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La Nación y el Mundo

El narcopoder en Honduras y México

Adalberto Santana

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Con el juicio y la condena a cadena perpetua por la corte federal del Distrito Sur de Nueva York, por sus estrechos vínculos con el narcotráfico a Antonio (“Tony”) Hernández, ex diputado del Partido Nacional de Honduras e incómodo hermano de Juan Orlando Hernández (JOH), presidente de ese país centroamericano (2014-2022),  se han puesto de manifiesto las ligas del narcotráfico con el poder político, y el desarrollo de una actividad criminal que tiene varias décadas de existencia en el escenario político, económico y social de Honduras. En adición, en los inicios de la tercera década del siglo XXI se pone de relieve las dimensiones de una de las actividades sumergidas que desde hace años deteriora la imagen y el desarrollo de una destacada parte de los actores políticos latinoamericanos de corte neoliberal.

En este contexto se puede reconocer que el sistema judicial estadounidenses en los últimos tiempos ha presumido de poner en el banquillo de los acusados a figuras prominentes del narcotráfico, pero también a diversos actores del sistema político regional. Sin embargo, llama la atención que los grandes barones de la droga estadounidenses no  han sido llevados a juicio y menos condenados a prisión como sus pares latinoamericanos.

Personajes del crimen organizado transnacional, en efecto están en juicios o han sido condenados como han sido los casos de Joaquín Guzmán Loera  (el “Chapo” Guzmán) jefe del cartel de Sinaloa; o de Genaro García Luna quien fue designado para  comandar la policía de México como Secretario de Seguridad Pública por el presidente Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) del Partido Acción Nacional (PAN). De igual manera recordemos el caso de José Antonio Noriega, Jefe de la Guardia Nacional de Panamá quien por sus vínculos con los carteles colombianos, los EU lo llevó a prisión y lo condenaron después de que invadieron Panamá las tropas estadounidenses en diciembre de 1989.

Otros casos relativamente recientes fueron los de los ex gobernadores del PRI en el estado de Tamaulipas, Tomás Jesús Yarrington Rubalcaba, (1999-2004) en prisión en el sur de Texas, quien en marzo de 2021 reconoció sus estrechos intereses y negocios con los carteles de la droga, quien según el Departamento de Justicia de EU, aceptó ese aspirante a la presidencia mexicana en 2005, haber blanqueado 3.5 millones de dólares del crimen organizado https://www.justice.gov/usao-sdtx/pr/former-mexican-governor-and-presidential-candidate-convicted-money-laundering

Igualmente figura el caso del ex gobernador tamaulipeco Eugenio Hernández Flores (2005-2010), que la misma Corte Federal del Distrito Federal del Sur de Texas ha solicitado su extradición por lavado de dinero y quien se encuentra en una prisión mexicana por esos y otros delitos. El más reciente caso es el del actual gobernador de Tamaulipas y destacado miembro del PAN,  Francisco Cabeza de Vaca, acusado  “por operar con recursos de origen ilícito, vinculados al Cártel de Sinaloa”

https://aristeguinoticias.com/2603/mexico/cabeza-de-vaca-niega-vinculos-con-cartel-de-sinaloa/

En el caso de la historia del narcotráfico en Honduras, nos viene a la memoria otro famoso empresario de las drogas ilícitas, Ramón Matta Ballesteros, quien de igual forma fue extraditado a los EU en 1988. Famoso personaje del crimen organizado de quien se afirma acumuló una riqueza estimada  en más de 2 mil millones de dólares. Se ha comentado que ese emblemático capo de las drogas, mantuvo en la década del setenta una estrecha relación “con el jefe de las fuerzas armadas, el general Paz García. Este último se convirtió en jefe de Estado tras el llamado ‘golpe de cocaína’ en 1978, que Matta Ballesteros supuestamente ayudó a financiar

