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¿Y tú, cómo vives la pandemia de coronavirus?

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito del tema inevitable de la llegada a nuestro país del llamado Covid 19, solicité a familiares y amigos responder a la pregunta: ¿Cómo vives la pandemia? Su lectura es un bálsamo por la serenidad, capacidad de análisis y espíritu crítico con que enfrentan esta realidad que, confío, podremos superar, de la mejor manera posible. Se las comparto en el orden en que me llegaron:

– A diferencia del 2009 con la influenza, hoy contamos con más flujo de información internacional. La tasa de mortalidad es del 2%, según los peritos en el tema. Para mí, es otra “cortina de humo” y reestructuración geoeconómica y posiblemente un respiro a tanta contaminación (baja en uso de automóviles, turismo, fábricas, etc.) Yo vivo esta contingencia con calma, análisis sociocultural, previsión en mi  economía doméstica. Le temo más a las acciones del gobierno mexicano y el actuar de la delincuencia organizada. ESO SI ME PARTE MI MANDARINA EN GAJOS. Y sin perder el sentido del humor.

– ¿Responsable o irresponsable? Mi naturaleza relajada me lleva hacia la tranquilidad, hasta el momento en que claramente sea necesario tomar medidas más severas. Por otro lado, creo no debo incurrir en negligencia, por eso, hasta donde sea posible, trataré de observar las indicaciones de las autoridades de salud,  que creo que es lo más saludable.

– Promoviendo la prevención y evitando el pánico. Creo que es indispensable la higiene básica, lavarse las manos como corresponde (que se debe de hacer siempre) Particularmente por el momento, evitar lugares concurridos, o el contacto físico excesivo en público. Estoy tranquilo por mí, en lo particular, lo único que me preocupa es la gente que no toma las medidas básicas de prevención y que pueda contagiar a gente mayor o con enfermedades, que son los más afectados.

– Veo que con este virus el país fue afortunado porque lo empezamos a ver a una distancia enorme, aunque la propagación ha sido muy rápida. Eso nos dio la ventaja de que contamos con más tiempo para prepararnos,  con la información y las recomendaciones para prevenirlo, porque la salud en esta ocasión más que nunca, empieza con la prevención. Medidas tan simples como el lavado de manos frecuente son fáciles de seguir, aunque aquí también se debe tomar en cuenta que hay grandes zonas del país con escasez de agua y aunque los habitantes quisieran hacerlo no les es posible, mientras que los desinfectantes son caros y escasean también.

– No existe peor enfermedad que el propio miedo y esto está derivando en el absurdo como la escasez de cubre bocas y de gel antiséptico y de compras de pánico que va a ocasionar un desabasto y posteriormente subida en el precio de los alimentos de primera necesidad. Lo principal es la higiene de manos con agua y jabón cada vez que salgamos a la calle, saludemos y preparemos alimentos. Se menciona hasta el cansancio que tenemos que estar informados, pero llama la atención al leer en los diarios la cifra de 75,000 asistentes este fin de semana al evento del “Vive Latino” y la afluencia de hasta el 90% de su capacidad hotelera en el Puerto de Acapulco en este puente. ¿Que no están informados de que  estamos en la fase uno de contingencia? Existe una pandemia de consecuencias más funestas que el coronavirus y con la cual vivimos ya de tiempo atrás y de la cual no hacemos caso y es la diabetes. Según el censo de salud se reportan 8.7 millones de diabéticos en México y sólo en el 2016 los decesos por esta causa fueron de 105,574.  A las que debemos de tener no miedo sino pánico es a las televisoras y radiodifusoras que lucran con el miedo del coronavirus, mientras anuncian refrescos, dulces, frituras y pastelitos  industrializados.

– Pues con normalidad, entiendo que es una variación de enfermedad respiratoria que por sí sola no es letal, intervienen otros factores para que existan complicaciones y sea letal. Hay que informarnos y comprender que al igual que una gripe común, influenza, etc., es necesario aumentar las medidas de prevención  que son cotidianas, es sólo HIGIENE. Y alimentación adecuada en nutrientes para tener un sistema inmunológico resistente. Lavarse las manos, evitar contacto en ojos, nariz, boca, no saludar de beso si se sospecha de enfermedad, etc. Atrás de toda esta psicosis hay más intereses económicos, políticos, sociales. Nadie habla que en México nuevamente hay brotes de sarampión cuando ya se había erradicado y es una enfermedad que puede tener consecuencias graves. Y así se pueden enumerar diferentes enfermedades y situaciones que igualmente merecen atención. Me siento impotente porque la gente se deja llevar por esta psicosis y lejos  de  ayudar complica la situación.

– Respecto al coronavirus tengo opiniones encontradas, por un lado considero que es más un asunto mediático; la prensa está exagerando para generar miedo en la población con tonos político-económicos. Por otro lado, hay algo y definitivamente es contagioso y hay que tomar precauciones para prevenir.  Me preocupa un poco que todo esto esté sacando la peor parte de algunos, con este asunto de las compras de pánico y la actitud egoísta de acaparar, sin pensar en los demás. Sin embargo, esta situación puede tener un aspecto positivo de aislamiento y de introspección en donde podemos reflexionar hasta dónde hemos llegado y cambiar el rumbo.

