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La Nación y el Mundo

Reformas y contrarreformas en México

David González Cantón

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La discusión relativa a la sobrerrepresentación probable en la composición de la próxima legislatura en la Cámara de diputados y su derivación en el conflicto entre el Instituto Nacional Electoral (INE) y Morena, circunstancia aprovechada por el titular del ejecutivo federal para subirse al ring, es solamente la punta del iceberg de lo que se podría denominar “la disputa por la nación” ―de manera parecida a como exponen, en circunstancias diferentes, en su libro del mismo nombre Carlos Tello Macías y del que fuera mi maestro en la Facultad de Economía, Rolando Cordera Campos— que, desde la década de 1980 ha enfrentado a la clase política, sobre todo en el interior del PRI,  y dictaminó el surgimiento del Frente Democrático Nacional, con la candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y el aglutinamiento en torno a una izquierda sin compromisos extra nacionales, de grupos provenientes de luchas sociales y económicas, también del priismo nacionalista e ideológico, desplazados y dolidos,  sin oportunidad de acción en el aparato gubernamental, amalgama que fue mutando hasta lo que hoy es el núcleo de Morena. Mientras que la otra parte la representó el PRI conservador, y convenciero, muchos provenientes del sector empresarial, de los militantes sin ideología alguna, más personajes de la derecha mexicana representados por el PAN y fieles herederos del pensamiento conservador del siglo XIX, en algunos casos.

Cuando el presidente de la república, se refiere al INE y al parecer lo compara como el supremo poder conservador, está recurriendo como es su costumbre, a la historia, específicamente a la segunda edad del México independiente (1836-1843), ese periodo se destaca por la existencia de un organismo de control con carácter político con el nombre referido por el presidente―disponía de un barniz de legalidad, integrado por ciudadanos conservadores, intocables, adictos a los intereses económicos superiores y subordinados a las castas privilegiadas― que prevalecía sobre todas las decisiones de relevancia en la vida nacional de la época. A diferencia del siglo XIX, ahora, la lucha ideológica es entre las visiones de desarrollo, por un lado, la que establece como idea central la construcción de un estado rector, y el control del patrimonio nacional, y por el otro la que insiste en la continuidad del modelo neoliberal, sus promesas del goteo económico, y la transnacionalización de los patrimonios.

La historia legislativa, nos muestra que las reformas del sexenio encabezado por Enrique Peña Nieto que requirieron cambios constitucionales, tales como la educativa, la energética, la de telecomunicaciones, la política, y la de transparencia, fueron operadas desde el etapa de transición (julio-diciembre 2012) y durante el primer año de gobierno; precisamente cuando la ciudadanía le otorga al gobernante en turno, un período de gracia; se destaca que entre todas ellas, la más sensible al sentimiento nacional ―en honor al legado de los expresidentes Lázaro Cárdenas del Rio y Adolfo López Mateos―, fue la energética, que se votó el 11 de diciembre de 2013 en la Cámara de Diputados y el 20 de diciembre del mismo año, en la Cámara de Senadores. Exactamente mientras los mexicanos teníamos una cerveza en la boca y abríamos regalos navideños, también éramos traicionados por un contingente de ciudadanos que se ostentaban con nombramientos de diputados y senadores. Si justamente me refiero a esos personajes que nos saludan y tratan con excesiva cordialidad en tiempos de campaña y de los que casi siempre, requerimos de su aquiescencia para destrabar algún trámite durante los papeleos en la jungla gubernamental, cuando enfrentamos a los más desaseados y burdos burócratas multicolores.

Si revisamos con atención las encuestas de la época, es muy clara la oposición que existía por parte de la ciudadanía para “entregar el petróleo y la generación de energía eléctrica a los particulares”, sin embargo, al parecer, los negocios que eso prometía―revisar las conexiones Emilio Lozoya―y la necesidad de trascendencia por parte de Enrique Peña Nieto, para emularse como un gran estadista moderno, fue la semilla de ese trasnoche nacional.

