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Estilo de vida

Viajar, una prioridad en la vida

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Este sábado 13 de julio la blogger de viajes y creadora de la plataforma Pies Viajeros, Andrea Carrillo, impartió la conferencia: El viaje como estilo de vida, una plática que presentó a los asistentes la filosofía de los viajes.

En punto de las diez de la mañana en el Hotel Boutique: Real San Juan Center, la ponente inició la conferencia compartiendo un poco de su experiencia en este estilo de vida, donde resaltó que la mayoría de las personas sólo se enfocan en compartir sus viajes en las redes sociales, cuando la verdadera e importante razón para viajar debe ser conocer, experimentar y aprender sobre cada lugar que se visita, por eso ella comparte todas sus aventuras a través de Pies Viajeros, el cual promociona el sector turístico, cultural y artístico de México.

Para convertirse en viajero de tiempo completo, la blogger indicó que primero se deben establecer las prioridades para cada persona, enumerándolas según su importancia, para determinar el tiempo en el que se lograrán. Si entre estas prioridades, esta el realizar un viaje, se necesita entender que es más que una actividad de ocio, es un espacio de aprendizaje para uno mismo.

El objetivo de esta conferencia fue crear conciencia en la sociedad juvenil sobre la filosofía del viajar, donde esta actividad se considera como un proyecto personal, en el que se aprende de uno mismo y se disfruta de la vida, conociendo cada uno de los lugares que se visita y difundiendo que este estilo de vida más que un lujo, es una oportunidad de vivir a plenitud y con felicidad.

Estilo de vida

La personalidad victimista, ¿qué es?: causas y consecuencias

Keren Borrás Santiago

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El victimismo es una forma insana de estar el mundo, por la cual no se acepta la responsabilidad de las acciones o actitudes y se vive en una queja constante. Aquí te explico qué es el victimismo, cómo es la personalidad victimista, las causas del victimismo y las consecuencias.

¿Qué es el victimismo?

El victimismo o mentalidad victimista es una forma habitual de ver la vida, una orientación automática hacia las situaciones que vive uno como injustas. Bien como mala suerte o que los demás se aprovechan de uno mismo. Esta mentalidad nos conduce a sentirnos sin poder para afrontar las circunstancias. El victimista, asegura, pase lo que pase, que la culpa o responsabilidad nunca es de uno mismo, así se protege su autoestima a corto plazo. Debido a que las personas tienden a ser y actuar de forma consistente a como ven el mundo (para evitar la disonancia cognitiva) una persona con esta mentalidad, actuará como una víctima.

La mayoría de personas que actúan con victimismo, no lo hacen  adrede. Es una forma aprendida de actuar que se ha vuelto automática. Pero no es un rasgo de personalidad, es un patrón de conducta, y como tal es modificable.

Causas del victimismo

Nadie elije conscientemente ser una víctima. Más bien caemos ahí porque nos funciona de una forma otra. Se convierte una estrategia, posiblemente la única que conocemos, para desenvolvernos en la vida, bien sea quedarnos en nuestra zona de confort, encontrar compañía y atención, evitar responsabilizarnos de algo.

Hay personas que no pueden soportar lo que ellos perciben como un fracaso en su vida, que esta no es como ellos quieren. Les resulta demasiado doloroso. Por ello, para soportarlo, mantienen esta actitud victimista, externalizando la responsabilidad, no afrontando el poder que tienen para cambiar la situación. La atención, la simpatía y el tiempo que una persona consigue del victimismo actúan como refuerzo. Se nos valida como buenas personas, y si las circunstancias fueran distinto a nuestra vida sería próspera. Es una forma de guardar las apariencias ante cualquier tipo de fallo.

Esta forma de actuar es probable que haya sido modelada por los padres o cuidadores, y que haya sido la única forma de lidiar con las cosas que no salen como uno quiere.

Esta mentalidad, también es posible que se haya creado debido a preocupaciones legítimas que no han sido afrontadas, como la indefensión aprendida. Hay situaciones extremas, como el maltrato, abuso o situaciones realmente difíciles en las que la persona no ha tenido ningún poder para cambiar nada. La persona aprende que por mucho que haga nada cambiará.