– Circunstancias como ésta nos permiten analizar el mundo desde diversas perspectivas: primero, nos muestra lo pequeños, frágiles y vulnerables que somos los seres humanos ante los secretos de la madre naturaleza, y la “probable imposibilidad” de llegar a conocerlos algún día, antes de la desaparición del ser humano; segundo, me da a pensar en la posibilidad de que esto sea una creación, una exageración de mentes perversas, que siembran terror para cosechar poder y riqueza. Espero que este segundo pensamiento sea sólo producto de mi temor ante lo desconocido, pero sabiendo que hay maldad y perversidad en este mundo. Prefiero pensar en la uno, y poner lo que está en mis manos para superar la contingencia: mantener distancia con quienes me rodean, pecar de limpieza y pulcritud, mantenerme aislado. Nada que realmente afecte mi vida.

– Mi situación con el Coronavirus ha sido un poco limitante, sobre todo en el aspecto del adelanto de vacaciones de la escuela, pues necesito quedarme en casa con mi hija o buscar apoyo en las abuelas cuando tengo que salir a mis actividades profesionales, que han sido con mayor precaución y con algunas cancelaciones, pues soy fisioterapeuta privada y mi práctica es a domicilio, así que me limito a las posibilidades de mis pacientes.  Me encuentro tranquila, pues mi economía no depende de mi trabajo; sin embargo, tengo amigas que tienen el caso contrario y las entiendo. Si llegáramos a vivir una cuarentena total, sé que sufriríamos todos económicamente, pero más vale atender las instrucciones sanitarias.

¿Y tú, cómo vives la pandemia?

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Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán

Cristina Martin Urzaiz

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Cuadro de Jean-Léon Gérôme, Consummatum est 1867

 A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.

De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto.  A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.

Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?

Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.

Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.

A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.

Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.

 Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.

A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.

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La vocación de arrear ganado de los vaqueros texanos

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de las imágenes en las que se observa a elementos de seguridad en la frontera de Estados Unidos que azuzan a sus caballos en contra de migrantes haitianos, a quienes agreden con las riendas a manera de látigos o fuetes, en escenas de violación a los derechos humanos, hacen pensar que esos agentes se comportan como sus antepasados los cowboys o todavía peor, como los plantadores de los estados sureños en contra de sus esclavos, antes de la Guerra de Secesión.

Las escenas de cientos o miles de personas que caminan huyendo de la miseria y la violencia sólo para encontrarse con más miseria y más violencia es desoladora. Los que acampan debajo de un puente en la población Del Río, Texas, a donde llegaron a través de la parte menos peligrosa del Río Bravo, luego de cruzar varios países, seguramente creyeron que habían alcanzado su meta al poner pie en tierra norteamericana en el otro margen.

Me recuerda un juego de mesa que jugábamos los niños de hace muchos, muchos años, llamado Serpientes y Escaleras, en el que se ascendía avanzando casillas mediante el tiro de dados. Si tus números eran propicios, te conducían hasta una escalera que te permitía subir grandes tramos, pero si te llevaban directamente a la boca de una serpiente, podías perder el progreso y regresar hasta el inicio. Justo una casilla antes de la meta se encontraban las fauces de la víbora más larga, si la tirada te llevaba a ese punto, descendías de una vez hasta el punto de partida.

Muchos de los migrantes que pudieron alcanzar tierra estadounidense hace unos días, luego de una larga travesía y una cantidad inimaginable de tropiezos, fueron deportados casi inmediatamente a Haití, tras una recepción en la que se les infligió una nueva humillación y se les canceló su última esperanza de integrarse al “sueño americano” en lo que dura el vuelo del sur de Texas a la isla caribeña.

Haití, fue en el Siglo XVIII una de las colonias francesas más rentables y producía el 75 por ciento del azúcar del mundo. Francia se benefició de esa producción, así como la del tabaco y el café durante siglos, pero, cuando los caribeños se independizaron, en 1804, les impuso una multa de 150 millones de francos.

En 1915 fue ocupada militarmente por Estados Unidos, durante más de 15 años. Luego vendrían una serie de dictaduras con la bendición del gobierno norteamericano. Se sucedieron golpes de estado, regímenes totalitarios, represión, masacres, asesinatos políticos, el más reciente el pasado 7 de julio en contra del presidente Jovenel Moise. Hoy, es el país más pobre de América. El 80 por ciento de sus habitantes vive en la pobreza.

 Hace once años, en enero de 2010 un terremoto provocó la muerte de más de 300 mil personas y dejó un millón y medio de damnificados. Tras lo cual, países como Venezuela, Brasil, Chile y Bolivia, recibieron a haitianos que huían de los efectos de la tragedia, en un país incapaz de hacer frente a la devastación.