La entonces, subordinación de los medios masivos de comunicación al gobierno, la debilidad de la dirigencia del partido de izquierda, con mayor presencia en la época PRD ―que buscaba congraciarse con el gobierno Peña Nieto, para mantenerse en la escena nacional, ante el anuncio de su entonces excandidato presidencial López Obrador de formar un nuevo partido y la amenaza velada del entonces presidente Peña de procurar la desaparición de la representación proporcional y primeras minorías en las cámaras legislativas―generaron las condiciones adecuadas para constituir el denominado Pacto por México, que fue la plataforma para la consecución de las reformas estructurales y la imposición del neoliberalismo en la propia carta magna.

De la misma manera, tampoco se debe olvidar el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, (SCJN), el 30 de octubre de 2014, que declaró la inconstitucionalidad de las consultas populares que propusieron el Morena y otros partidos en relación a la reforma energética, y argumentó para su negativa que el Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece que no podrán ser objeto de consulta popular los temas relacionados con los ingresos y gastos del Estado, cuando en sí, la naturaleza de la discusión en el Congreso de la unión era otra, y para sorprendernos la ministra responsable encargada del proyecto de sentencia fue Olga Sánchez Cordero, actual secretaria de gobernación. La pregunta propuesta por Morena para esa consulta consistía en ¿Estás de acuerdo o no en que se otorguen contratos o concesiones a particulares, nacionales o extranjeros, para la exploración del petróleo, el gas, la refinación, la petroquímica y la industria eléctrica? Si se lee con amplitud, la pregunta no tiene nada que ver con un asunto a los gastos e ingresos del estado, incluso supongo que, es posible que podría beneficiar en el sentido positivo a los ingresos del Estado.

En este marco referencial, obtener la mayoría en la cámara de diputados y en las legislaturas estatales, es fundamental para las emociones políticas que representa el titular del ejecutivo federal, de ello depende que el proyecto que propone su corriente política, pueda establecer un marco normativo para la consecución de sus idearios ―que busca revertir leyes, disposiciones y expulsar intereses que consideran dañinos de ciertos sectores de la economía, vinculados con el patrimonio nacional el subsuelo y la energía.

Los seguidores de esta misión, están disgustados con el Instituto Nacional Electoral (INE), que ha recordado su deber y se ha abocado a limitar, al 8% cuando mucho, la sobrerrepresentación del partido dominante; cuando en 2012, y 2015 las coaliciones y partidos que lo lograron no fueron castigados, y fue precisamente durante el transcurso de esas legislaturas cuando se modificó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y otras leyes, para que dispongan los intereses extra nacionales de los beneficios relacionados con el patrimonio nacional, el subsuelo y la energía.

Desde mi perspectiva, cuestiono: ¿si son moralmente aceptables las modificaciones que se hicieron durante esas legislaturas respecto a la citada Constitución Política, en sus artículos 25, 27 y 28 en materia de energía?, considerando las circunstancias de la violación del artículo 54 de la misma Constitución Política en su inciso V ―que limita la sobrerrepresentación al 8%―, al momento de conformar la LXII legislatura del Congreso de la Unión, en 2012, a sabiendas de una sobrerrepresentación del 8.2 % o en 2015, cuando la sobrerrepresentación alcanzó el 9%.

Así mismo, concluyo: la letra de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, debe hacerse cumplir, sin interpretaciones mezquinas y en todos los ámbitos; me incluyo entre los que piensan que debe convocarse a un congreso constituyente ―a través del instrumento de la consulta popular― para la discusión y la redacción de un nuevo pacto social, (constitución política) con carácter general que garantice la convivencia, y la participación ciudadana, incluso la ajena a los partidos políticos. Destaco que solamente de esa manera la actual generación gobernante habrá hecho historia y regalado un futuro estable a las nuevas generaciones, quienes serán las que califiquen este periodo, así como a sus políticos y demás personajes intrascendentes, oportunistas y faranduleros.

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Madre América

Italianos en Cuba

Sergio Guerra Vilaboy

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La presencia de Italia en Cuba comenzó justo con el primer viaje al continente americano de Cristoforo Colombo, natural de Génova. A lo largo de más de cinco siglos, varios miles de italianos visitaron o se establecieron en la mayor de las Antillas, aunque esa emigración nunca alcanzó la magnitud de Argentina u otros países de América Latina.

