Arte y ciencia
El camaleón vigilante VI (Conclusión)
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hace 5 añosen
El Lic. Gamaliel Riquelme entró a la sala de espera de la rectoría, exactamente en el momento en el que el viejo reloj de pie daba doce graves campanadas que anunciaban el mediodía, se sentó en una de las grandes poltronas de color nogal y asiento de petatillo y tragó saliva, pensando en la tormenta que se venía encima y que tenía que enfrentar y capear de la mejor manera posible. Riquelme, que era un astuto pillo consumando, confiaba en su capacidad de adobar las cosas al venerable padre rector, para salir airoso de este trance en el que, no le cabía la menor duda, el maldito de Bernal le había metido. – Si ese mal nacido no hubiera metido las narices, el negocio iría viento en popa; si aquí, en este colegio, lo que sobra es dinero, y estos holgazanes, con tal de no quedar mal con sus papis, dan lo que sea. Pero yo tengo preparados los argumentos para que el rector baje la guardia y sigamos adelante con nuestros proyectos, se decía para sus adentros. La puerta del privado del rector crujió levemente y salió por ella el joven sacerdote asistente del padre rector y dijo: –Padre Riquelme, el doctor Soler le está esperando, pase usted. Y lo introdujo a la rectoría.
Detrás de su gran escritorio, el doctor Germán Soler y Goicochea era la imagen misma de la autoridad y la solemnidad en una sola. Al entrar Riquelme, Soler lo recorrió de arriba abajo y no pudo evitar un gesto de contrariedad, su desencanto ante los hechos ocurridos, le habían hecho perder la profunda confianza que, con toda buena fe, había depositado en el padre prior, y que, defraudada ésta, había caído totalmente de su consideración.–Siéntese padre Riquelme, le dijo en un tono de compromiso muy evidente–y continuó–como usted comprenderá, los hechos ocurridos dañan muy gravemente el prestigio de este honorable y centenario colegio. Usted sabe que, nuestro alumnado está compuesto por lo mejor de la sociedad de Miraflores, que aquí en este colegio, hay familias que por generaciones han estudiado aquí, tenemos alumnos que por cuatro o cinco generaciones, sus familias han estado con nosotros, y no nos podemos permitir el lujo de que, unos hechos desafortunados y fallidos, manchen este prestigio secular. Riquelme, escuchaba las palabras del padre rector y sentía que, con cada concepto expresado, era como si un muro o un piso del vetusto edificio, fuera asentado con violencia sobre su cabeza.
Riquelme trató de decir – Padre Soler, si usted me permitiera – pero en un tono cortante que no admitía réplica alguna, Soler levantó la voz y dijo: – No, padre Riquelme, no le permito nada. Ya sé que usted es muy bueno con la escolástica, y seguro tiene un largo, elaborado y convincente argumento en su defensa, y hasta creo que, casi me convencería con él, pero no, si todo está muy claro, lo vi con mis propios ojos, no hay caso de su vano intento. Riquelme sintió que el piso se hundía bajo sus pies y bajó la cabeza esperando lo peor, su expulsión de la Orden de los Padres del Santo Cáliz, la congregación de los calicinos, como era conocida popularmente, y a la que había dedicado tantos años de su vida.–Padre Riquelme, la gravedad de su falta es meritoria de su expulsión de nuestra congregación – Riquelme sintió que su fin había llegado- sin embargo, mi experiencia en tantos años de brega en estos menesteres, me indica que, las sentencias terminantes y negativas, no dan buenos frutos, todo se vuelve rencores y actitudes aún más negativas que la causa que originó la condena. He pensado en otra opción – Riquelme creyó ver una luz de esperanza en las palabras del padre rector.
El rector continuó –La congregación, tiene múltiples actividades a lo largo y ancho del mundo, no es sólo la labor educativa a lo que nos dedicamos; tenemos también obras benéficas y humanitarias con los más pobres de los pobres. Creo que, su convivencia en este colegio con jóvenes de clase muy acomodada, causó un grave mareo en su vocación, y le llevó a deformar sus acciones de una forma muy lamentable, y lo peor, arrastró en ello a adolescentes sin el criterio suficiente para no caer en tentaciones tontas. Padre Riquelme – el padre rector levantó la voz para decir – he tomado una decisión para su caso. Riquelme sintió una ansiedad incontrolable, no tenía la menor idea de qué se proponía Soler para lo ocurrido. –La congregación, tiene una casa de misiones en la República de Burundi, en el África Oriental. Como usted debe saber, Burundi es uno de los países más pobres del planeta, y su estancia ahí puede traer muy benéficas meditaciones a su yo interior, además de que, sus habilidades, que conozco y le reconozco, pueden hacer una brillante labor de organización entre esa gente olvidada del mundo, y seguramente reencontrará ahí la senda perdida. ¡Si padre Riquelme, usted marchará para nuestra misión en África Oriental! Concluyó el doctor Soler.
En el largo vuelo que lo llevaría a la República de Burundi, el padre Gamaliel Riquelme recordaba con nostalgia los bellos jardines del Colegio de San Cosme Nonato, en Miraflores, los amplios y largos corredores de arcos, el soberbio pórtico de piedra labrada del viejo y venerable edificio. Sintió ganas de llorar por el esplendor perdido del centenario colegio, y se hundió en mil meditaciones sobre el futuro que le esperaba entre los naturales de Burundi, los más pobres entre los pobres. El vuelo era lo suficientemente largo como para que el sueño lo librara de estas tristes meditaciones. El avión aterrizó en el aeropuerto de Brazzaville, en la República del Congo. En la sala de espera, lo esperaba un sacerdote joven que había venido por él, salieron al estacionamiento y abordaron un jeep Land Rober que los llevaría hasta la misión. Una distancia de casi trecientos kilómetros los separaba de su destino. Tomaron la carretera hacia Burundi y fueron avanzando entre largas sabanas de altos pastizales que reflejaban el inclemente sol africano, sólo de cuando en cuando, se veía a la distancia el amplio follaje de algún baobab, un flamboyán o una acacia. – Hace algo de calor, padre – dijo el joven sacerdote – Si, algo – respondió Riquelme con amargura.
El fuerte sol entro por la ventana de la choza en la que Gamaliel Riquelme había dormido. Ahí, desde el amanecer, el cielo lucía encendido y la actividad del pueblo era muy agitada. Por la ventana de su choza, Gamaliel vio pasar a tres jóvenes de coloridas batas que conducían un rebaño de cabras a pastar; casi de inmediato, un sonoro grupo de chiquillos pasó correteando a un cerdo que chillaba como si lo estuvieran matando; un grupo de sonrientes mujeres cruzó por la calle, llevado sobre la cabeza unas blancas palanganas llenas de grano para llevar al molino. Gamaliel meditó: – Esto no es muy distinto a nuestros pueblos; quizá Soler tiene razón, hay mucho que hacer en este lugar por esta gente que debe ser buena y sencilla. Y se dirigió a la cómoda, sobre la cual había una palangana de agua para que se afeitara. Se decidió a alistarse y presentarse ante el director de la misión.
Del otro lado del mundo, el sol se ponía sobre el amplio follaje de la gran arboleda del Colegio de San Cosme Nonato, se acercaba la hora de cenar, y el buen padre Bernal Urtusástegui se puso en camino del comedor, el buen sacerdote caminaba con un balanceo como de un barco sobre las aguas, marchaba con su eterno tic, jalando la cintura y el faldón de su sotana, como queriendo ajustarla a su voluminoso cuerpo. Mérida, Yuc., a 21 de enero de 2021.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