Muchas personas adoptan el victimismo porque temen mostrar sus emociones negativas como el enfado. Niegan su existencia en ellos mismos y la proyectan en otros, anticipando una agresión o daño de ellos. Puede que distorsionen comentarios y expresiones faciales de otros imaginando que tienen intenciones maliciosas. Ese enfado que habrían expresado en respuesta al estrés o la frustración se transforma en miedo y desconfianza de los otros y en miedo de ser dañado.

¿Cómo es una persona que cae en el victimismo? A continuación, te contamos 12 características de las personas victimistas.

1. Cree que le han dañado

La víctima es descrita como alguien que ha sido dañada, que no es responsable del incidente y no pudo haberlo prevenido, por ello merece empatía. Las personas con mentalidad de víctima siempre tienen la sensación de que han sido tratados injustamente, y han sido dañados sin tener ellos ninguna responsabilidad, incluso cuando hay clara evidencia de que han sido responsables en cierta medida por lo ocurrido.

2. Cree que no tiene control sobre su vida

Creen que no tienen control sobre nada en su vida y ceden su responsabilidad también. Cuando se encuentran con cualquier obstáculo en la vida, se niegan a hacer nada. En su lugar, se centran en lo negativo y se recrean en el drama.

3. Anticipa lo peor

Las personas que adoptan una mentalidad victimista tienden a tener conductas pesimistas. Ven todas las situaciones como potenciales fracasos. Se niegan a probar cosas nuevas e intentan desanimar a los demás con su negatividad. Siempre hay sospechas acerca de las intenciones de los demás

4. Espera la compasión de los demás

Espera compasión por todo lo malo que ha vivido. Busca atención y validación constante de los demás, porque ha sufrido mucho y no se lo merece, o por lo valiente que ha sido y cómo todavía sigue adelante.

5. Le echa la culpa a los demás

En ningún punto la persona asume ningún tipo de responsabilidad por lo que ha vivido. En su lugar, le echa la culpa a los demás.

6. Siente pena por sí mismo

Uno de los rasgos más característicos es el sentimiento de lástima por uno mismo. Cree que la vida ha sido injusta y se lamenta constantemente con frases como “¿Por qué yo?”. Además, cree que otros tienen más suerte, son más felices, tienen mejores vidas que él y que el está sufriendo más que nadie.

7. Es exageradamente dramático

Cuenta una versión exagerada de lo que ha ocurrido o directamente mienta. Necesita hacerlo porque se ha acostumbrado a vivir en la sombra de la compasión y necesita seguir provocando la misma respuesta de los demás.

8. Actúa a la defensiva

La víctima desarrolla una actitud negativa, creyendo que todo el mundo está ahí para hacerle daño. Da igual cuál sea el comentario que, para él siempre tendrá una intención maliciosa, y por tanto responde con actitud defensiva.

9. Se menosprecia

Tiene una tendencia a menospreciarse. Muestra ausencia de autoestima con auto humillaciones. Usa términos como “no puedo” y “debo”.

10. No se analiza ni intenta mejorar

Cuando alguien le hace notar esta actitud de víctima, se niega a analizar sus actos y no es capaz de mejorar. En su lugar, actúa de forma defensiva y niega cualquier sugerencia, desarrollando una actitud negativa hacia cualquiera que le sugiere un cambio.

11. Tiene tendencias pasivo-agresivas

Estas personas suelen ser pasivo-agresivas en su comunicación con los demás. El hecho de creernos sin control para cambiar nuestra situación nos deja sin herramientas para comunicarnos bien. No pediremos lo que necesitamos, o diremos lo que sentimos porque creemos que no va a servir de nada, pero a la vez estamos enfadados por la situación en la que estamos. Por ello, de forma verbal estas personas no dirán nada y parece que están actuando con pasividad, pero su lenguaje corporal, el tono de decir las cosas será agresivo.

12. Se auto-sabotea

Realizan acciones contraproducentes, se hacen auto-sabotaje más o menos inconsciente. Se meterán en situaciones que les conducen a un daño, incluso cuando hay mejores opciones. Así, están reafirmando su posición de víctima.

Trastorno victimista

No existe un trastorno victimista en sí, sino que el trastorno paranoide de la personalidad comparte muchas similitudes con el victimismo. La creencia que otros nos van a dañar o a aprovecharse de nosotros se convierte en un patrón paranoico de estar en el mundo. Una conducta victimista muy arraigada puede desembocar en este trastorno.

