Editorial
Nuestros miedos y grandeza
Publicado
hace 5 añosen
“El miedo y yo nacimos gemelos”
Hobbes
Podemos aseverar que en general los mexicanos dudamos de nuestras capacidades para solucionar los problemas. Ha sido una duda histórica, agudizada en los últimos dos siglos.
Cuando los seres humanos nacemos estamos impregnados de originalidad, pero con el paso del tiempo nos convertimos en copias de todo y para todo. Por eso cuando un niño realiza una acción genuina, algo que le sale del fondo de su esencia de ser humano y muchas personas lo festejan. Pero conforme pasa el tiempo ese niño inocente en su actuar, se amaña y empieza a comportarse de forma diferente, influido por los convencionalismos sociales y las influencias internas y externas que hacen que actúe de tal o cual forma no producto de un comportamiento genuino.
Justificaríamos que copiar para mejorar es aceptado ética y socialmente, empero, hay ocasiones que copiamos para empeorar, porque creemos que lo viene de afuera es mejor que lo que hacemos dentro del país.
Somos un país con grandes talentos en el arte, la pintura, las letras, el deporte, la medicina, las ciencias y cualquier otra disciplina. Hemos tenido mujeres y hombres de intelecto, de avanzada que no necesitaron, ni necesitan, copiar a alguien. No obstante, nuestra mexicanidad se ha caracterizado, en varias ocasiones, por copiar muchas cosas. Copiamos a los extranjeros sus conductas e incluso formas de ser y hasta de pensar. Por algo se nos ha dicho que la Malinche prefirió al español que a sus hermanos aztecas, al indicarle a Hernán Cortés el camino a la gran Tenochtitlan y, en consecuencia, sometiera a esa cultura del altiplano.
Los mexicanos en masa somos muy diferentes que en lo individual. En palabras de Octavio Paz: “La clase es más fuerte que el individuo y la persona se disuelve en lo genérico. El hombre es absorbido por la gente, no es el hombre el que habla, sino la masa. Lo dice nuestro glorioso himno nacional: “Mexicanos al grito de guerra…”.
La esperanza sigue siendo un ideal para los mexicanos. Aunque en los últimos años se cumple a cabalidad el “destrozamiento de la esperanza” a que se refiere Erick Fromm. Finalmente, el futuro nos alcanzó y nos encontró pensando en el pasado.
Lo único que tenemos que hacer los mexicanos es creer realmente en nosotros. Hacer finalmente realidad nuestra grandeza, que ha esperado tanto tiempo en ser detonada.
Paul Ambroise Valery tenía razón: “El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era.”
Por otra parte, en la historia de la filosofía política ha habido grandes pensadores, de liberales a estatistas, pasando por eclécticos y religiosos. Un autor que influyó en forma muy importante sobre el pensamiento contemporáneo en la forma de percibir al Estado es Thomas Hobbes. Hombre de altísima cultura, tradujo magistralmente la obra de Homero. En la actualidad, sus ideas son estudiadas en muchas universidades, en escuelas de ciencia política, derecho, economía, sociología y otras profesiones afines.
El Manifiesto del Partido Comunista es el título de la obra escrita por Friedrich Engels y Karl Marx publicada en 1848. Empieza con una expresión paradigmática: Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. ¿Fantasma? Si, porque aterra. Es algo que no se sabe bien a bien que es. A todo fantasma se le teme. No se le conoce, pero se le tiene miedo.
Una regla no escrita del sistema político mexicano es “hacerse respetar” encarcelando gente. Al acceder al poder, lo primero que hacen es lograr que la gente les tema, ya sea mediante la intimidación o simplemente “entancar a un pez gordo”. Por lo menos los últimos 6 presidentes lo han hecho. Como dice el argot popular: “El miedo no anda en burro.”
El miedo es una sensación de angustia, sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que deseamos. Todos tenemos miedo de algo, a morir, a contraer enfermedades, a perder tu empleo o algún valor material, tenemos miedo de cómo las otras personas interactúan con nosotros, le tenemos miedo a la alteridad, al otro, miedo entre nosotros. Incluso muchos temen a Dios. El miedo en general es un común denominador de nuestros días. Ahora todos tenemos miedo al Covid-19. Es el miedo colectivo. El miedo en sí, no es malo, hay que saber manejarlo e incluso para algunos sería una posibilidad de potencializarse.
