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Madre América

ELOY ALFARO Y JOSÉ MARTÍ

Germán Rodas Chaves

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Los dos hermanos mayores del continente –Martí y Alfaro- atravesaron los umbrales de la historia por caminos distintos, en unas ocasiones, y paralelos, en otras circunstancias. En mayo 1895, Martí fue victimado en Cuba en su primera jornada de combate cuando al calor de sus ideas libertarias había tomado las armas para liberar de España a su amada Cuba. En junio de ese mismo año, fue desmontada la oligarquía clerical y reaccionaría que había gobernado al Ecuador y llegó al poder Eloy Alfaro.

La asimetría de los momentos históricos de Martí y Alfaro ocurridas en 1895, se repitió en la historia a propósito de su tránsito vital: pues mientras el 28 de enero de 1853 Martí vino al mundo, en una fecha igual, en 1912, Alfaro fue asesinado.

José Martí Pérez, nacido en la calle de Paula en la Habana, inició su vida que habría de entregarla no solo a la causa de la independencia cubana, sino a la reflexión profunda y constante para la construcción de una América unida.  Su vocación libertaria pronto le llevó, gracias a las enseñanzas de su maestro José María Mendive, por el sendero de los hombres libres a propósito de su inquebrantable tarea independentista que le costó una temprana e injusta prisión en la Isla mayor de las Antillas, así como la expulsión de su Patria, irónicamente hacia España, en donde se formó intelectualmente y en cuyo espacio geográfico luchó, particularmente en el año de 1872, junto a las fuerzas Republicanas en contra del estado Monárquico.

A partir de todas estas circunstancias no dejó de labrar el camino de la purificación de su talento y de la construcción de un pensamiento cuyo vigor tienen plena vigencia cuando se trata de conocer las características sociales y culturales de nuestra región y cuando es indispensable fortalecer la lucha por las ideas.

De su lado, Eloy Alfaro, el manabita nacido en Montecristi, en junio, en 1842, fue el artífice de un proceso transformador en el Ecuador que favoreció la construcción de un nuevo modelo de estado, en cuyo contexto el laicismo, la libertad y la unidad de la Patria fueron una constante que solo pudo volverse realidad cuando fraguó el cambio radical en el país y contribuyó, en muchos países del continente, a sembrar las semillas del pensamiento liberal, aquella utopía que ya fue capaz de dar cuenta de los marginados en contra de un sistema conservador y clerical anquilosado.

Su lucha –la de Alfaro- contra García Moreno, en 1864, le llevó al exilio en Panamá y le abrió el camino de sus relaciones internacionales con los más importantes líderes liberales de la región, con quienes, luego de sus derrotas en el Ecuador ocurridas en los años ochenta del siglo XlX, profundizó su amistad, toda vez que a finales de aquellos años inició una gira por Sudamérica que le permitió acercarse a la realidad de esta parte del continente y configurar un pensamiento profundamente latinoamericano y unionista de honda significación y que, por ejemplo, en Centro América, ejerció, una notable influencia en varios gobiernos.

En este orden de cosas debe resaltarse las luchas compartidas entre Martí y Alfaro, respecto de su lucha antiimperialista. En efecto la voz de alerta lanzada por el Maestro cubano a finales de 1888 frente a los peligros que entrañaba que en 1889 se realizara la reunión en la capital estadounidense de la Conferencia Internacional Americana, tuvo, posteriormente, su correlato cuando Alfaro impulsó, en 1896, que en la ciudad de México se reunieran varios gobiernos de la región para tratar sobre los problemas de la dependencia cubana respecto de España y sobre los problemas de las relaciones comerciales de los países del “Nuevo Mundo”.

Si bien el encuentro al que aludo no tuvo el eco que era menester y no fue posible realizarlo (a pesar de la concurrencia de los plenipotenciarios de Ecuador, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala, Honduras y México) dejó al descubierto la preocupación de Alfaro frente a la necesidad de buscar los mecanismos de la unidad como fórmula para enfrentar la política de exclusión que ya vivían nuestros pueblos y el profundo ánimo integrador que le asistía como mecanismo para propiciar un nuevo momento histórico para nuestras Patrias.