Consecuencias del victimismo

El victimismo tiene consecuencias “positivas” para el individuo, sobre todo a corto plazo. Es por ello por lo que la conducta se mantiene. Pero también tiene consecuencias poco deseables.

“Beneficios” del victimismo

  • No asumes la responsabilidad de nada, por tanto tu autoestima se mantiene por la evitación del malestar que conlleva ser responsable del propio fracaso.
  • Atención de la gente
  • Compasión de los demás
  • Es menos probable que otros te critiquen o te hagan sentir triste, para evitar tu actitud victimista.
  • Te reafirmas en tu derecho a quejarte.
  • Es más probable que obtengas lo que quieres, ya que los demás no quieren verte triste o quejarte.
  • Te sientes interesantes porque le puedes contar a los demás muchas historias.
  • No te aburres si hay mucho drama a tu alrededor.
  • El victimismo te da poder para eludir la responsabilidad, para sentirte con derecho a mostrar tristeza, manipular otras personas y obtener su simpatía y compasión.

Desventajas del victimismo

  • Las personas cercanas pueden sentirse como marionetas, manipulados.
  • Enmascara emociones desagradables pero necesarias como el enfado, el arrepentimiento.
  • Te quedas atascado en tu situación actual, no tomas el control de tu vida. Vas a seguir sintiendo insatisfacción con tu vida.
  • Tu forma pasivo-agresiva de comunicarte no va a contribuir a tener relaciones sanas.
  • No vas a sentir con frecuencia emociones positivas.
  • No vas a desarrollarte como persona.
  • Vas a ser una persona tóxica para los demás, y es posible que se alejen de ti.
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Victimismo, chantaje emocional y manipulación

Las personas victimistas utilizan esa actitud para conseguir lo que quieren. No van a pedir lo que quieren directamente, sino que van a hacer sentir culpable a la otra persona para obtenerlo. Como hacen responsables a los demás por lo que hacen y sienten, también les responsabilizan para solucionarlo. Van a exigir esa solución y te hacen sentir culpable y egoísta si no lo haces. También manipulan mediante la actitud pasivo-agresiva, una hostilidad velada y más sutil.

Todo ello es una forma de abuso emocional, que daña las relaciones.

Ejemplos y frases de victimismo

Hay algunas frases características de las personas victimistas:

  • ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
  • ¿Por qué a mí?
  • No es justo, no merezco esto.
  • Él debería X.
  • No me tienen en cuenta.
  • Siempre me pasa lo mismo, tengo muy mala suerte.
  • Soy una persona desgraciada, pobre de mí.
  • Nunca voy a encontrar pareja/trabajo/estabilidad
  • No me valoran, no me tienen en cuenta.

El victimismo en pareja

Las personas victimistas suelen atraer a personas que actúan como salvadores, ya sean en pareja o en relaciones de amistad. Esto genera patrones de relación poco saludables.

Los salvadores son personas muy empáticas que sienten la negatividad y el dolor que la persona victimista muestra. Además, como la víctima elude toda la responsabilidad, de alguna manera espera que los demás se hagan cargo de sus emociones, que le salve de su estatus de víctima. Es cuando el salvador entra en el ciclo.

Los salvadores asumen la responsabilidad de emociones, valores y problemas que no son suyos. Tienden a ser personas que buscan la aprobación, complacientes.

Sin embargo, nadie tiene el control de cómo los demás se sienten con respecto a su vida. El “salvador” no tiene ese poder, aunque se lo crea. Además, aunque la víctima busque un salvador, una persona que se haga cargo de su infortunio, está cómoda en ese papel victimista, es lo que conoce y no va a salir de ahí a menos que se dé cuenta y quiera cambiarlo.

Por ello se da otra dinámica que es la de perseguidor. La víctima, cuando intenta ser salvada sacándola de la posición de víctima, ésta ataca a su salvador, culpándolo de todo lo malo y poniéndose de nuevo en su cómoda silla victimista.

La víctima y el salvador se complementan en una relación insana. Ambos evitan crear un fuerte sentido del yo, y no llegan a desarrollar una madurez emocional. Esto resulta  en que sus relaciones son superficiales e insatisfactorias.

