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Editorial

Nuestros miedos y grandeza

José Luis Ripoll Gómez

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“El miedo y yo nacimos gemelos”
Hobbes

Podemos aseverar que en general los mexicanos dudamos de nuestras capacidades para solucionar los problemas. Ha sido una duda histórica, agudizada en los últimos dos siglos.

Cuando los seres humanos nacemos estamos impregnados de originalidad, pero con el paso del tiempo nos convertimos en copias de todo y para todo. Por eso cuando un niño realiza una acción genuina, algo que le sale del fondo de su esencia de ser humano y muchas personas lo festejan. Pero conforme pasa el tiempo ese niño inocente en su actuar, se amaña y empieza a comportarse de forma diferente, influido por los convencionalismos sociales y las influencias internas y externas que hacen que actúe de tal o cual forma no producto de un comportamiento genuino.

Justificaríamos que copiar para mejorar es aceptado ética y socialmente, empero, hay ocasiones que copiamos para empeorar, porque creemos que lo viene de afuera es mejor que lo que hacemos dentro del país.

Somos un país con grandes talentos en el arte, la pintura, las letras, el deporte, la medicina, las ciencias y cualquier otra disciplina. Hemos tenido mujeres y hombres de intelecto, de avanzada que no necesitaron, ni necesitan, copiar a alguien. No obstante, nuestra mexicanidad se ha caracterizado, en varias ocasiones, por copiar muchas cosas. Copiamos a los extranjeros sus conductas e incluso formas de ser y hasta de pensar. Por algo se nos ha dicho que la Malinche prefirió al español que a sus hermanos aztecas, al indicarle a Hernán Cortés el camino a la gran Tenochtitlan y, en consecuencia, sometiera a esa cultura del altiplano.

Los mexicanos en masa somos muy diferentes que en lo individual. En palabras de Octavio Paz: “La clase es más fuerte que el individuo y la persona se disuelve en lo genérico. El hombre es absorbido por la gente, no es el hombre el que habla, sino la masa. Lo dice nuestro glorioso himno nacional: “Mexicanos al grito de guerra…”.

La esperanza sigue siendo un ideal para los mexicanos. Aunque en los últimos años se cumple a cabalidad el “destrozamiento de la esperanza” a que se refiere Erick Fromm. Finalmente, el futuro nos alcanzó y nos encontró pensando en el pasado.

Lo único que tenemos que hacer los mexicanos es creer realmente en nosotros. Hacer finalmente realidad nuestra grandeza, que ha esperado tanto tiempo en ser detonada.

Paul Ambroise Valery tenía razón: “El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era.

Por otra parte, en la historia de la filosofía política ha habido grandes pensadores, de liberales a estatistas, pasando por eclécticos y religiosos. Un autor que influyó en forma muy importante sobre el pensamiento contemporáneo en la forma de percibir al Estado es Thomas Hobbes. Hombre de altísima cultura, tradujo magistralmente la obra de Homero. En la actualidad, sus ideas son estudiadas en muchas universidades, en escuelas de ciencia política, derecho, economía, sociología y otras profesiones afines.

El Manifiesto del Partido Comunista es el título de la obra escrita por Friedrich Engels y Karl Marx publicada en 1848. Empieza con una expresión paradigmática: Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. ¿Fantasma? Si, porque aterra. Es algo que no se sabe bien a bien que es. A todo fantasma se le teme. No se le conoce, pero se le tiene miedo.

  Una regla no escrita del sistema político mexicano es “hacerse respetar” encarcelando gente. Al acceder al poder, lo primero que hacen es lograr que la gente les tema, ya sea mediante la intimidación o simplemente “entancar a un pez gordo”. Por lo menos los últimos 6 presidentes lo han hecho. Como dice el argot popular: “El miedo no anda en burro.”

  El miedo es una sensación de angustia, sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que deseamos. Todos tenemos miedo de algo, a morir, a contraer enfermedades, a perder tu empleo o algún valor material, tenemos miedo de cómo las otras personas interactúan con nosotros, le tenemos miedo a la alteridad, al otro, miedo entre nosotros. Incluso muchos temen a Dios. El miedo en general es un común denominador de nuestros días. Ahora todos tenemos miedo al Covid-19. Es el miedo colectivo. El miedo en sí, no es malo, hay que saber manejarlo e incluso para algunos sería una posibilidad de potencializarse.