Si Martí, en 1891, luego de conocer y aprehender de la América india y mestiza su realidad, fue capaz de concluir su formidable trabajo llamado “Nuestra América”, que la publicó en New York, y mediante el cual exhortaba a la unidad de los pueblos de la región; Alfaro, por aquellos mismos años, convocado por tal lectura (que le confesara a Antonio Maceo que le estremeció hasta el fondo de su conciencia) inició una especie de peregrinación por el continente para consolidar las ideas para construir esa América de la que hablaba Martí.

Este contexto referido, da cuenta del paralelismo entre estas dos figuras cimeras de nuestra Patria Americana que, además, fue macerada por Alfaro a partir de su internacionalismo, ese que le llevó que junto a José Santos Zelaya de Nicaragua, a Juan de Dios Uribe de Colombia y a Joaquín Crespo de Venezuela organizara lo que se conoce como el “Pacto de Amapola, que no fue sino la voluntad de ayudarse mutuamente para construir sus sueños, para favorecer la estructuración de sociedades distintas a las que vivía la región por aquel entonces.

Y cuando José Martí, en su momento heroico máximo, luego de la agotadora jornada de muchos años por liberar a Cuba y a Puerto Rico, lo cual le llevó incluso a fundar el Partido Revolucionario Cubano en 1892, asumió la determinación de empuñar las armas, no como un acto desesperado, sino como una determinación complementaria a sus ideas; Alfaro comprendió que la lucha del apóstol cubano debía ser continuada con su acción una vez que él, el General Alfaro, ejercía la Presidencia del Ecuador.

En efecto, Eloy Alfaro, luego de la muerte de Martí, en el propio año de 1895, en diciembre, dirigió una carta a la Regente Española María Cristina, misiva en la cual en su nombre y en el del pueblo ecuatoriano le exigió a la Corona española la necesidad de encontrar los mecanismos indispensables para que la Isla Mayor de las Antillas dejase de ser su colonia y pudiese edificar su futuro en el entorno de la soberanía y la autodeterminación, aquellas convicciones profesadas por Martí y Alfaro en cada una de sus jornadas que les correspondió como propulsores de las semillas del cambio en “Nuestra América”.

Aquella carta a la Regenta Española fue motivo de una nota de agradecimiento de Maceo en la cual resaltó la consecuencia revolucionaria de Alfaro y el compromiso cumplido con los mambises, a quienes les había ofrecido su intervención en este asunto.

El 28 de enero, pues, nos recuerda el nacimiento de Martí y el asesinato de Alfaro y su señalamiento nos deja la enseñanza de dos vidas ejemplares; de luchas inquebrantables de estos patriotas; de entregas desinteresadas y sin claudicaciones y cuya conducta al calor de los principios y de las determinantes doctrinarias, sigue siendo fuente inagotable de compromisos en quienes, desde todos los rincones, debemos aprender y aprehender de sus ejemplos, al propio tiempo que el recordatorio de sus vidas vuelve a ponernos de frente con una convocatoria permanente  alrededor de la máxima martiana que señala  que “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”.

En ocasión de conmemorase los 167 años del natalicio de José Martí, el día de hoy 28 de enero de 2020, el distinguido intelectual ecuatoriano Germán Rodas Chaves, preparó estas líneas para Informe Fracto destacando la cercanía del Apóstol cubano con el indispensable de nuestra América Eloy Alfaro.  

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15 años de Telesur

Adalberto Santana

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Desde hace mucho años he sido un fiel colaborador de nuestra emisora latinoamericana y caribeña, tanto haciendo comentarios y análisis televisivos, así como escribiendo para Blogs Telesur. Televisora multinacional de nuestra América que nació con la propuesta del presidente Hugo Chávez. Su acta de  nacimiento acontece el 24 de julio de 2005.  La misma fecha en que se cumplía un aniversario más del natalicio de  Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte Andrade y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar. Es decir, nace esa televisora a los 222 años del nacimiento del más grande libertador de nuestros pueblos y forjador ideológico de nuestras repúblicas. A los 237 años del natalicio del Gran Libertador, la televisora del sur sigue siendo un gran canal informativo al servicio de la emancipación latinoamericana, caribeña y del mundo.