La persona victimista culpa a los demás de sus emociones y acciones porque piensan que si muestran lo que están sufriendo, alguien les va a salvar y les dará el amor que desean. El salvador responde a esto porque realmente piensa que va a arreglar los problemas de la persona y terminar su sufrimiento, y esto les aportará el amor y la admiración deseada. Sin embargo, esto suele resultar en un fallo para cumplir las expectativas de la otra persona, culpándose mutuamente y afectando la autoestima de ambas partes. Mientras sigan buscando el valor personal en otras personas, sus necesidades nunca se van a ver satisfechas.

Nadie requiere ser salvado

¿Cómo romper el patrón víctima-salvador?

En cualquier relación es necesario que cada persona asuma la responsabilidad de uno mismo, y comience a decir: “Este es mi problema, no tienes que arreglarlo por mí. Sólo apóyame hasta que lo haga”. Estos mensajes expresan amor a uno mismo y hacia la otra persona. Para romper el patrón de salvador hay que empezar a decir “Estoy aquí, te apoyo, pero tienes que cuidar de ti mismo. Yo no lo puedo hacer por ti”. Ayudar a los demás a ayudarse a sí mismo es más efectivo que hacerlo directamente.

En este tipo de patrones, cada persona está más pendiente de la otra persona que de sí misma. Estas dinámicas se rompen cuando una o ambas personas dejan de poner tanto esfuerzo en cambiar al otro y empiezan a centrarse en su propio crecimiento personal.

Presta atención a tus relaciones, el papel que juegas en ellas, no para juzgarte pero para darte de cuenta de cuál es tu contribución. Serás más consciente de tus acciones. No necesitas rescatar a nadie, ni ser rescatado.

¿Cómo soltar el victimismo crónico?

Se puede dejar de ser victimista, ya que no deja de ser una conducta aprendida y como tal se puede “desaprender”. Aquí te damos algunos consejos, pero la consulta profesional siempre es la opción más deseada.

1. Identifica la voz crítica interna que fomenta el victimismo

Identifica la voz interna negativa que se centra en las injusticias como “Esto no es justo. No debería estar pasándome. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. Estos pensamientos destructivos fomentan la pasividad y desalientan las acciones que pueden cambiar la situación.

Otras voces pueden aparecer para decir que no les gustamos a otras personas o que no les importamos, que no nos tienen en cuenta. “Nunca tiene en cuenta tus emociones”, “a la gente no le importa nada”.

Todas estas afirmaciones victimistas no dejan de ser pensamientos irracionales, basados en generalizaciones, catastrofizaciones, predicciones. En consulta se abordan estos pensamientos irracionales mediante la reestructura cognitiva. 

2. Cambia tu forma de hablar

En primer lugar, desecha las palabras “justo”, “debería”, “bien”, “mal”. En una relación “debería” implica obligación. Nadie está obligado a satisfacer las necesidades de nadie y cuando usamos este término caemos en el victimismo.

Cambiando la forma de hablar podemos descubrir nuevas formas de comunicarnos, que implica que asumamos la responsabilidad de nuestras acciones y nos permite explorar alternativas.

3. Aprende a comunicarte de forma asertiva

La asertividad es una habilidad básica para todo. En lugar de caer en la pasivo-agresividad, aprende a comunicar de forma adecuada lo que quieres o necesitas. No culpabilices ni ataques a la otra persona. No exijas. Comunica cómo la conducta del otro te hace sentir, asume parte de la responsabilidad y trabajad juntos para solucionar el problema.

4. Reconoce tus emociones y exprésalas correctamente

Mucho del resentimiento y la actitud de la persona victimista viene de la incapacidad de expresar emociones como la ira o el enfado. Estas emociones son tan necesarias como las otras, ya que nos permite darnos cuenta de que hemos sufrido algún tipo de amenaza, que algo no anda bien.

En lugar de decir “me siento mal”, intenta etiquetar esa emoción. ¿Qué tipo de malestar sientes? ¿Es frustración? ¿Enfado, decepción, tristeza, humillación…? No te juzgues por la emoción que sientes, ya que ninguna emoción es errónea o equivocada. Son las formas de actuar ante esa emoción las que pueden beneficiarnos o perjudicarnos. Pero las emociones no tienen por qué determinar nuestra conducta. Esto es difícil de entender y realizar, pero si visualizamos nuestros objetivos continuamente podremos actuar en función de ellos y no de nuestra emoción.