 Así, Matta Ballesteros junto con otros jefes del narcotráfico mexicano como Ernesto Fonseca Carrillo (“Don Neto”), Rafael Caro Quintero (prófugo de las cortes mexicanas y ahora capo del narcotráfico en el estado mexicano de Sonora) y Miguel Ángel Félix Gallardo (gran jefe del  extinto Cartel de Guadalajara y del Consejo de Administración del desaparecido Barco Comercial Mexicano), fue acusado como uno de los autores intelectuales del secuestro, tortura y muerte de Enrique Camarena Salazar agente de la DEA en México. La  detención de Matta Ballesteros se realizó en 1986 en Colombia. pero por sus nexos con el Cartel de Medellín, logró escapar de prisión y volver a Tegucigalpa, donde en 1988 agentes de la DEA volvieron a apresarlo. Su encarcelamiento se desarrolló en un momento en que Honduras se había convertido en una gran base de operaciones  estadounidense para derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua e impedir el triunfo revolucionario de la guerrilla salvadoreña. Territorio en que operaba la línea aérea SETCO para llevar armas a los antisandinistas y regresar cargada de cocaína a los EU. Empresa ligada a las operaciones encubiertas de la  CIA, pero también a Matta Ballesteros. Cuando esta situación se puso al descubierto  (caso Irán-Gate), junto con la participación del coronel estadounidense, Oliver North (hoy presidente de la Asociación Nacional del Rifle), fue cuando Matta Ballesteros fue extraditado en abril de 1988 por medio de una operación por la DEA a EU. Esta situación alentó una serie de protestas en abril de aquel año en Tegucigalpa por la extradición del “Robin Hood hondureño”. Disturbios que llevaron a la muerte a 5 personas y al incendio del  anexo consular de la Embajada de Washington en la capital hondureña. Hito en aquellos momentos de las protestas frente a las embajadas de EU en América Latina y el Caribe. Llamó la atención que en aquellos violentos reclamos, estuvieron presentes destacados dirigentes del Partido Nacional de Honduras. Matta Ballesteros, afirma Insightcrimen: “Solía organizar fiestas con altos funcionarios en su casa, y tenía conexiones con oficiales militares. En sus negocios legales empleaba miles de lugareños, quienes lo honraban porque proveía medicinas, construía escuelas y hacía donaciones a causas benéficas. Se dice que una vez le ofreció al gobierno pagar la creciente deuda externa, ofrecimiento que al parecer por lo menos un político lo tomó en serio”.

La situación en 2021 es que con el caso del Clan Hernández y sus estrechos círculos con los políticos del Partido Nacional de Honduras, han creado un escenario donde el narcopoder, ha ganado un descrédito internacional. Perdieron sus correas de transmisión con la Casa Blanca cuando Donald Trump tuvo que abandonarla muy a su pesar. Quedaron sumamente débiles internacionalmente y desacreditados nacionalmente por la reelección de JOH al realizar el fraude electoral (noviembre 2017), así como al reelegirse anticonstitucionalmente cuando la carta magna de ese país lo prohíbe. Otro lastre de JOH entre los muchos que le pesan, es el femicidio de Bertha Cáceres, dirigente indígena de las comunidades lencas y la luchadora ambientalista, quien fue asesinada en 2016.

Se postula que la llegada del Clan Hernández nos mostraría en la lectura de Insightcrimen, que el “gobierno de Hernández es, en esencia, un híbrido de élites terratenientes y burocráticas tradicionales”. Los antecedentes del propio presidente ilustran esta mezcla. Nacido en una familia de 17 hijos, Hernández estudió en una escuela militar. Su familia era de pequeños caficultores y al parecer él progresó gracias a sus conexiones políticas y a su matrimonio con Ana García Carías, una descendente del General Tiburcio Carías Andino, el mismo que puso en marcha los cambios que resultaron ser claves en la transformación a los militares a una élite burocrática. Estas conexiones han resultado en negocios lucrativos. Se dice que es dueño de fincas cafeteras, entre otras explotaciones agrícolas, así como de hoteles y estaciones de radio y televisión.  Hernández es, además, un hombre poderoso en el Partido Nacional. Ha obtenido apoyo para importantes personalidades del partido, como Porfirio Lobo y su hermano, Ramón, de quienes también ha recibido apoyo, y supuestamente dirige el partido. Ha sido vinculado a un misterioso grupo de presión llamado Colibrí, que al parecer ha diseñado lucrativos contratos y esquemas de comisiones para sus miembros y simpatizantes”. De esa manera con la sentencia a cadena perpetua de “Tony” Hernández y las evidencias de la corte  federal del Distrito Sur de Nueva York, contra JOH, hacen pensar que el narcopoder de los gobernantes y dirigentes del Partido Nacional de Honduras, tienen los días  contados.