Muchos de los haitianos que han llegado a México, en su intento de alcanzar los Estados Unidos, salieron de esos países sudamericanos, porque la crisis económica por la pandemia ha reducido sus expectativas de vida y ante la falsa noticia de que podrían ser beneficiados por el TPS – Programa de Protección Temprana – que Estados Unidos aplicará a quienes ya se encuentran ahí, según expuso el canciller mexicano Marcelo Ebrard.

Pero, quién les diría a los migrantes que al llegar al “país de las oportunidades” los recibiría un grupo de cowboys texanos dispuestos a dar, literalmente, rienda suelta a su vocación primaria de arrear ganado.

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Con el argumento de defender la vida, lo que buscan es el castigo

Cristina Martin Urzaiz

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Para Cristina Urzaiz Mediz, cuya reflexión y
análisis enriquecieron este texto.

A propósito de las reacciones respecto a la declaración de inconstitucionalidad del castigo penal por la interrupción del embarazo por parte de la Suprema Corte de Justicia, es evidente el deseo de agrupaciones “provida” e integrantes de la Iglesia Católica de imponer castigos, sin sopesar las causas que ponen a las mujeres en condición de tomar una decisión tan difícil.

El burdo caso del sacerdote católico del templo de San Juan Bautista de La Salle en Monclova Coahuila, Lázaro Hernández Soto, haciendo un llamado al feminicidio en contra de las mujeres que aborten, es un ejemplo del pensamiento de aquellos que más que defender la vida, buscan mantener el control sobre el cuerpo, los pensamientos y las decisiones de las mujeres.

Aunque luego aseguró que sus declaraciones fueron sacadas de contexto, las palabras del cura son imposibles de suavizar: “No apoyen a las jóvenes matando a sus hijos para que dejen de estorbar y se diviertan; mejor maten a sus hijas para que ellas no estorben

Lo dijo durante la homilía del domingo pasado, desde el púlpito, frente a la feligresía, lo cual le confiere un carácter de adoctrinamiento. Aseguró que una mujer que aborta “tampoco va a servir para nada, está hueca moral, física y sicológicamente” ¿Cómo funciona el cerebro de alguien que pretextando defender la vida, llama a asesinar mujeres, especialmente en un país donde se cometen 10 feminicidios diarios?

Por otro lado, estos integrantes de la Iglesia Católica se manifiestan tan profundamente preocupados por el bienestar de los niños cuando se trata del tema del aborto, pero no se escucha su voz acusadora en los casos de pederastia protagonizados por sus colegas.

Tuvo lugar otra reacción: una manifestación frente a la Suprema Corte de Justicia en contra del fallo de no penalizar el aborto, a la que asistió cerca de un centenar de personas, de acuerdo con los reportes periodísticos. Vestían de azul celeste, portaban globos del mismo color, así como imágenes religiosas y pancartas.

La reflexión se repite en este caso: si están tan preocupados por los niños mexicanos, ¿por qué no hacen mítines para demandar la acción de la justicia en contra del negocio de la pornografía infantil, que tan próspero es en este país o para cancelar los llamados “paraísos de turismo sexual” – con menores de edad que se ofrecen como mercancía – o para protestar por las constantes violaciones en contra de niñas y adolescentes, la mayor parte de los cuales quedan impunes?

Ahí es donde debería concentrarse la acción social en defensa de niñas, niños y adolescentes. Excepto algunas organizaciones de la sociedad civil, unos cuantos periodistas comprometidos con estos temas – tengo en la mente a Lydia Cacho, por supuesto–hay inacción, desinterés e incapacidad de reaccionar.

Si la Suprema Corte de Justicia acuerda – en una resolución que es un ejemplo de amplitud de miras – que es función del Estado prevenir los embarazos no deseados abordando el problema como un asunto de educación y salud, en lugar de penalizar, por ejemplo, a una adolescente que no cuenta con los elementos para hacerse cargo de un hijo, ¿no deberíamos estar todos los mexicanos complacidos por la transformación en el enfoque de un problema tan sensible?

Los banales argumentos del cura de Monclova en el sentido de que las mujeres abortan para “seguirse divirtiendo” se multiplican en las redes sociales, porque ésta es una sociedad muy dispuesta a señalar al otro – a la otra – con dedo flamígero.

Eso resulta más fácil que asumir que vivimos en un país machista en extremo, donde la violencia contra las mujeres es cotidiana, donde una gran cantidad de hombres consideran que tienen el derecho de tomar el cuerpo de una mujer o una adolescente o una niña o un niño impunemente, donde la auténtica educación sexual es inexistente, donde los servicios de salud están saturados y no funcionan o funcionan mal hasta en las urgencias, no digamos en temas de control de la natalidad o prevención de embarazos y donde las familias son incapaces de dotar de herramientas a los jóvenes para que el inicio de su sexualidad sea lo más sano posible.

En fin, muchos en nombre de la defensa de la vida, quisieran ver lapidadas a las mujeres, las adolescentes o las niñas que deciden no ser madres, la Iglesia Católica la primera, sin recordar aquello de “el que esté libre de culpa, tire la primera piedra”

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