5. Asume el control de tu vida

Actuar para cambiar las situaciones con las que uno no está contento desafía la filosofía victimista. Reflexiona cómo tu conducta ha podido influir en una determinada situación, y cómo puedes solucionarlo. Puedes pedir consejo para ello, pero evitando la queja y la búsqueda de compasión.

6. Fortalece tu postura corporal

Las personas que creen que no tienen control sobre su vida suelen tener una posición replegada sobre sí mismas. Si te mantienes erguido, como si te tiraran de un hilo, los hombros que quieren alejarse el uno del otro, será menos probable que quieras actuar de forma victimista.

¿Cómo apoyar a una persona con conducta victimista?

Para ayudar a que una persona deje de ser victimista es hacerle ver que tiene poder de decisión, genera responsabilidad en la otra persona. Para que estos consejos funcionen es importante que tu relación con la persona victimista sea de cariño y apoyo genuino.

¿Cómo apoyar a una persona con actitud de victimismo?

1. Quita las etiquetas y reflexiona sobre ti mismo

Evita la mentalidad anti-víctima. Frases como “Es una victimista, no quiero tratar con ella” o “los victimistas son agotadores”. Para lidiar con estas personas eficazmente debes dejar de lado la actitud de superioridad sobre esa persona. Ponte en una posición genuina de apoyo para que acabe con su sufrimiento y lleve a cabo acciones productivas, en lugar de terminar tu malestar de ver su victimismo. Tampoco menosprecies a las víctimas reales, ya que estas no son culpables de lo que les ha pasado y necesitan ser escuchadas.

2. Realiza una escucha activa

Escucha lo que la persona te está diciendo. No es darle la razón. Es hacerle saber que le estás escuchando “Entiendo lo que dices” y valida sus emociones “Entiendo que te sientas frustrado/triste” Aunque su hilo de pensamiento sea irracional, las emociones no se equivocan, si pienso que la gente me va a hacer daño, es normal sentirme enfadado o triste.

3. Fomenta el compromiso y la acción

No le trates como a una víctima, sino a una persona comprometida y capaz de generar una respuesta. Ante una queja victimista puedes decirle: “Debe ser una situación difícil ¿Has pensando qué hacer al respecto? ¿Quieres que hablemos sobre cómo puedes solucionarlo?

Una vez que se haya comprometido a cambiar algo vamos a intentar que actúe de forma consistente al cambio que quiere ver. Para ello podemos hacer algunas preguntas dependiendo de la situación:

  • ¿Cómo quieres ser visto en tu vida, independiente de tu situación?
  • ¿A qué te has dado por vencido? Si las circunstancias fueran distintas ¿qué te gustaría que sucediera? ¿Estás dispuesto a hacer que eso ocurra, incluso si parece injusto a veces o requiere mucho esfuerzo prolongado?
  • Aunque esta situación no cambiara, ¿cómo querrías ser a pesar de todo?

La clave es que, aunque crea que la situación es tan terrible, vamos a intentar que lo acepte y deje de quejarse y que piense qué valores quiere perseguir. Vamos a animarle a que haga algo, que no se quede inmóvil.

4. Apoya la acción

Anímale a que piense qué plan puede seguir o qué acciones llevar a cabo. Tened en mente qué objetivos tiene o qué quiere lograr, pregunta qué haría para conseguir que las cosas fueran distintas. Tomáoslo como un experimento y llevadlo a cabo.

También podéis reflexionar acerca de qué otras personas cercanas harían en esas situaciones, o cómo podría expresar determinado valor (generosidad, respeto…), o si supiera que no puede fallar qué haría.

Recuérdale que acciones aisladas puede que no tengan un efecto, pero sí la práctica continua.

5. Refuerza el logro

Habla con la persona de su plan de acción, comprueba cómo le va. No te sorprendas si no ha hecho nada, sólo recuérdale lo hablado. Felicítale por cada paso dado u obstáculo superado.

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Estilo de vida

¿Cómo reconocer y usar nuestros privilegios en una sociedad donde predomina la desigualdad?