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Madre América

Italianos en Cuba

Sergio Guerra Vilaboy

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La presencia de Italia en Cuba comenzó justo con el primer viaje al continente americano de Cristoforo Colombo, natural de Génova. A lo largo de más de cinco siglos, varios miles de italianos visitaron o se establecieron en la mayor de las Antillas, aunque esa emigración nunca alcanzó la magnitud de Argentina u otros países de América Latina.

El imponente Castillo del Morro, la construcción que identifica a La Habana, fue diseñado, junto con otras fortalezas coloniales, por el ingeniero militar de Gatteo (Romagna) Juan Bautista Antonelli. Desde principios del siglo XIX, decenas de artistas del territorio de la actual Italia se radicaron en Cuba, contratados para embellecer iglesias, plazas y edificios, de lo que dan fe las esculturas de Giuseppe Gaggini y Ugo Luis, inauguradas entre 1836 y 1838, así como el majestuoso Teatro Sauto de Matanzas (1863), construido por Daniel Dall’ Aglio. Por esa época, también laboró en La Habana Antonio Meucci, el verdadero inventor del teléfono, mientras Giuseppe Garibaldi pasaba de incógnito por la isla. Náufragos italianos fundaron en 1605, en el deshabitado extremo occidental de Cuba, la villa de Mantua, en alusión a Mantova (Lombardía), consagrada a la romana Virgen de las Nieves, convertida después en patrona de los tabaqueros de Vuelta Abajo, lo que explica la abundancia de los apellidos Ferrari, Zaballo, Pesana, Fiallo, Pittaluga y muchos otros en esa región.

Durante las guerras por la independencia, varios italianos se incorporaron al Ejército Libertador, como hizo constar el sabio cubano Fernando Ortiz, quien se carteaba con Cesare Lombroso, en su libro Los mambises italianos (1909). Uno de los más connotados fue el estudiante napolitano Oreste Ferrara, que sirvió bajo las órdenes de Máximo Gómez y alcanzó el grado de coronel, tal como él mismo cuenta en Una mirada sobre tres siglos. Memoria (1975), escrita en Roma, donde falleció. En las primeras décadas del siglo XX, Ferrara se distinguió en Cuba como abogado, periodista, historiador, político y diplomático, aunque por sus servicios a las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista debió exiliarse varias veces. Por esa razón, no pudo disfrutar mucho tiempo de su lujoso palacete Dolce Dimora, de estilo renacentista florentino, ubicado a un costado de la Universidad de La Habana.

La tradición de contratar artistas italianos continuó en el siglo XX para erigir obras, al estilo de la colosal estatua bajo techo del Capitolio Nacional de Angelo Zanelli o monumentos a héroes nacionales, como el de Antonio Maceo realizado por Domenico Boni. También operarios de Potenza, entre otros los hermanos Garofalo y los Amalfi, trabajaron en los veinte en las minas de Matahambre (Pinar del Rio), al igual que en 1858 lo habían hecho sus compatriotas de Livorno en las del cobre del oriente cubano. Fue precisamente en 1920, cuando el famoso cantante Enrico Caruso dio sus memorables recitales en la isla.

El primer intento de Benito Mussolini de hacer propaganda en Cuba–después llegó a financiar radios y periódicos-, fue con la visita del barco Italia (1924), que provocó la protesta pública de Julio Antonio Mella, quien después en México, junto a su compañera Tina Modotti, continuaría denunciado sus crímenes. Durante la Segunda Guerra Mundial, nueve italianos, en su mayoría comerciantes y profesionales, fueron apresados por simpatizar con el fascismo. El empresario Amadeo Barletta, que había huido a Argentina para evitar ser encarcelado, tras regresar a Cuba en 1946 se convirtió, además de cónsul honorario de Italia, en dueño de un poderoso banco, del periódico El Mundo, de un importante canal de televisión y representante de la General Motors, en un moderno edificio de su propiedad en la céntrica Rampa de El Vedado.

Con la Revolución, la presencia italiana en Cuba ha seguido siendo muy notable, desde la incorporación del partisano italiano Gino Doné Paró a la expedición del Granma, hasta los aportes del cineasta Cesare Zavatini al nuevo cine cubano o el trazo maestro de los arquitectos italianos Vitorio Garatti y Roberto Gottardi en la singular construcción de la Universidad de las Artes, única en su tipo. 