Thomas Hobbes es autor del miedo para justificar al Estado. Para él, los hombres crean un pacto de temor entre ellos para crear al gobernante. ¡Es mejor temerle a un Calígula (el gobernante) que a mil Calígulas (que pudiéramos ser todos nosotros)! Contrario a Rousseau que sostiene que ese “pacto social” es por tener seguridad a cambio de una parte de la libertad personal de los individuos.

Para Hobbes tres causas provocan la disputa entre los hombres. La desconfianza, la gloria y la competencia. La desconfianza para nosotros los mexicanos es del día a día. Desconfiamos de todos y por todo. Somos por sistema desconfiados. Una gran parte de nuestra vida social la desarrollamos bajo la premisa de la desconfianza. Creemos que siempre el interlocutor quiere sacar ventaja en relación a nosotros. Es difícil confiar en las personas. Para muchos confiar es sinónimo de debilidad. De gente tonta. Se piensa que los fuertes son incrédulos por naturaleza. Son sagaces.

En este mundo posmoderno, de redes sociales, de homo cibernéticus, el deseo de fama (gloria), juega un papel fundamental en las relaciones humanas. ¡Hazte famoso y podrás decir lo que quieras! sean argumentos congruentes o no. Muchos consideran que fama es igual a razón, también a  la congruencia. Los famosos pasan por ser lógicos, imponen modas, criterios, sean adecuados o no. Los famosos tienen mayor derecho a decir “verdades” o tonterías mediáticas distantes de cualquier lógica.

Desde niños nos enseñan a competir. Las sociedades de hoy son alentadoras para generar toda una cultura de la competencia. Se compite para todo. En ocasiones sin contenido ético. Los programas televisivos de éxito de hoy, son competencias. Los partidos políticos son muestra de competir por acceder al poder. La lucha es encarnizada. La democracia misma es competencia.

De este panorama hobbesiano, ¿Qué papel juega la naturaleza humana? ¿Somos los individuos malos por naturaleza? o ¿Es la sociedad la que nos convierte en hombres imperfectos desprovistos de bondad? Para Hobbes: “El hombre es el lobo del hombre.” En cambio, para Rousseau nacemos buenos, es la sociedad la que nos hace villanos. Nosotros consideramos que ambos tienen razón. Nuestra postura es ecléctica. La sociedad impacta en nosotros como sujetos, influye en nuestra forma de ser y de comportarnos, pero es verdad que hay algo de maldad genética en algunos individuos. ¡Más vale temer a uno que a todos! es mejor, diría Hobbes, temer a un Calígula que temerle a mil. Por eso se justifica la idea de Estado. Para controlar estos tres males es necesario un monstruo en forma de serpiente demoniaca marina llamada Leviatán que representa al Estado. Es decir, es un mal necesario. Sin un Estado que ejerza su poder sobre todos, los hombres vivirían en guerra unos con otros.

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Editorial

Cambios en el Imperio, ¿retorno a la normalidad o auténtico progreso?

Mario Alejandro Valdez

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Este 20 de enero ha iniciado la gestión de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos de América, y ha iniciado fuerte, con varios gestos vigorosos: en ese su primer día al frente de la Casa Blanca, el nativo de Pensilvania anunció, entre otras novedades importantes, el retorno de su país al Acuerdo de París contra el cambio climático y a la Organización Mundial de la Salud, reparando así dos de las bravatas más escandalosas de su predecesor. Otro anuncio sacudidor fue el nombramiento de la doctora Rachel Levine, una mujer transgénero, como subsecretaria de salud, dándole un puntapié a las políticas homofóbicas y restrictivas a la transexualidad que impulsara Trump a lo largo de su mandato. En el caso de nuestro país, el cambio en la política migratoria y la cancelación en la práctica del famoso “muro” son noticias que nuestros paisanos en la Unión Americana y nuestro gobierno recibieron con esperanza y agrado.