Milka Abril Rodríguez Cárdenas

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Foto de Julián Durán Bojórquez

Actualmente los privilegios están en debate y a discusión por nuestra sociedad, algunas personas la niegan, otras los cuestionan y existe quienes los usan para descalificar, así como también existe gente que ni siquiera le dan importancia, ni saben que existen o que los tienen. Esto último tiene que ver con los sesgos que podemos tener en una sociedad donde predomina el paradigma de la competencia, la desigualdad, el machismo y misoginia, la discriminación, la marginación, la inseguridad, racismo y abuso de poderes, donde lo normal es la individualidad, donde sólo pensamos en nosotros o nosotras mismas, y prestamos menos atención a nuestro entorno social, porque así nos han enseñado, porque así hemos crecido. Es el ejemplo que hemos visto en la sociedad, familia, a veces incluso en las escuelas y el trabajo.

Pero a todo esto: ¿Qué son los privilegios? ¿Por qué es importante identificarlos? ¿Para qué nos sirve? Y la pregunta más importante: ¿Cómo podemos usarlos? Privilegio son todas esas ventajas sociales que una persona tiene de forma inherente frente a una gran mayoría que no las tiene. Todas las personas tenemos algún privilegio o un conjunto de privilegios, que en una sociedad ideal se les llamaría derechos, o sea lo normal, lo que debería ser.

Ser privilegiado o privilegiada no significa que no tengas problemas, tampoco significa que no te hayas esforzado por lograr lo que eres o lo que tienes, sino que tus problemas no son tan graves en comparación con las personas que no tienen esos privilegios. Es decir, estamos lejos de la realidad en la que viven las personas que no cuentan con esos derechos.

En medio de nuestra ignorancia asumimos que todas las personas crecemos con las mismas oportunidades, que somos iguales y que tenemos el “piso parejo”, pero ¿esto se apega a nuestra realidad?

Cuando damos una opinión basada únicamente en nuestro contexto social, es habla desde nuestro privilegio porque no estamos tomando en cuenta que existen muchísimas otras realidades muy diferentes a la nuestra, que hay personas que se enfrentan a barreras estructurales como la marginación, la discriminación, la pobreza o corrupción, barreras que no tienen que ver con sus decisiones o sus ganas de salir adelante, sino con un contexto social en el que crecemos.

Por ejemplo: la heterosexualidad es un privilegio, porque es una persona que no va a ser juzgada ni cuestionada por sus preferencias sexuales, es probable que por esa misma razón tampoco tenga que enfrentarse a discriminación en la escuela o trabajo, pues es aceptado por la sociedad porque cumple con las expectativas de la misma.

Ser hombre es un privilegio porque por el simple hecho de serlo ganará un sueldo mayor al de sus compañeras mujeres, no tendrá que enfrentarse al acoso sexual callejero todos los días de su vida, tampoco será tratado como objeto por su pareja o jefe de trabajo. Tampoco se enfrenta a la revictimización en caso de una violación, ni será juzgado por su forma de vestir ni por tener una vida sexual activa.

Tener privilegios no está mal, lo grave es no tener empatía con las personas que no las tienen, pienso y creo firmemente que los privilegios no deben ser usados como una forma de descalificación a las personas, sino como una forma de identificarlas y usarlas en favor de nuestro entorno social.

Pero ¿cómo podemos hacer eso? Existen muchas formas en las que podemos usarlos, lo importante es que logres identificar cuáles son los tuyos y cómo afecta a tu entorno, es decir, a tu familia, a tus colegas, a tus amistades y pareja. Por ejemplo, si eres hombre puedes usar tu privilegio dejando de encubrir las violencias de tus amigos hacia sus parejas mujeres, también puedes poner un alto a la violencia que puedan ejercer tus compañeros de trabajo hacia tus compañeras, si tienes una carrera universitaria puedes compartir tus conocimientos a personas que sabes que no pueden acceder a esta misma información con la que cuenta, si eres heterosexual puedes ser empático o empática con las personas que tienen una preferencia sexual diferente a la tuya, si cuentas con estabilidad económica puedes usar una parte de tus recursos para beneficiar niños que viven en la calle.

Existen muchas formar en las que podemos usar nuestros privilegios, Y tú ¿ya ubicaste si tienes privilegios? Y en caso de ser así ¿has pensado en usarlo para beneficio de quiénes no lo tienen?

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Estilo de vida

Crea una vida excepcional y en equilibrio

Keren Borrás Santiago

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Cada persona quiere vivir una vida excepcional. El dilema surge cuando llega la hora de definir lo que excepcional significa para ti. Si adoptas la definición de alguien más, terminarás decepcionado tarde o temprano, ya que sólo tú puedes determinar lo que quieres decir para ti.