Muestra actual de esa intensa relación histórica tejida entre Cuba e Italia es la realización periódica de una semana de la cultura italiana en La Habana y los concurridos cursos de la Sociedad Dante Alighieri, cuya sede cubana fue inaugurada en 1994 por el desaparecido Eusebio Leal. Para indagar en estas seculares tradiciones comunes, un grupo de historiadores de las universidades de La Habana y Turín, encabezados por la doctora Laura Gaffuri, se han empeñado en un ambicioso proyecto conjunto para buscar otras facetas y perspectivas de la rica historia compartida entre nuestros dos pueblos.

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Madre América: Cuba

Atajar la mentira con pensamiento y verdad

Raciel Guanche Ledesma

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Las redes sociales vuelven a ser por estos días un escenario propenso a la tergiversación para esparcir odio,  rencores y opulentas falsedades. Ciertamente parecen escenas belicistas que conducen por medio del enfoque digital hacia la confrontación. Y sí que lo es porque acaso se necesitan armas para subvertir lo más preciado de una sociedad: sus valores e ideas.

En plena modernidad quien piense que dentro de ese entramado de conexiones, videos, textos y supuestas verdades “absolutas” no se dirime una fuerte contienda, se engaña. Y es que en un mundo polarizado por las nuevas tecnologías pareciera como si los destinos o la suerte de millones viajase entre las redes con una única verdad posible, con la más retorcida e inverosímil de las realidades.

Por supuesto que para Cuba este panorama es siempre retador. Desde el triunfo revolucionario de enero en 1959, la guerra mediática contra el proceso social socialista, sus dirigentes y el pueblo todo ha sido un hecho constante que sólo varía en métodos, pero con directrices muy bien definidas que apuestan a socavar ese pensamiento que mantiene unido a su pueblo durante tanto tiempo.

Sin embargo, en la Cuba actual, que transita por la plena efervescencia informática, gracias a la decidida voluntad del Estado por desarrollar plataformas y espacios digitales, existe como en ningún otro momento histórico una ofensiva que es ya declarada dentro del ciberespacio.

Se trata de una red manipuladora de discursos vanidosos en redes sociales que persigue a través de las minorías internas y del consuelo paternalista del norte, procurar el caos para conducir a otro tipo de revoluciones edulcoradas con matiz neoliberal dentro de la verdadera y única Revolución social vigente en Cuba.

Quizás todavía haya quien piense que es imposible manipular al unísono a cientos de personas con apenas trastocar una palabra o imagen. No obstante, la realidad de los últimos tiempos demuestra que en este mundo tan frontal y de primicias en redes, donde emergen además no muy casuísticamente periodistas “independientes” y relatores aficionados, existe una intención mayor detrás de algunas noticias sensacionalistas.

La maquinaria que funciona paralela a estos hechos, en ocasiones muy bien camuflada y en otras no tanto, es tan potente que puede incluso crear la escena o propiciar con una chispa “audaz” la acción indicada para dar el zarpazo que anhelan y luego arremeter con total desparpajo dentro de medios y redes sociales.

En tiempos en que la moda de las selfis, las directas con los móviles y las filmaciones forman parte ya de nuestra cultura cotidiana, pudiera parecer que todo en el ciberespacio es casual. Pero lo aparentemente fortuito llega a tener en distintos casos, desde un financiamiento hasta el objetivo directo de provocar. Y todo, por supuesto, con el inequívoco fin de manipular en primera instancia una realidad y a los sujetos que se desenvuelven en ella.

Pero los personajes que andan prestos a ese juego mediático con segundas intenciones, se escudan esencialmente en un derecho de “libertad” que es finito y del cual abusan sin reconocer sus deberes. Para todo existen límites de privacidad a los que debemos atenernos con respeto constitucional. Sin embargo, ciertos individuos violan ese espacio, orquestan un show hasta de lo intrascendente e intentan después sacar provecho del acto. Así funciona una parte de la poderosa industria digital que genera sus propios espectáculos y a la vez los sirve en bandeja a quienes mejores pagan. Lo cierto es que la verdad navega hoy incoherente entre esos discursos hostiles que, en apariencia no tienen partidos políticos, pero sí una intención bárbara de fragmentar y desunir.

