellos. Tengo muchos años de bregar con muchachos, en su formación, y mi corazón me ha enseñado que, actuar negativamente no conduce a nada bueno. ¡Esta es mi sentencia! Este año ha concluido, estamos en exámenes finales, si ellos quieren seguir siendo alumnos de esta institución, tendrán que llevar a cabo un año de tareas en pro del colegio, colaborar con trabajo personal en las acciones con gente pobre de zonas marginales, serán los primeros en apuntarse en trabajo voluntario en campañas de salud. Usaran sus tiempos de descanso para hacer labor por compañeros con problemas de aprovechamiento; y así, después de un año, habrán podido reflexionar y sacar una enseñanza de su falta. Los padres de familia se miraron asombrados del buen tino y sabiduría del padre rector. Los chicos, se abrazaban llorando de alegría. Todos se retiraron de la junta sintiendo un profundo alivio en el alma.
El padre rector le dijo al buen padre Bernal: – A usted y a mí, nos queda un hueso duro por roer, el castigo al gañán de Riquelme. Mérida, Yuc., a 12 de enero de 2021.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
