Arte y ciencia
El cine mexicano, un bien cultural de la nación (I)
Publicado
hace 6 añosen
El pasado día 15 fue “Día del Cine Mexicano”. A propósito de esta conmemoración, cabe hacer unas indispensables reflexiones, pues el séptimo arte, ha aportado una caudal inmenso e inconmensurable para la cultura de nuestro pueblo. En los tiempos que estamos viviendo, asistir a una sala de cine, es un privilegio que no cualquier familia se puede dar; pero en otros tiempos, la salas de cine, eran una centro de reunión de todas las clases sociales que, sin saberlo siquiera, se hermanaban con la trama que vivían intensamente, siguiendo el desarrollo de la historia que desfilaba ante sus ojos en la gran pantalla. Las salas de cine fueron un punto de unión en donde las barreras y diferencias se quedaban en la puerta, para dar paso a la emoción, la risa o el llanto, que brotaban igual de las almas de los pobres que de las de los ricos. El cine era un punto de unión sin diferencias.
En los dorados tiempos de mi adolescencia, ir al cine, los fines de semana, era como un ritual sagrado e irrenunciable. El sábado por la noche, era función obligada; y terminadas las dos cintas de reglamento que integraban el programa, nuestros pasos se dirigían a Santiago, para disfrutar de un par de hot dog’s y una Coca Cola, en La Reina Itzalana, que por fortuna pervive hasta nuestros días. Cinco pesos, era el importe de nuestra “gastada” de fin de semana, y el sábado por la noche, se consumían los primeros $ 3.25. La función de la una treinta de la tarde, el domingo, consumía el saldo. Hemos de aclarar que, con nuestra credencial de estudiantes, la entrada al cine nos costaba $ 1.25; así que, el domingo, el boleto de entrada, y un gran envase de cartón con palomitas de maíz, consumía el saldo de $ 1.75 de la mesada.
El cinematógrafo, como invento genial, aparece en la última década del siglo XIX. Porfirio Díaz, con la mirada siempre puesta en Europa, externa su gran interés de traer este invento a México, y lo hace; recién inventado el cine (sólo doce meses de existencia), se hace presente en la Ciudad de México, y son precisamente una filmaciones de los hermanos Lumiere las que abren el paso al cine en México. Muy pronto, Porfirio usa en su provecho el invento. En las salas de teatro de la capital, se proyectan cortos como: El señor presidente paseando por la Alameda, o El señor presidente a caballo en Chapultepec, que la alta sociedad porfiriana abarrotaba para admirar a su amado líder. Hay que destacar que, el cine llega a México, antes que a ningún otro país del continente. En USA, Tomás Alva Edison había bloqueado la entrada del invento de los Lumiere, así que México se llevó la primicia en este campo. Pasar de los documentales a historias relatadas en la pantalla, llevó cierto tiempo. En 1897, se realiza la primera película sin sonido en México, “Riña de hombres en el Zócalo”.
Salvador Toscano, fue el primer cineasta mexicano, y realizó en 1899 una corta versión sin sonido de “Don Juan Tenorio”. En 1907, Felipe de Jesús Haro filma: “El Grito de Dolores o la Independencia de México”, que él mismo protagoniza con el papel del cura Hidalgo, también escribió el guion. La que se considera generalmente como la primera película mexicana en forma, es “El Rosario de Amozoc” de Enrique Rosas, en 1909. Luego, en 1912, viene “El Fallecimiento de la Suegra de Enhart” de los hermanos Alva, que es el único de esos filmes primigenios que aún se conserva. En 1916, y en Yucatán, se filma el primer largometraje mexicano, se trata de “1810 o Los Libertadores de México”, obra de los cineastas Manuel Cirerol Sansores y Carlos Martínez de Arredondo; aunque esto no está reconocido oficialmente, ya que se considera a “Luz, tríptico de la vida moderna”, que se filma en 1917, un año después de la película yucateca, como el primer largometraje mexicano, injustamente. Ese mismo año, se crea Azteca Filmes, la primera compañía mexicana de cine, la fundan la gran actriz Mimí Derba y Enrique Rosas; hay que destacar que, Mimí Derba, es una precursora, no sólo como actriz, sino fue la primera directora mexicana de cine. En 1919, se filma una cinta histórica, “La Banda del Automóvil Gris”, protagonizada por la excelsa actriz María Teresa Montoya.
Junto con el desarrollo de este cine mudo mexicano, el cine de Hollywood va cobrando popularidad, incluso en México; en este ámbito, van a destacar importantes figuras del cine nacional que incursionaron en el de California; entre ellos Dolores del Río, Lupe Vélez y Ramón Novaro. También ahí se van formando como directores, figuras como Fernando de Fuentes, Emilio “El Indio” Fernández, y los hermanos Joselito y Roberto Rodríguez. Esta circunstancia va preparando el inicio de lo que se ha de llamar La Época de Oro del Cine Mexicano. En 1931, detona la popularidad del cine en México, con la realización de la primera cinta sonora nacional, “Santa”, protagonizada por Lupita Tovar y Carlos Orellana, y dirigida por el español Antonio Moreno, y con música de Agustín Lara. En 1930, ocurre un hecho de suma importancia para el cine, viene a nuestro país para filmar sus tradiciones y costumbres, el gran cineasta ruso Sergei Eiseinstein. Su labor en nuestra patria no logró rendir los frutos esperados, los patrocinadores le retiraron el apoyo sin haberse concluido el trabajo, y además le incautan el material. Uno de los filmes más estéticos de la historia del cine, no llega a las salas de proyección, apenas se conocen fragmentos de él; “¡Qué viva México!”, es una gran obra del cine que no logra llegar a existir en la realidad.
A partir de la tecnología creada por Joselito Rodríguez, nombrada Rodríguez Sound Recording System, el desarrollo del cine nacional toma una fuerza avasalladora. La Revolución Social Mexicana, es la protagonista central en los argumentos de las obras producidas en este auge. Tres obras de Fernando de Fuentes, marcan el inicio de este momento: “El Prisionero Número 13”, “El Compadre Mendoza” y “Vámonos con Pancho Villa”. De aquí en adelante, un torrente de películas que marcan un hito, a nivel que rebaza nuestras fronteras, y se hace presente en las salas de proyección de todo el país, y aún más, que se van colocando en el extranjero. El interés de los Estados Unidos de América por mantener el control sobre lo que ha de ver el público mexicano, y con ello evitar cualquier influencia de la URSS, le lleva a brindar un apoyo técnico al cine mexicano, que se va a reflejar en algunas cintas. Vienen los triunfos de figuras como Andrea Palma, Esther Fernández, Lupe Vélez, Tito Guízar o Domingo Soler, con cintas como “La Mujer del Puerto” o “Janitizio”, esta con la maravillosa música de Silvestre Revueltas, abren la puerta a la “Época de Oro del Cine Mexicano”.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