Thomas Hobbes es autor del miedo para justificar al Estado. Para él, los hombres crean un pacto de temor entre ellos para crear al gobernante. ¡Es mejor temerle a un Calígula (el gobernante) que a mil Calígulas (que pudiéramos ser todos nosotros)! Contrario a Rousseau que sostiene que ese “pacto social” es por tener seguridad a cambio de una parte de la libertad personal de los individuos.
Para Hobbes tres causas provocan la disputa entre los hombres. La desconfianza, la gloria y la competencia. La desconfianza para nosotros los mexicanos es del día a día. Desconfiamos de todos y por todo. Somos por sistema desconfiados. Una gran parte de nuestra vida social la desarrollamos bajo la premisa de la desconfianza. Creemos que siempre el interlocutor quiere sacar ventaja en relación a nosotros. Es difícil confiar en las personas. Para muchos confiar es sinónimo de debilidad. De gente tonta. Se piensa que los fuertes son incrédulos por naturaleza. Son sagaces.
En este mundo posmoderno, de redes sociales, de homo cibernéticus, el deseo de fama (gloria), juega un papel fundamental en las relaciones humanas. ¡Hazte famoso y podrás decir lo que quieras! sean argumentos congruentes o no. Muchos consideran que fama es igual a razón, también a la congruencia. Los famosos pasan por ser lógicos, imponen modas, criterios, sean adecuados o no. Los famosos tienen mayor derecho a decir “verdades” o tonterías mediáticas distantes de cualquier lógica.
Desde niños nos enseñan a competir. Las sociedades de hoy son alentadoras para generar toda una cultura de la competencia. Se compite para todo. En ocasiones sin contenido ético. Los programas televisivos de éxito de hoy, son competencias. Los partidos políticos son muestra de competir por acceder al poder. La lucha es encarnizada. La democracia misma es competencia.
De este panorama hobbesiano, ¿Qué papel juega la naturaleza humana? ¿Somos los individuos malos por naturaleza? o ¿Es la sociedad la que nos convierte en hombres imperfectos desprovistos de bondad? Para Hobbes: “El hombre es el lobo del hombre.” En cambio, para Rousseau nacemos buenos, es la sociedad la que nos hace villanos. Nosotros consideramos que ambos tienen razón. Nuestra postura es ecléctica. La sociedad impacta en nosotros como sujetos, influye en nuestra forma de ser y de comportarnos, pero es verdad que hay algo de maldad genética en algunos individuos. ¡Más vale temer a uno que a todos! es mejor, diría Hobbes, temer a un Calígula que temerle a mil. Por eso se justifica la idea de Estado. Para controlar estos tres males es necesario un monstruo en forma de serpiente demoniaca marina llamada Leviatán que representa al Estado. Es decir, es un mal necesario. Sin un Estado que ejerza su poder sobre todos, los hombres vivirían en guerra unos con otros.
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Hace justo dos años y un poco más, recibí atenta llamada del entrañable amigo Carlos Bojórquez Urzaiz para invitarme a colaborar en Informe Fracto, un proyecto editorial digital que coordinaba desde hacía algunos meses. Inmerso en el trabajo cotidiano y las mil vicisitudes que conforman nuestro día a día en estos tiempos, no había reparado en esta nueva apuesta mediática. Acepté gustoso la invitación, y, antes de elaborar aquella mi primera colaboración, me permití recorrer virtualmente la propuesta, que me sorprendió gratamente por su frescura, profundidad, diversidad y calidad.
Desde aquel día y hasta hoy, escribir para Informe Fracto se convirtió en un muy grato hábito, que me conducía a la reflexión sobre algún problema o situación de nuestra dinámica realidad. Siendo la discusión histórica una de sus muchas vertientes, acordé con Carlos, desde inicios de 2020, abrir un espacio en este ámbito, proponiendo cada semana un tópico historiográfico de interés, mostrando una perspectiva distinta, una óptica novedosa en pasajes diversos de nuestro devenir. De esta manera, mi relación con Informe Fracto -dos colaboraciones semanales- se volvió un ejercicio habitual, un compromiso y un auténtico deleite para las neuronas.