El origen de Telesur se sustentó en generar un canal de comunicación esencialmente incluyente que se propuso desde su origen llevar a la práctica una democracia participativa para su audiencia, la cual en gran medida estaba presa o esclavizada a los canales de comunicación comercial televisiva.  Esos medios políticamente en su mayoría transmiten y vierten una imagen contraria a los intereses de participación de una audiencia que requiere medios alternativos de comunicación. Esencialmente desde la perspectiva de una audiencia participante en un proceso de emancipación, tal  como el que se desarrollaba y desarrolla  actualmente en la Venezuela bolivariana.

Así, Telesur, emerge como un medio de comunicación que ofrece al telespectador un canal alternativo frente a la lógica del consumo degradante que impregna a la mayoría de los monopolios televisivos de las cadenas comerciales. Pero sobre todo la televisora del sur por sus informaciones, opiniones, reportajes y editoriales,  brinda al televidente un medio electrónico que hace patente esa democracia participativa e incluyente a través de su propia imagen que busca en el ideario que nos legó Simón Bolívar, una verdadera integración comunicacional que nos hermane a los pueblos y naciones de nuestra América con el mundo.

Fue así como hace 15 años, en el mes de julio de 2005, cuando el presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, inspirado en lo mejores anhelos del Libertador puso en marcha Telesur. Proyecto comunicacional  nació con un ideario bolivariano. Es decir, como un instrumento emancipador que contribuyera a ampliar la información para los pueblos y países de nuestra América. Su señal se gestó siguiendo las ideas y el ideario del gran Libertador cuando apuntaba: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. Sin duda, Telesur, hasta nuestros días se ha convertido en una emisora que ha generado historia no únicamente en el campo de la comunicación alternativa, pero también en el campo del imaginario político de los pueblos de nuestra América.

Podemos reconocer que esa emisora es la expresión de la comunicación televisiva que respaldada en un pensamiento  crítico,  pero sobre todo sustentada en una filosofía emancipadora, emerge para hacer llegar a todos los  pueblos latinoamericanos y caribeños la información necesaria que brinda una serie de elementos informativos, precisos, claros y educadores de las realidades y problemas de nuestro tiempo. Pero que también lleva su imagen y la voz a otros pueblos del orbe. Sin duda, los cambios generados por el  avance tecnológico en las comunicaciones digitales, coadyuvó en gran medida a hacer posible  llevar el discurso emancipador a todos los rincones de la tierra. 

 Si se prefiere como lo apunta la misma misión de Telesur:   “Es un multimedio de comunicación latinoamericano de vocación social orientado a liderar y promover los procesos de unión de los pueblos del SUR. Somos un espacio y una voz para la construcción de un nuevo orden comunicacional”.

En otras palabras podemos decir que Telesur emergió como un medio alternativo de comunicación, precisamente como un vehículo comunicacional para evitar el desarrollo de la ignorancia. Eso que señalamos como lo planteó Bolívar y lo reiteramos, un instrumento de información crítica y veraz que evite que los pueblos de nuestra irredenta América,  vivan en el desconocimiento y la apatía. Por el contrario que eleven su nivel de conciencia informativa para dejar de ser un instrumento “ciego de su propia destrucción”.   