El imponente Castillo del Morro, la construcción que identifica a La Habana, fue diseñado, junto con otras fortalezas coloniales, por el ingeniero militar de Gatteo (Romagna) Juan Bautista Antonelli. Desde principios del siglo XIX, decenas de artistas del territorio de la actual Italia se radicaron en Cuba, contratados para embellecer iglesias, plazas y edificios, de lo que dan fe las esculturas de Giuseppe Gaggini y Ugo Luis, inauguradas entre 1836 y 1838, así como el majestuoso Teatro Sauto de Matanzas (1863), construido por Daniel Dall’ Aglio. Por esa época, también laboró en La Habana Antonio Meucci, el verdadero inventor del teléfono, mientras Giuseppe Garibaldi pasaba de incógnito por la isla. Náufragos italianos fundaron en 1605, en el deshabitado extremo occidental de Cuba, la villa de Mantua, en alusión a Mantova (Lombardía), consagrada a la romana Virgen de las Nieves, convertida después en patrona de los tabaqueros de Vuelta Abajo, lo que explica la abundancia de los apellidos Ferrari, Zaballo, Pesana, Fiallo, Pittaluga y muchos otros en esa región.

Durante las guerras por la independencia, varios italianos se incorporaron al Ejército Libertador, como hizo constar el sabio cubano Fernando Ortiz, quien se carteaba con Cesare Lombroso, en su libro Los mambises italianos (1909). Uno de los más connotados fue el estudiante napolitano Oreste Ferrara, que sirvió bajo las órdenes de Máximo Gómez y alcanzó el grado de coronel, tal como él mismo cuenta en Una mirada sobre tres siglos. Memoria (1975), escrita en Roma, donde falleció. En las primeras décadas del siglo XX, Ferrara se distinguió en Cuba como abogado, periodista, historiador, político y diplomático, aunque por sus servicios a las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista debió exiliarse varias veces. Por esa razón, no pudo disfrutar mucho tiempo de su lujoso palacete Dolce Dimora, de estilo renacentista florentino, ubicado a un costado de la Universidad de La Habana.

La tradición de contratar artistas italianos continuó en el siglo XX para erigir obras, al estilo de la colosal estatua bajo techo del Capitolio Nacional de Angelo Zanelli o monumentos a héroes nacionales, como el de Antonio Maceo realizado por Domenico Boni. También operarios de Potenza, entre otros los hermanos Garofalo y los Amalfi, trabajaron en los veinte en las minas de Matahambre (Pinar del Rio), al igual que en 1858 lo habían hecho sus compatriotas de Livorno en las del cobre del oriente cubano. Fue precisamente en 1920, cuando el famoso cantante Enrico Caruso dio sus memorables recitales en la isla.

El primer intento de Benito Mussolini de hacer propaganda en Cuba–después llegó a financiar radios y periódicos-, fue con la visita del barco Italia (1924), que provocó la protesta pública de Julio Antonio Mella, quien después en México, junto a su compañera Tina Modotti, continuaría denunciado sus crímenes. Durante la Segunda Guerra Mundial, nueve italianos, en su mayoría comerciantes y profesionales, fueron apresados por simpatizar con el fascismo. El empresario Amadeo Barletta, que había huido a Argentina para evitar ser encarcelado, tras regresar a Cuba en 1946 se convirtió, además de cónsul honorario de Italia, en dueño de un poderoso banco, del periódico El Mundo, de un importante canal de televisión y representante de la General Motors, en un moderno edificio de su propiedad en la céntrica Rampa de El Vedado.

Con la Revolución, la presencia italiana en Cuba ha seguido siendo muy notable, desde la incorporación del partisano italiano Gino Doné Paró a la expedición del Granma, hasta los aportes del cineasta Cesare Zavatini al nuevo cine cubano o el trazo maestro de los arquitectos italianos Vitorio Garatti y Roberto Gottardi en la singular construcción de la Universidad de las Artes, única en su tipo. 