Conforme el proyecto se desarrollaba, durante 2020 y el actual 2021, lo percibíamos cada vez más fuerte, cada vez más influyente y cada vez más diverso… Muchas voces se fueron sumando, convirtiendo a nuestro medio en un auténtico caleidoscopio de la sociedad yucateca y peninsular, con constantes y enriquecedoras incursiones en el paisaje nacional, el mundo caribeño y la realidad de Nuestra América. NO hubo tema tabú ni una postura única sobre los muchísimos aspectos de la realidad que en este espacio fueron analizados… Informe Fracto se convirtió rápidamente en uno de los mayores y mejores escaparates de nuestro clima social…
Esta impronta llegó, además, en una coyuntura muy especial: el advenimiento al gobierno yucateco de Mauricio Vila se caracterizó, sorprendentemente, en una importante mutación en el actuar de la prensa escrita… tarea para el futuro será analizar a fondo esta situación. Pero lo cierto es que desde fines de 2018 y hasta la actualidad, los medios escritos, y un porcentaje significativo de los electrónicos, han mantenido una actuación más bien complaciente con el Ejecutivo estatal que -se afirma entre bambalinas- dicta agendas, veta temas y matiza editoriales. El arribo de Informe Fracto sin duda quebró esa realidad, y este espacio se convirtió en el más libre, crítico y analítico de la región.
En muy poco tiempo, Informe Fracto se consolidó como líder entre los medios electrónicos, incrementando semana con semana su influencia, y enriqueciéndose a cada paso con nuevas voces, nuevos enfoques, nuevas perspectivas, con ópticas diferentes, muchas de ellas que encontraron en él cauce a su expresión y a su visión de la realidad. El largo camino recorrido en estos pocos meses seguramente llena de orgullo a sus impulsores, al gran amigo Carlos y, por supuesto, a todas y todos quienes aportamos para este exponencial crecimiento en un tiempo sorprendentemente breve.
Hoy hace Informe Fracto un alto en su camino. Confiamos en que esta pausa -que esperamos breve- de paso a un nuevo andar más vigoroso aún. Los tiempos del porvenir demandan estas presencias, estas propuestas, estos debates, estas reflexiones… De cualquier modo, la senda queda, la convocatoria permanece abierta y la respuesta obtenida es, sin duda, acicate para el quehacer. Ante la apuesta conservadora por un pensamiento único y una visión neoliberal, el humanismo progresista respondió con fortaleza. Nuestro compromiso, en el marco de esta pausa, es mantener vigorosa la respuesta y contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.
A propósito de…
Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 30, 2021
A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.
De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto. A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.
Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?
Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.
Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.
A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.
Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.
Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.
A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.
La política en Yucatán
Introspección histórica: en busca de los orígenes locales de la Revolución Mexicana (XV)
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 29, 2021
El lunes 6 de noviembre de 1911, Francisco Madero y José María Pino Suárez juraron ante el Congreso de la Unión como Presidente y Vicepresidente Constitucionales de los Estados Unidos Mexicanos para concluir el período 1910-1916, que había iniciado como Jefe del Ejecutivo el Gral. Porfirio Díaz. Ello significaba, de jure, la aceptación de la legalidad de la elección de Díaz y, paradójicamente, colocaba fuera de la ley al propio Madero y su convocatoria del 20 de noviembre. El conservador periódico El Imparcial leyó a la perfección los acontecimientos, y así lo editorializó al día siguiente de la ceremonia:
“La Revolución deja desde ahora de ser una palabra de significación actual en la vida política de la República Mexicana. LA REVOLUCIÓN NO EXISTE YA, [el resalte en mayúsculas es nuestro] acaba de morir, acaba de extinguirse, acaba de transformarse en el gobierno constituido, y de dejar, por lo mismo, inquietudes, para entrar, consciente de sus deberes, y con la serenidad necesaria en su nueva y alta función: la de encaminar honrosa y decorosamente al país hacia un constante y definido progreso”.
El tema había sido furiosamente discutido en las negociaciones de Ciudad Juárez. Carranza y Pino Suárez encabezaron a quienes se negaban a transigir y urgían el pleno reconocimiento del Plan de San Luis; pero Francisco Madero, a través de sus familiares, logró que prevaleciera la idea de mantener el orden constitucional, aceptar la renuncia de Díaz como si hubiera sido un asunto de salud y no consecuencia de una Revolución, y permitir la vigencia de las estructuras del Antiguo Régimen. En ese contexto, uno de los Jefes más importante del Ejército Federal fue el Gral. Victoriano Huerta, sanguinario perseguidor de los mayas de la Guerra de Castas a fines del siglo XIX y principios del XX, y feroz represor de lo que los porfiristas y la gente de bien llamaban las hordas zapatistas.