También Telesur, con una historia de década y media, pensamos que comunicacionalmente, ha generado una identidad de nuestros pueblos y naciones propia del siglo XXI. Con  la propuesta informativa y alternativa, Telesur en su imagen televisiva y en sus canales de opinión (editoriales y blogs) contribuye también a mejorar la información  que requiere un pueblo para dejar atrás su ignorancia informativa. Si se prefiere, la comunicación alternativa que propone y lleva a cabo Telesur, emerge como una propuesta emancipadora, que se convierte a su vez en un instrumento que contribuye a la eliminar la ignorancia y la manipulación comercial de lo que acontece en el mundo real.  En nuestro tiempo Telesur, difunde la información objetiva y emancipadora. Esto es, difunde lo que realmente pasa en el mundo real, sin manipulación informativa,  fortalece la capacidad del sujeto social que se encuentra en un proceso de transformación. Con ella se contribuye al combate de la ceguera informativa, propia de los medios comerciales y con discursos manipuladores y acríticos

En el momento actual, de inicios de la tercera década del sigo XXI, condicionado por la pandemia de la covid-19, los medios de comunicación alternativos deben estar esencialmente al servicio de los pueblos y de su emancipación, pero también de sus propuestas informativas de salud. Una tarea esencial es elevar la conciencia política en momentos que se intensifica masivamente la lucha de las ideas. Figuran por un lado y atosigan reiteradamente aquellas que propugnan por el sometimiento. En el lado opuesto, emergen las que buscan la emancipación informativa. En la historia política latinoamericana la vital importancia que tuvo Radio Rebelde, emisora que el comandante Ernesto Che Guevara fundó el 24 de febrero de 1958 en los Altos de Conrado en la Sierra Maestra. Aquella estación inalámbrica funcionó como un instrumento de emancipación que funcionó para acumular  fuerzas  y organizar al campesino cubano al proceso revolucionario que encabezaba el Movimiento 26 de Julio, situación que finalmente llevó a la victoria el 1 de enero de 1959. Hoy en el dial radiofónico sigue estando presente Radio Rebelde y otros canales informativos de la Revolución Cubana. Tarea semejante es lo que ha hecho Telesur para la Revolución Bolivariana y la transformación social latinoamericana y caribeña.

Así, en los inicios del siglo XXI, comunicacionalmente el sentido de informar para la integración latinoamericana pero en la senda de la emancipación y no de la opresión y la enajenación de los medios comerciales, es lo que ha fortalecido y dando más impulso a Telesur. La red informativa multinacional originalmente respaldada por los gobiernos progresistas latinoamericanos  prevalecientes en un determinado momento en Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, hicieron posible ese canal televisivo de integración regional. Hoy en 2020, esa empresa multinacional al servicio de los pueblos de América Latina y el Caribe sigue haciendo presencia en el mundo. Su ejemplo, ha sido retomado por otros medios informativos en  otros países y regiones culturales del mundo. Conviene con orgullo afirmar que Telesur a 15 años de su nacimiento sigue siendo un excelente ejemplo a emular  para la emancipación informativa del siglo XXI.

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La ALPRO y el desarrollismo latinoamericano

Juan J. Paz y Miño Cepeda

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Los Estados Unidos fueron el gran país imperialista del siglo XX, en el sentido dado por V. I. Lenin: gigantes monopolios que gobiernan la economía, exportan capitales y se reparten el mundo. Sólo que ese gigante llegó “tarde” a un mundo ya repartido entre grandes potencias europeas, de modo que su expansión no fue propiamente colonial, aunque sí “neocolonial”. Bajo la cobertura del americanismo monroista, aseguró ese imperialismo sobre América Latina, región en la cual logró dependencia económica y alineación política, contando con gobiernos afines a sus intereses o a través de la intervención directa, el derrocamiento de gobernantes y la promoción de dictaduras.

Al destaparse la guerra fría con la URSS y el bloque socialista después de la II Guerra Mundial (1939-1945), el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947) se convirtió en instrumento para incorporar el anticomunismo en las fuerzas armadas latinoamericanas, al mismo tiempo que la OEA (1948) serviría para la alineación de todas las repúblicas en el espíritu monroista e imperialista. Hay suficientes estudios sobre el tema. En todo caso, los EEUU nunca se esperaron que la Revolución Cubana (1959) abriera el camino al socialismo, de modo que, en reacción contra ella y el “peligro” que representaba, lanzaron la urgente guerra fría sobre América Latina. La comenzó Dwight D. Eisenhower (1953-1961), pero fue John F. Kennedy (1961-1963) quien la asumió en forma definitiva, patrocinó la fracasada invasión a Bahía de Cochinos (1961), pero tuvo éxito en el bloqueo continental al gobierno de Fidel Castro.