La modernidad sigue demostrando cuán vulnerables podemos ser ante este tipo de hechos que crecen a diario. En estos tiempos retadores, no queda otra alternativa que andar convencidos bajo esa luz martiana que  alerta: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento”.

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Madre América: Colombia

El bogotazo

Sergio Guerra Vilaboy

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Las causas de la espontánea sublevación popular ocurrida el 9 de abril de 1948, conocida como el bogotazo, tienen que ver con la derechización que vivía Colombia bajo el gobierno conservador de Mariano Ospina. Presionado por los sectores más intolerantes de la oligarquía y Estados Unidos, este mandatario enrareció desde fines de los años cuarenta el ya tenso ambiente político con persecuciones macartistas, una mayor represión en las zonas rurales y la liquidación de las organizaciones obreras, catalogadas de comunistas y anticristianas.

La mayoría liberal en el parlamento, guiada por Jorge Eliécer Gaitán, un líder carismático comprometido con la defensa de las causas populares, rompió desde junio de 1947 con el gobierno y convocó a la movilización nacional contra la espiral de violencia. Gaitán se venía radicalizando después de las elecciones de mayo de 1946, de lo que era prueba su lenguaje antimperialista y los llamados a la lucha de los trabajadores. En la multitudinaria marcha del silencio, el 7 de febrero de 1948, llegó a desafiar al régimen conservador cuando advirtió que “un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa”.

El auge de la lucha popular, y las consignas revolucionarias agitadas por Gaitán, alarmaban a las elites, que sólo buscaba un incidente para aumentar la represión. Este pretexto fue el bogotazo. El 9 de abril de 1948, cuando en Bogotá sesionaba la IX Conferencia Panamericana, partera de la Organización de Estados Americanos (OEA), Gaitán fue asesinado en las calles de la capital colombiana por un oscuro fanático conservador nombrado Juan Roa Sierra. El airado pueblo de la ciudad, volcado automáticamente a las calles, ajustició de inmediato al criminal y se lanzó al asalto del Palacio Presidencial, pues por instinto responsabilizó al gobierno con lo ocurrido. Ante la frustración de las ansias renovadoras de la población, que se canalizaban en torno a Gaitán, se desató entonces una anárquica insurrección urbana (el bogotazo), con apoyo de la principal central sindical e incluso de la policía, que puso al gobierno al borde del colapso. Entre los que se unieron al levantamiento popular estaba un joven universitario cubano, Fidel Castro, que se encontraba en Bogotá para una reunión estudiantil continental en contra de la creación de la OEA.

En algunos sitios, como en Barrancabermeja, se formaron juntas revolucionarias que por varias semanas desafiaron a las autoridades, mientras por todas partes brotaban bandas armadas para vengar a las víctimas y defenderse de la represión. Para intentar acallar al pueblo, el presidente Ospina, luego de reunirse con la directiva liberal en el virtualmente sitiado Palacio Presidencial, nombró algunos ministros del partido opositor en su gabinete, que hicieron llamados a la calma.

El bogotazo abre el periodo de la historia de Colombia conocido como “la violencia”, que dejó un saldo de miles de muertos. También el bogotazo facilitó los planes de la ultraderecha, pues el presidente Ospina, rompió relaciones con la Unión Soviética y tras la retirada de los ministros liberales del gabinete (mayo de 1949), clausuró el congreso (noviembre), suspendió las garantías constitucionales y traspasó el poder (7 de agosto de 1950), en unos comicios sin oposición, a un correligionario de ideología fascista: Laureano Gómez, quien regresó de la España de Franco.

Bajo un estado de sitio perpetuo se implantó una verdadera dictadura, que sirvió para aplastar, mediante la intimidación y otros métodos brutales -hubo secuestros y asesinatos masivos-, al liberalismo radical y las organizaciones de izquierda, mientras el gobierno establecía un estado corporativo de partido único, calcado del falangismo español, mediante una impuesta reforma constitucional.

El gobierno fascista de Gómez subordinó totalmente los intereses nacionales a la política de Estados Unidos, una de cuyas peores expresiones fue el envío de tropas a la Guerra de Corea, convirtiendo a Colombia en el único país latinoamericano que lo hizo. Los perseguidos por la reacción, liberales, socialistas, comunistas y otros sectores, respondieron con huelgas y paros, mientras las zonas rurales se inundaban de guerrillas que combatían la represión gubernamental, situación que se prolonga hasta hoy.

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