Puede ser confuso tener claro qué es lo que se quiere, y nunca lo tendrás perfectamente claro, pero el objetivo no es ser claro, el objetivo es avanzar y explorar. Si lo supieras todo, la vida se volvería aburrida rápidamente. Tiene que haber un grado de incertidumbre para mantener las cosas interesantes.

Con eso dicho, aquí hay algunas formas de cómo conseguirlo.

1. Ser amable

Una de las primeras cosas que quieres hacer para vivir una vida excepcional es ser amable. Ser amable no es nada especial, pero al mismo tiempo lo es. Puede ser sonreírles a tus vecinos, o ayudar a un amigo. Tratar a la gente como te gustaría ser tratado.

2. Aprende

Conviértete en un estudiante de por vida. Estudia sobre desarrollo personal e incorpora las lecciones que aprendiste a tu vida. Si haces esto, verás cómo tu vida se transforma de más maneras de las que te puedas imaginar, porque incluso un nuevo ajuste por semana, producirán grandes resultados en unos pocos años.

3. Ejercítate

Todos tenemos cuerpos físicos, y entre mejor cuides del tuyo, mejor te sentirás. Cuando haces ejercicio con regularidad, no sólo tendrás más energía, sino también tendrás más claridad y sentido de propósito. Sé que ya has oído esto una y otra vez, sin embargo, la mayoría de la gente todavía no lo aplica ni toma acción. Si tú estás en este grupo, tienes que preguntarte por qué.

4. Enfréntate a tus miedos

Todo el mundo le tiene miedo a algo. La verdad del asunto es que cuando te enfrentas a tus miedos, estos desaparecen. Lo que pasa es que te das cuenta de que tus temores están lejos de ser tan temible como los hacías parecer. Así que enfrenta a tus miedos y ve tras lo que realmente quieres, porque eso es lo que te mereces.

5. Libérate de lo que te bloquea

A lo largo de nuestra vida, hemos aprendido estrategias y formas de hacer las cosas que ya no son útiles. Hay formas sencillas y elegantes para liberarte de esos bloqueos emocionales y de la negatividad en tu vida. Yo personalmente recomiendo la Programación Neurolingüística, Inteligencia Emocional y desarrollar tu potencial humano. Sin embargo, es posible que desees hacer una investigación y descubrir lo que encaja contigo.

6. Define tus metas

Definir metas inteligentes puede ser tan simple como escribir lo que quieres lograr en tres meses, un año, cinco años, y diez años. Algunas veces no alcanzarás tus metas, pero ellas te ayudan a moverte en la dirección correcta. Define tus metas, y sé claro acerca de lo que realmente quieres conseguir y lograr en la vida, así como la forma en la que quieres sentirte al alcanzarlas todas.

7. Sueña en grande

No tengas miedo a soñar en grande. Si siempre has visualizado ser un escritor de renombre mundial, entonces ve a por ello y ve qué pasa.

Puede pasar o puede que te lleve por otro camino que pueda ser incluso más satisfactorio que el que pensaste que querías. La vida tiene su manera de sorprenderte de vez en cuando, así que planea para ello.

8. Simplifica

No hay necesidad de desordenar tu vida. Al simplificar y deshacerte de las cosas que no necesitas, te sentirá más claro y mejor contigo mismo.

No tienes que gastar todo tu dinero en “cosas”, porque lo que realmente quieres es sentirte bien, y las mejores experiencias en la vida son gratis.

9. Medita

La meditación, literalmente, abre nuevas puertas en la vida y en tu mente. Al menos eso es lo que yo he vivido, al haber meditado durante casi una década. Meditar es tan simple como enfocar tu atención en una sola cosa. Puede ser enfocarte en tu respiración cuando estás lavando los platos, o simplemente sentir tus músculos mientras estás fuera dando un paseo.

10. Sé tú mismo

A casi todo el mundo le enseñaron que ser uno mismo no es suficiente. Sin embargo, seguramente te habrás dado cuenta de que no puedes dejar de ser tú mismo/a, porque eso es lo qué y quién eres.

Tú estás en esta vida con un propósito, y la única manera de que puedas hacer lo que debes hacer, es siendo tú mism@.

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