Al mismo tiempo que se extendieron de inmediato los programas de becas e instrucción “técnica” de las fuerzas armadas en la región y las acciones de la CIA se convirtieron en millonarios esfuerzos por impedir la propagación del “comunismo castrista” en el continente, JFK inauguró la primera campaña en la historia norteamericana destinada a promover el desarrollo económico, el cambio social y la democracia en América Latina: la Alianza para el Progreso (ALPRO).

El primer paso fue la conformación del equipo teórico, con la Latin American Task Force, integrada por Lincoln Gordon (economista de Harvard), Adolf Berle (asesor del antiguo New Deal), Robert Alexander (economista de Rutgers), Arthur Whitaker (historiador de Pennsylvania), Teodoro Moscoso y Arturo Morales Carrión (expertos puertoriqueños en desarrollo). Se contaba, además, con los estudios sobre el subdesarrollo y la modernización de renombrados académicos, como Lucian Pye, Daniel Lerner, Gabriel Almond, James Coleman y, sobre todo, W.W. Rostow, cuyas “etapas del crecimiento económico” se ajustaron perfectamente al propósito de superar las “sociedades tradicionales”.

Sobre esas bases, JFK anunció el arribo de la ALPRO en su famoso discurso del 13 de marzo de 1961 en la Casa Blanca, ante el cuerpo diplomático latinoamericano. Allí convocó a un esfuerzo conjunto y planteó 10 estrategias para “transformar la década de 1960 en una década de progreso democrático” y recalcó: “Con medidas como estas, nos proponemos completar la revolución de las Américas, para construir un hemisferio donde todos los hombres puedan esperar el mismo alto nivel de vida y donde todos los hombres puedan vivir sus vidas con dignidad y libertad” (https://bit.ly/2O6DzsE ).

Por primera vez desde los EEUU se hablaba de planificación económica desde el Estado, cambio social, industria, educación, combate al analfabetismo, adiestramiento de profesores, asistencia a universidades, promoción de la ciencia y la investigación, “modificar los arcaicos sistemas tributarios y de tenencia de tierras” (“reformas agrarias y tributarias”), integración económica, mercado de productos, “alimentos para la paz”, inversión extranjera y ayudas para el “desarrollo” (se destinarían 20 mil millones de dólares). La ALPRO inauguraba el desarrollismo como modelo para Latinoamérica (https://bit.ly/3iOfPaT). Era un programa más amplio y ambicioso que el Plan Marshal (1948), que los EEUU dirigieron para la reconstrucción de Europa en la postguerra (destinaron 12 mil millones de dólares). Como lo resumía Kennedy, se trataba de una “revolución en libertad”, en el espíritu de Washington, Jefferson, Bolívar, San Martín y Martí, al calor de una consigna claramente anticastrista “¡Progreso Si, Tirania No!”. El 5 de agosto de 1961, en la Conferencia de Punta del Este, Uruguay, 21 repúblicas latinoamericanas aprobaron la ALPRO.

Los propósitos de la ALPRO no eran tan “nuevos” en varios países latinoamericanos. En Argentina, con Juan Domingo Perón (1946-1955); Brasil, con Getulio Vargas (1930-1945 y 1951-1954) y México, con Lázaro Cárdenas (1934-1940), se implementaron cambios de estructuras fundamentales, promoviendo la industrialización sustitutiva de importaciones, reformas agrarias y tributarias, vastos programas sociales en educación, salud, vivienda y servicios públicos. Esos “populismos” tuvieron principios nacionalistas, fuerte intervencionismo estatal, definida orientación popular y laboral, además de una clara inclinación “izquierdista”. Lograron importantes avances en el “desarrollo” (https://bit.ly/2AEybcW). Brasil incluso contaba con aportes académicos singulares para Latinoamérica a través de investigadores como Roberto Simonsen, Ignácio Rangel, Caio Prado Júnior, Hélio Jaguaribe, Cândido Mendes y, sobre todo, Celso Furtado, uno de los más influyentes científicos sociales en toda la región. Bajo el gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-1961), quien había ofrecido “50 años de progreso en 5 años de gobierno”, Brasil impulsó un claro desarrollismo que potenció al país; un modelo que también lo mantuvo Arturo Frondizi en Argentina (1958-1962).