Durante los quince meses del gobierno maderista, Francisco Madero fue el perene optimista, que siempre veía el lado bueno de las cosas y jamás las amenazas; en tanto que José Maria Pino Suárez fue el puntilloso analista que advertía los peligros que se cernían sobre la nueva administración. Madero era el atrevido, Pino el cauto; Madero el arrojado, Pino el prudente… Al final, como casi siempre, prevalecía la opinión de la máxima autoridad, y así pronto se materializaron las palabras que en Ciudad Juárez pronunció Carranza: “Revolución que transa es Revolución perdida”.
El gobierno de Francisco Madero terminó estrepitosa y trágicamente… El 9 de febrero de 1913, una importante sección del Ejército Federal se sublevó en su contra. Los leales obtuvieron victorias importantes, pero la fatalidad intervino, encarnándose en el Gral. Huerta, quien por herida del Gral. Lauro Villar, quedó accidentalmente al mando de la Ciudad de México. Pronto el llamado chacal consumó la traición, y tanto el Presidente como el Vicepresidente fueron tomados prisioneros. Aún en esas condiciones, Madero continuó haciendo alarde de optimismo, incapaz de reconocer la gravedad de la situación. Angustiado y sin esperanzas, Pino Suárez le escribió a su amigo Serapio Rendón Alcocer la mañana del viernes 21:
“Dispensa que te escriba con lápiz, pero no he logrado que nuestros carceleros me proporcionen una pluma. Como sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos de Presidente y Vicepresidente de la República, pero no por eso están a salvo nuestras vidas. Creo que peligran aún más que antes. Nunca estuve de acuerdo en esas renuncias precipitadas, pero el Presidente insistió”.
Sin faltar a la lealtad al entrañable amigo y Jefe, Pino Suárez hizo constar a Rendón, entonces diputado, la ingenua actitud de Madero, y las previsibles consecuencias de la misma:
“… yo no soy tan optimista como el Presidente Madero respecto a que Huerta cumplirá su palabra de respetar nuestras vidas. ¿Por qué ese afán de confiar en alguien como Huerta? Temo lo peor, y en caso de que suceda, te ruego que hables con María, mi esposa, sobre las circunstancias trágicas de mi muerte”.
En la epístola que terminó siendo su testamento sentimental, el poeta romántico se condolió, ante su martirio, de la difícil coyuntura en la que quedaría su compañera de vida:
“La pobre quedará sola, con apenas unos cuantos pesos ahorrados, y seis hijos a los cuales criar y educar”.
Emocionado seguramente hasta las lágrimas, Pino Suárez cerró su carta con una frase lapidaria:
“… la política me endilgó un sueño que en realidad era una pesadilla”.
Unas cuantas horas después, durante la noche del sábado 22, Madero y Pino Suárez fueron ignominiosamente ejecutados a escasos metros de la Penitenciaria de Lecumberri… Serapio Rendón entregaría la emotiva correspondencia a doña María Cámara Vales, esposa de José María, y, a la vuelta de unas cuantas semanas, él mismo sería asesinado en esa horrible danza de sangre en la que se convirtió la feroz dictadura de Victoriano Huerta. Así terminó aquel hermoso proyecto revolucionario, aunque luego otros hombres y mujeres de Yucatán y de toda la Nación lo impulsaron a mejores puertos… Dieciocho meses después de los asesinatos, el revolucionario progreseño Lino Muñoz Nogueira tomaría a sangre y fuego el Puerto de Progreso, ejecutaría al Jefe Político huertista y se acercaría a la residencia de la viuda del poeta en homenaje a su martirio. Luego vendrían los tiempos de Alvarado y Carrillo Puerto, pero esos son otros temas…
Con esta introspección, la número 90 publicada de manera ininterrumpida en Informe Fracto, culminamos la primera etapa de este feliz esfuerzo. Hemos repasado, durante estos casi dos años, muchísimos episodios y procesos de la historia de nuestro querido Yucatán… muchos más se quedan en el tintero, seguramente en próximos tiempos podremos compartirlos con ustedes. Aprovecho las últimas líneas de esta final introspección -repito, final de esta primera etapa- para agradecer al gran amigo Carlos Bojórquez Urzaiz, hermano de luchas ideológicas y pesquisas históricas, por su invitación para incluir un espacio de reflexión historiográfica semanal. ¡Hasta siempre!