Muestra actual de esa intensa relación histórica tejida entre Cuba e Italia es la realización periódica de una semana de la cultura italiana en La Habana y los concurridos cursos de la Sociedad Dante Alighieri, cuya sede cubana fue inaugurada en 1994 por el desaparecido Eusebio Leal. Para indagar en estas seculares tradiciones comunes, un grupo de historiadores de las universidades de La Habana y Turín, encabezados por la doctora Laura Gaffuri, se han empeñado en un ambicioso proyecto conjunto para buscar otras facetas y perspectivas de la rica historia compartida entre nuestros dos pueblos.

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Madre América: Cuba

Atajar la mentira con pensamiento y verdad

Raciel Guanche Ledesma

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Las redes sociales vuelven a ser por estos días un escenario propenso a la tergiversación para esparcir odio,  rencores y opulentas falsedades. Ciertamente parecen escenas belicistas que conducen por medio del enfoque digital hacia la confrontación. Y sí que lo es porque acaso se necesitan armas para subvertir lo más preciado de una sociedad: sus valores e ideas.

En plena modernidad quien piense que dentro de ese entramado de conexiones, videos, textos y supuestas verdades “absolutas” no se dirime una fuerte contienda, se engaña. Y es que en un mundo polarizado por las nuevas tecnologías pareciera como si los destinos o la suerte de millones viajase entre las redes con una única verdad posible, con la más retorcida e inverosímil de las realidades.

Por supuesto que para Cuba este panorama es siempre retador. Desde el triunfo revolucionario de enero en 1959, la guerra mediática contra el proceso social socialista, sus dirigentes y el pueblo todo ha sido un hecho constante que sólo varía en métodos, pero con directrices muy bien definidas que apuestan a socavar ese pensamiento que mantiene unido a su pueblo durante tanto tiempo.

Sin embargo, en la Cuba actual, que transita por la plena efervescencia informática, gracias a la decidida voluntad del Estado por desarrollar plataformas y espacios digitales, existe como en ningún otro momento histórico una ofensiva que es ya declarada dentro del ciberespacio.

Se trata de una red manipuladora de discursos vanidosos en redes sociales que persigue a través de las minorías internas y del consuelo paternalista del norte, procurar el caos para conducir a otro tipo de revoluciones edulcoradas con matiz neoliberal dentro de la verdadera y única Revolución social vigente en Cuba.

Quizás todavía haya quien piense que es imposible manipular al unísono a cientos de personas con apenas trastocar una palabra o imagen. No obstante, la realidad de los últimos tiempos demuestra que en este mundo tan frontal y de primicias en redes, donde emergen además no muy casuísticamente periodistas “independientes” y relatores aficionados, existe una intención mayor detrás de algunas noticias sensacionalistas.

La maquinaria que funciona paralela a estos hechos, en ocasiones muy bien camuflada y en otras no tanto, es tan potente que puede incluso crear la escena o propiciar con una chispa “audaz” la acción indicada para dar el zarpazo que anhelan y luego arremeter con total desparpajo dentro de medios y redes sociales.

En tiempos en que la moda de las selfis, las directas con los móviles y las filmaciones forman parte ya de nuestra cultura cotidiana, pudiera parecer que todo en el ciberespacio es casual. Pero lo aparentemente fortuito llega a tener en distintos casos, desde un financiamiento hasta el objetivo directo de provocar. Y todo, por supuesto, con el inequívoco fin de manipular en primera instancia una realidad y a los sujetos que se desenvuelven en ella.

Pero los personajes que andan prestos a ese juego mediático con segundas intenciones, se escudan esencialmente en un derecho de “libertad” que es finito y del cual abusan sin reconocer sus deberes. Para todo existen límites de privacidad a los que debemos atenernos con respeto constitucional. Sin embargo, ciertos individuos violan ese espacio, orquestan un show hasta de lo intrascendente e intentan después sacar provecho del acto. Así funciona una parte de la poderosa industria digital que genera sus propios espectáculos y a la vez los sirve en bandeja a quienes mejores pagan. Lo cierto es que la verdad navega hoy incoherente entre esos discursos hostiles que, en apariencia no tienen partidos políticos, pero sí una intención bárbara de fragmentar y desunir.

La modernidad sigue demostrando cuán vulnerables podemos ser ante este tipo de hechos que crecen a diario. En estos tiempos retadores, no queda otra alternativa que andar convencidos bajo esa luz martiana que  alerta: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento”.