Cuando se lanzó la ALPRO, varios gobiernos latinoamericanos querían mantener su soberanía, no vieron mal a la Revolución Cubana ni estaban dispuestos al bloqueo que los EEUU prácticamente ordenaban en contra de la isla. En Ecuador, José María Velasco Ibarra (1960-1961) se proclamó admirador de la Revolución Cubana y su sucesor, Carlos Julio Arosemena (1961-1963) tuvo que ser forzado por los militares para romper con Cuba. En Argentina, Frondizi recibió a Fidel Castro y mantuvo conversaciones secretas con el Che Guevara, lo que extremó las reacciones militares hasta que lo derrocaron (https://bit.ly/3f8S9LS). En Venezuela, Rómulo Betancourt (1959-1964) se anticipó con la reforma agraria y se vinculó a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que era combatida por los EEUU. En México, Adolfo López Mateos (1958-1964) fue el único en abstenerse de votar contra la expulsión de Cuba de la OEA (1962). Colombia, en cambio, tenía en Alberto Lleras Camargo (1958-1962), el ideal del gobierno anticomunista y pro norteamericano.

Si bien los gobiernos aceptaron la ALPRO, no todos coincidían exactamente con las intenciones norteamericanas. De modo que tuvieron que imponerse otros mecanismos: en Brasil los militares dieron un golpe de Estado (1964), que les mantuvo en el poder hasta 1985; otro golpe militar ocurrió en Argentina (1962); y en Ecuador, la CIA logró una Junta Militar (1963-1966) macartista (https://bit.ly/3iD0EkJ) que, sin embargo, adoptó la ALPRO, inauguró el desarrollismo, realizó la reforma agraria, fomentó la industria y promovió el despegue empresarial, gracias al decidido amparo del Estado.

Lo paradójico de nuestra historia económica es que la ALPRO, si bien fue un programa imperialista, sirvió para levantar el capitalismo en países latinoamericanos que todavía podían considerarse “precapitalistas”. Puede ser muy ilustrativo el caso de Ecuador: tenía una de las economías más “subdesarrolladas” a inicios de los sesenta; de modo que la atrasada mentalidad de las escasas elites empresariales y de los grandes terratenientes tradicionales, se levantó contra el “comunismo” de la Junta Militar desarrollista; pero, ante todo, contra la reforma agraria (1964), que puso fin al sistema hacienda. Su poder logró derrocar a ese gobierno militar pro norteamericano, tras la “guerra del arancel” (los comerciantes se negaron a pagar nuevos aranceles y decidieron no sacar las importaciones de la aduana). La ALPRO resultaba así un programa más adelantado que esas mentalidades de las clases dominantes ecuatorianas, que también se lanzaron contra el “estatista” modelo económico de los gobiernos militares petroleros (1972-1979). Sin embargo, gracias al desarrollismo de dos décadas, Ecuador creció como nunca antes en su historia y se volvió un país “capitalista”.

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Ola de fuertes protestas en Estados Unidos derriba símbolos que recuerdan la esclavitud

Héctor Hernández Pardo

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La ola de protestas en Estados Unidos contra el racismo imperante en ese país, movimiento que ha alcanzado una fuerza y una magnitud extraordinarias, ha tocado las puertas de muchos símbolos que recuerdan la esclavitud y la violencia segregacionista y que, hasta ahora, permanecían incólumes, sobre todo en territorios del sur.

La presión interna que esas manifestaciones provocan ha obligado a las autoridades del sureño Misisipi, a dar un paso histórico con respecto a la bandera que le representaba y que era orgullo de los nativos ultranacionalistas blancos. Hasta hace pocos días, Misisipi era el único estado norteamericano que tenía en su bandera la célebre cruz de San Andrés, símbolo de los confederados esclavistas en la llamada Guerra de Secesión librada en Estados Unidos entre 1861 y 1865.