Tras la negra noche trumpiana, concluida con el amenazante ataque de turbas neonazis al Congreso norteamericano, el inicio de la era Biden es un respiro alentador, pero ¿realmente se anticipa una transformación en la política de Washington y el abandono del papel de policía mundial? En ese sentido, las expectativas no son muchas, ni para nada positivas. Biden no ha hecho declaraciones puntuales ante temas cruciales, como las relaciones con Cuba, Nicaragua y Venezuela, que estuvieron en situación de pre-guerra durante toda la gestión de Trump. En cambio, varios políticos cercanos al nuevo presidente se han apresurado a declarar que “no todo lo que hizo Trump respecto a las dictaduras fue errado”, así como que “Cuba no ha cumplido con los ofrecimientos hechos a Obama”, y que “la situación de los regímenes latinoamericanos enemigos es muy precaria, por lo que hay que aprovechar la coyuntura”. Regímenes más moderados, como el mexicano, el boliviano y el argentino, tampoco pueden bajar la guardia ante el cambio de presidente, pues si bien ya no hay que temer el demencial fanatismo de Trump, si se debe mantener la alerta ante el regreso de la racionalidad imperial que parece caracterizará a Biden.

Y no hay que olvidar que en el frente interno subsisten las condiciones que permitieron que un demente ganara la presidencia en 2016 y peleara con vigor la elección de 2020. La crisis terminal del capitalismo en su etapa neoliberal no ha hecho sino agravarse por la pandemia, y no se mira por donde pueda revertirse la situación. Por lo contrario, ya en Europa se anticipan terribles caídas en Francia y Alemania, países que flexibilizaron su política financiera ante la primera ola, y ahora, afectados por una segunda ola mucho más severa, están en riesgo de colapsar en caso de verse obligados a mantener su cierre económico por más tiempo. Estados Unidos nunca cerró, y lo está pagando con cerca de medio millón de muertes hasta el momento, sin que se vea cercano el fin de la amenaza, pese a los avances en el tema de la vacunación. La crisis, pues, se continuará profundizando, y una política moderadamente neoliberal -que es lo que ha planteado Biden- no revertirá la situación.

También el tema de la vacunación contra COVID-19 nos proporciona datos desalentadores sobre la gestión del veterano demócrata. Si bien la retórica ha cambiado, lo cierto es que Biden está respetando el programa de inmunización que representa indudables privilegios para la población de los países ricos a costa de las naciones menos desarrolladas, lo que ya fue señalado por el director general de la OMS, quien justo el mismo día en el que celebró el retorno de Estados Unidos al organismo, lamentó que en todo el continente africano únicamente hubieran recibido la vacuna la ridícula cantidad de ¡25 PERSONAS!, lo que contrasta con los casi 20 millones de vacunados en Estados Unidos. Como se sabe, aunque la vacunación ha iniciado en casi la mitad del mundo, los diez países más ricos concentran el 90 por ciento del total de dosis aplicadas, y más de un centenar de naciones aún no han inmunizado a uno solo de sus ciudadanos.

La derrota de Trump fue justamente recibida con agrado por el mundo progresista, pero ello no nos debe llevar a la ingenua idea de que Biden, pese a sus simbólicas acciones, es realmente un aliado de los pueblos. Por el contrario, la presidencia del demócrata representa el retorno de una racionalidad imperial, menos demencial y agresiva, pero mucho más eficaz en su política de dominio mundial. Alertas ante el nuevo halcón, que sobre advertencia no hay engaño.

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A propósito de…

Aniversario de la Cineteca Nacional: 47 años de conocer mundos diversos, de vivir otras vidas, de soñar nuevos sueños

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito del cuadragésimo séptimo aniversario de la Cineteca Nacional, lo menos que puedo decir es que gracias a  esa institución, muchas generaciones de capitalinos, primero, y de mexicanos de todas partes, más tarde, hemos tenido la oportunidad de adentrarnos en otras culturas, en formas de ser y de pensar de lugares remotos en geografía y tiempo y en realidades diversas.

No temo equivocarme si aseguro que, a la par de la lectura o complementaria a ella, muchos jóvenes desde hace casi 5 décadas, crecimos, nos formamos, aprendimos, cuestionamos, entendimos o nos confundimos, soñamos, conocimos, llegamos a lugares lejanísimos y nos sumergimos al interior de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos de la mano de los grandes realizadores.

Para los que hoy son jóvenes y tienen la posibilidad de acceder a toda la creación cinematográfica de la historia a través de alguno de sus dispositivos y de las múltiples plataformas existentes, debe sonar extraño saber que 20, 30, 40 años atrás, la presentación de la Muestra Internacional de la Cineteca era un acontecimiento que esperábamos todo el año, porque era la ocasión de acercarnos y dejarnos deslumbrar con el quehacer de los cineastas más importantes.