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Madre América: Colombia

El bogotazo

Sergio Guerra Vilaboy

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Las causas de la espontánea sublevación popular ocurrida el 9 de abril de 1948, conocida como el bogotazo, tienen que ver con la derechización que vivía Colombia bajo el gobierno conservador de Mariano Ospina. Presionado por los sectores más intolerantes de la oligarquía y Estados Unidos, este mandatario enrareció desde fines de los años cuarenta el ya tenso ambiente político con persecuciones macartistas, una mayor represión en las zonas rurales y la liquidación de las organizaciones obreras, catalogadas de comunistas y anticristianas.

La mayoría liberal en el parlamento, guiada por Jorge Eliécer Gaitán, un líder carismático comprometido con la defensa de las causas populares, rompió desde junio de 1947 con el gobierno y convocó a la movilización nacional contra la espiral de violencia. Gaitán se venía radicalizando después de las elecciones de mayo de 1946, de lo que era prueba su lenguaje antimperialista y los llamados a la lucha de los trabajadores. En la multitudinaria marcha del silencio, el 7 de febrero de 1948, llegó a desafiar al régimen conservador cuando advirtió que “un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa”.

El auge de la lucha popular, y las consignas revolucionarias agitadas por Gaitán, alarmaban a las elites, que sólo buscaba un incidente para aumentar la represión. Este pretexto fue el bogotazo. El 9 de abril de 1948, cuando en Bogotá sesionaba la IX Conferencia Panamericana, partera de la Organización de Estados Americanos (OEA), Gaitán fue asesinado en las calles de la capital colombiana por un oscuro fanático conservador nombrado Juan Roa Sierra. El airado pueblo de la ciudad, volcado automáticamente a las calles, ajustició de inmediato al criminal y se lanzó al asalto del Palacio Presidencial, pues por instinto responsabilizó al gobierno con lo ocurrido. Ante la frustración de las ansias renovadoras de la población, que se canalizaban en torno a Gaitán, se desató entonces una anárquica insurrección urbana (el bogotazo), con apoyo de la principal central sindical e incluso de la policía, que puso al gobierno al borde del colapso. Entre los que se unieron al levantamiento popular estaba un joven universitario cubano, Fidel Castro, que se encontraba en Bogotá para una reunión estudiantil continental en contra de la creación de la OEA.

En algunos sitios, como en Barrancabermeja, se formaron juntas revolucionarias que por varias semanas desafiaron a las autoridades, mientras por todas partes brotaban bandas armadas para vengar a las víctimas y defenderse de la represión. Para intentar acallar al pueblo, el presidente Ospina, luego de reunirse con la directiva liberal en el virtualmente sitiado Palacio Presidencial, nombró algunos ministros del partido opositor en su gabinete, que hicieron llamados a la calma.

El bogotazo abre el periodo de la historia de Colombia conocido como “la violencia”, que dejó un saldo de miles de muertos. También el bogotazo facilitó los planes de la ultraderecha, pues el presidente Ospina, rompió relaciones con la Unión Soviética y tras la retirada de los ministros liberales del gabinete (mayo de 1949), clausuró el congreso (noviembre), suspendió las garantías constitucionales y traspasó el poder (7 de agosto de 1950), en unos comicios sin oposición, a un correligionario de ideología fascista: Laureano Gómez, quien regresó de la España de Franco.

Bajo un estado de sitio perpetuo se implantó una verdadera dictadura, que sirvió para aplastar, mediante la intimidación y otros métodos brutales -hubo secuestros y asesinatos masivos-, al liberalismo radical y las organizaciones de izquierda, mientras el gobierno establecía un estado corporativo de partido único, calcado del falangismo español, mediante una impuesta reforma constitucional.

El gobierno fascista de Gómez subordinó totalmente los intereses nacionales a la política de Estados Unidos, una de cuyas peores expresiones fue el envío de tropas a la Guerra de Corea, convirtiendo a Colombia en el único país latinoamericano que lo hizo. Los perseguidos por la reacción, liberales, socialistas, comunistas y otros sectores, respondieron con huelgas y paros, mientras las zonas rurales se inundaban de guerrillas que combatían la represión gubernamental, situación que se prolonga hasta hoy.

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