Según informaciones que han repercutido en toda la prensa estadounidense e internacional, dicha bandera será retirada y se diseñará otra nueva sin símbolos racistas, luego de que así lo aprobara la Asamblea Legislativa de dicho territorio. Por su parte, el gobernador republicano, Tate Reeves, adelantó que apoyará la medida.

Tal decisión se inserta en el contexto una gran polémica nacional que se ha generado al calor de ataques a estatuas, monumentos y símbolos en los Estados Unidos que son calificados por muchos ciudadanos como expresiones del culto a la violencia racista, la segregación y el colonialismo.

En Alabama, Florida, Virginia o Carolina del Sur, por toda la zona del sur estadounidense, los monumentos en honor a la Confederación que defendió la esclavitud en la contienda civil llamada Guerra de Secesión están cayendo poco a poco, 155 años después de acabar las acciones beligerantes.

Hace un par de semanas se derribó una estatua del presidente confederado, Jefferson Davis, en Richmond (Virginia), que era la capital de los secesionistas, y en Montgomery (Alabama), cayó otra del general Robert E. Lee, el más destacado del sur.

Para el profesor de Asuntos Sociales de la Universidad de Michigan, Ronald Hall, “derribar las estatuas no va a resolver el problema (de la discriminación o la violencia policial), pero es algo que debe hacerse…Enaltecer a personas que creían que la gente negra era inferior destruye la moral nacional y destruye al país“.

Robert E. Lee intentó separar a este país (…) Está justificado que una sociedad y la gente que influye en las instituciones” desee acabar con esos vestigios y que no se glorifique a esas personas que simbolizan un legado racista”, reflexionó el profesor Hall en declaraciones realizadas a la agencia de noticias española EFE.

En esta oleada contra los monumentos, memoriales y otros símbolos que honran a quienes defendieron la esclavitud, el racismo o posteriormente la segregación racial, está cada vez más implicada  la población en general. Las demandas incluyen eliminar los nombres de jefes confederados que tienen muchas bases militares del país.

El presidente Donald Trump se ha mostrado en contra de esas ideas y acciones. Hace pocos días hizo público su siguiente mensaje: “Mi administración ni siquiera considerará el cambio de nombre de estas instalaciones militares magníficas y legendarias. Nuestra historia como la nación más grande del mundo no será alterada. ¡Respeta a nuestros militares!“.

Sin embargo, el Comité de Servicios Armados del Senado aprobó una iniciativa, incluida en un proyecto de ley de gastos militares, que exigiría al Pentágono cambiar en un plazo de tres años el nombre a esas bases militares y eliminar los símbolos confederados que existan, lo que pondría en un aprieto al inquilino de la Casa Blanca. La iniciativa, si bien partió de los demócratas, se hizo con el apoyo de senadores republicanos, en una nueva muestra de que se está ampliando el consenso sobre este asunto, en el que Trump, al igual que en su posición con respecto a las protestas contra el racismo, parece estar cada vez más aislado.

En medio de esta situación extrema, el movimiento a favor de los indígenas se ha incorporado a las protestas. Y, así, Cristóbal Colón y otras figuras como el conquistador de la Florida Ponce de León,  también están en la mira de las manifestaciones, pues muchos los relacionan con el brutal sometimiento de los indígenas.  Informaciones procedentes de Richmond (Virginia), Saint Paul (Minesota); Miami (Florida), Boston (Massachussets) y Camden (Nueva York), señalan que estatuas del Almirante y de Ponce de León han sido objeto de actos de rechazo por parte de grupos que se vinculan a las reivindicaciones de los indígenas.

Si bien todos estos hechos constituyen una derivación de las enormes protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial a raíz de la muerte violenta del ciudadano negro George Floyd, muchos analistas coinciden en que se trata de una añeja demanda del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y que, todo indica, no tiene marcha atrás, a pesar de la oposición del presidente Donald Trump.

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