El domingo 17 de enero de 1974 se inauguró la “primera” Cineteca Nacional en el sitio donde se encontraban los foros de los Estudios Churubusco, sede actual del Centro Nacional de las Artes. En esa fecha se proyectó la cinta de la Revolución Mexicana, “El Compadre Mendoza” filmada en 1933 por el director Fernando de Fuentes.

Tres años más tarde–1977–tuvo lugar la Primera Muestra Internacional de Cine y en 1980 inició el Foro Internacional de la Cineteca. Sin embargo, ese edificio, obra del arquitecto Manuel Rocha Díaz, tuvo una vida breve: la tarde del 24 de marzo de 1982, durante la exhibición de la película La Tierra de la Gran Promesa del polaco Andrrzej Wajda, un incendio, que se prolongó por 16 horas, consumió la construcción, así como unas seis mil quinientas cintas, casi 10 mil libros y revistas y más de 2 mil guiones.

Se buscó otra sede y la nueva Cineteca empezó a funcionar en enero de 1984, en la Plaza de los Compositores, en la zona de Coyoacán en la Ciudad de México. En 1994 se inauguraron ahí las bóvedas de almacenamiento, con controles de humedad y temperatura, para el resguardo adecuado del material fílmico.

Fue ahí, principalmente, donde supimos que existía “otro cine”, uno que no siempre llegaba a los circuitos comerciales ni provenía de Hollywood. Conocimos el trabajo de creadores europeos, asiáticos, latinoamericanos y mexicanos gracias a las muestras, los foros, los ciclos, las retrospectivas.

Ese recinto nos dio la oportunidad de acercarnos a cineastas como Igmar Bergman, Akira Kurosawa, Wim Wenders, Francois Truffaut, Bernardo Bertolucci, Luis Buñuel, Federico Fellini, Krzysztof Kielowski, Emir Kusturica, Peter Greenaway, Woody Allen, Oliver Stone, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, Brian de Palma, Sergio Leone, Francis Ford Coppola, Arturo Ripstein, Felipe Cazals. Por supuesto, son menos pero también importantes las realizadoras que conocimos ahí: la francesa Agnés Varda, la norteamericana Sofía Coppola, la mexicana María Novaro.

Tantas anécdotas, tantos recuerdos; dos muy puntuales, el primero, cuando exhibieron 1900 de Bertolucci. Tas poco más de dos horas, vino el intermedio, prendieron las luces y se acabó la función, porque una película de 5 horas 15 minutos no podía presentarse de una sola vez, quien quiso terminar de verla debió acudir al día siguiente y quien no pudo, se perdió la mitad.

La segunda remembranza es respecto a la planeación cronométrica para disfrutar dos o tres filmes el mismo día y así cubrir la mayor cantidad de cintas en el tiempo disponible. Teníamos los minutos contados para pasar de una sala a otra, con los boletos adquiridos de antemano. 

Desde hace algunos años tanto la Muestra como el Foro se presentan también en sedes alternas, en horarios más amplios y, afortunadamente, en otras entidades del país, con lo que un público mayor tiene la oportunidad de ver buen cine. Felicidades Cineteca Nacional y felicidades a quienes tanto hemos podido ver, vivir y sentir ahí.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: los enigmas de Carrillo Puerto (II)

Mario Alejandro Valdez

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Felipe Carrillo Puerto nació en Motul el 8 de noviembre de 1874 en el seno de una familia acomodada. Su padre, don Justiniano Carrillo Pasos, había luchado a las órdenes de don Pancho Cantón en la represión a la Guerra de Castas y, tras sobrevivir al fragor de las batallas durante casi dos décadas, se había trasladado a la entonces Villa para alejarse del teatro de la guerra y aprovechar el crecimiento económico que comenzaba a surgir en aquellos tiempos a partir de la explotación del henequén. La familia Carrillo Puerto montó un comercio de medianas dimensiones y pudo darle a sus hijos educación básica, una muestra de que pertenecían a la clase media. Después de concluir la primaria, el joven Felipe pasó a apoyar el negocio familiar, empleándose también, y de manera eventual, como vaquero, para luego, poco antes de cumplir los 20 años, desempeñarse como conductor en la naciente empresa ferrocarrilera de don Pancho Cantón. En el ejercicio de este empleo conoció y trató cercanamente a la también joven Adela Palma, hija de hacendados medianos del mismo Motul, con quien se casó en 1898. Poco después de su enlace con Adela, y con el apoyo de su padre, Felipe se estableció como comerciante itinerante, recorriendo durante varios años el corredor Motul-Valladolid, atravesando las porciones occidental y oriental de la zona henequenera, visitando también las haciendas azucareras y los ranchos ganaderos en los alrededores de Valladolid y Tizimín. Comerciante mediano, emparentado por matrimonio con una familia de hacendados del mismo tenor, todo parecía empujar al mestizo de los ojos verdes a una vida rutinaria, como un pequeño burgués de una población floreciente.

Pero Felipe era, sin duda, de otra cuerda. Desde su primera juventud mostró que esa vida apacible y predecible no era para él. Justo después de concluir su primaria, el joven comenzó a mostrar sus reales afanes cuando, tras acudir a una función de circo en su natal Motul, se prendó de una de las artistas y se unió a la gira circense por algunos días, hasta que un atribulado Justiniano lo ubicó en Tixkokob y lo regresó a su casa con tremenda reprimenda. Unos pocos años más tarde, Felipe daría nuevas muestras de su extraño actuar cuando, por defender los derechos de un grupo de campesinos, fue detenido y encarcelado en Motul. Nuevamente don Justiniano acudió en su ayuda y lo sacó de prisión, prometiendo a la autoridad lograría domeñar al rebelde. Años después, ya en plenos tiempos de la Revolución Mexicana, y cuando aún militaba en el conservador bando cantonista, su actuar político era ya tan visible que sus rivales ordenaron su muerte, pero Felipe fue más rápido que el sicario y lo ejecutó, lo que le valió nueva prisión.

Apasionado, justiciero, hábil, valiente y decidido. No eran pocas las cualidades del muchacho, a las que se sumaba una gran inquietud por las lecturas políticas. Y el destino se encargó de poner en su camino dos notables bibliotecas, sorprendentes dentro del apabullante analfabetismo de la ruralidad yucateca de aquellos tiempos: la del sacerdote Serafín García y la del hacendado Alonso Patrón Peniche. En esos dos espacios, y con el contacto de cientos de libros de variados autores, que incluían lo mismo a Marx que a los anarquistas y algunos textos de auto-ayuda, Felipe fue afinando su bagaje ideológico, y confirmando las peculiaridades de su personalidad.

Poco a poco, el destino del burgués se fue desdibujando, surgiendo el camino del revolucionario. Y poco a poco su relación con doña Adela se fue enfriando, aunque-las evidencias son bastante fuertes al respecto-mantuvo con sus cuatro hijos una relación atípicamente cercana y amorosa, algo un tanto ajeno a las normas del duro patriarcado yucateco. El rompimiento definitivo con su esposa pudo haberse producido durante su encarcelamiento en 1911-1913, cuando mató a Néstor Arjonilla-el sicario contratado para ejecutarlo-, tiempo en el que se afirma no fue visitado por su cónyuge.

Liberado de su prisión cuando el juez de amparo reclasificó el delito de homicidio en riña a legítima defensa, Carrillo Puerto aprovechó la oportunidad para salir del país, dirigiéndose a Nueva Orleans en compañía de su entonces amigo Carlos Ricardo Menéndez González. Después de estar juntos unos pocos días en ese puerto, Menéndez regresó a México, mientras Carrillo consiguió empleo como estibador y entró en contacto con líderes obreros y representantes del Partido Socialista estadounidense.

Cuando Felipe regresó a Yucatán, en el otoño de 1915, era un hombre nuevo: sus ideales libertarios, su pasión, su arrojo por fin estaban encontrando un cauce. Tras militar durante algunas semanas en el movimiento zapatista, el mestizo de los ojos verdes retornó al terruño. Por su procedencia de una zona enemiga, fue encarcelado inicialmente, aunque su figura y fama, pese a lo incipiente de su construcción, llegó a los oídos del gobernador Salvador Alvarado, quien ordenó su libertad y su incorporación al grupo de agentes de propaganda de su gobierno. Su trabajo implicaba recorrer las haciendas y poblaciones de una región, reunir a los trabajadores y las familias, y discursar generalmente en la lengua originaria, que el  motuleño aprendió desde la infancia como segunda lengua, y perfeccionó en sus años de comerciante. El rutinario burgués terminó por desfigurarse, y el gran líder comenzó a emerger…

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