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A propósito de…

“Así son las cosas”

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de las nueve nominaciones a los Oscares  para la película El Irlandés (The Irishman), alguien me recordó el compromiso hecho en la columna inicial del año de opinar acerca de esta obra cinematográfica, dirigida por el legendario cineasta Martin Scorsese y protagonizada por su amigo y actor preferido Robert De Niro, teniendo como actores secundarios a los no menos conocidos Al Pacino y Joe Pesci.

 Conociendo mi inclinación por el género, desde hace ya muchos años, a partir de mi encuentro con la primera parte de El Padrino, dirigida por Francis Ford Coppola, mi interlocutora me preguntó: ¿Qué pasó con tu reseña del Irlandés? Y aquí me encuentro en el intento de rendir un homenaje al cine que marcó a, por lo menos, dos generaciones de aficionados al séptimo arte.

Tal vez se trate del último film de este tipo. Es evidente que los grandes actores identificados con él hicieron un gran esfuerzo para protagonizar escenas que requieren de cierta flexibilidad corporal, por ejemplo, y es que ¡ellos son casi octogenarios!, que en un extraordinario despliegue actoral se presentaron como cuarentones o cincuentones en buena parte de las escenas.

El trío Scorsese De Niro y Pesci tiene historia: en Toro Salvaje, Buenos Muchachos y Casino compartieron el set; se suma ahora el talento de  Al Pacino que tiene también amplia experiencia en personificar gánster, sean italianos como en las tres partes de El Padrino, cubanos como en Caracortada o puertorriqueños como en Carlito’s Way. Un cuarto elemento de El Irlandés es Harvey Keitel, quien ha hecho seis películas con el director, entre ellas Mean Streets y Taxi Driver. De todos ellos, solamente Joe Pesci no es neoyorkino, aunque casi lo es dado que nació en Newark, Nueva Jersey.

Ni qué decir de la relación entre Martin Scorsese y Robert de Niro: Mean Streets 1973, Taxi Driver 1976, New York New York 1977, Toro Salvaje 1980, El Rey de la Comedia 1983, Buenos Muchachos 1990, Cabo de Miedo 1991, Casino 1995. El director parecía haber cambiado a su actor favorito por Leonardo Di Caprio. Por fortuna retornó a las antiguas querencias en lo que tal vez constituya una especie de réquiem para el cine inspirado en la mafia.  

Así, el realizador reunió a un  grupo de actores  que hablaban su mismo idioma en materia de cine y de cine de la mafia, más específicamente,  para  ofrecer una obra de arte de tres horas y media, porque había que contar una historia de 50 años y contarla bien. Se trata de un guión basado en la novela “I Heard Your Paint Houses” (He Oído que Usted Pinta Casas) del neoyorkino Charles Brandt.

Scorsese ha dicho que requería de la estructura actoral que representaban De Niro, Pacino y Pesci, para construir su película, por lo que prefirió gastar decenas de millones de dólares en una tecnología que los hiciera parecer 30 o 40 años menores que contratar a actores más jóvenes “a quienes tuviera que enseñarles todo

Lo que cuentan estos gigantes de la cinematografía es la relación entre el líder sindical estadunidense Jimmy Hoffa (Pacino) y el ejecutor Frank Sheeran (De Niro) que Scorsese convierte en un discurso, una visión acerca de la historia de los  Estados Unidos, donde el poder político se entrelaza con grupos criminales. En este caso para lograr la victoria de JF Kennedy a la presidencia, ayudado por la mafia, de la cual luego querrá sacudirse, con los resultados que ya todos conocemos.

Y como todas las esferas del poder se valen del “trabajo sucio” para seguir manejando el dinero, el destino y la vida de millones de seres humanos comunes, los líderes de organizaciones laborales conviven también estrechamente con aquellos que literalmente pueden disponer de la vida y la muerte de quienes alimentan o estorban sus intereses.

En El Irlandés, como en todas las películas acerca de la mafia italiana se retrata la peculiar religiosidad de estos grupos de delincuentes, siempre atentos de cumplir con los rituales católicos. Se reúnen puntualmente en las iglesias y no faltan las escenas de bautizos, primeras comuniones, matrimonios. La cúpula católica, es otra de las partes que por acción u omisión se suma a la cadena de complicidades, que garantiza la continuidad de “las familias”

La fascinación que han ejercido los filmes del género está relacionada –me parece- con la posibilidad de ingresar a la intimidad de los personajes que dentro de su casa viven una aparente normalidad. Presenciamos escenas del asesino desayunando cereal con leche junto a una hija que lo mantiene bajo una mirada acusadora durante toda la película.

Con El Irlandés, Scorsese nos regresa, irremediablemente a nuestra propia condición de jóvenes espectadores, a finales de los setentas y en los ochentas, acudiendo prestos a los estrenos o a las muestras en las que se volvían a exhibir sus trabajos o los de sus colegas: Ford Coppola, De Palma, Sergio Leone. Y en esa especie de nostalgia nos enfrenta al proceso de envejecimiento personal, del que no nos puede salvar ningún efecto digital, como no lo puede hacer con algunos movimientos corporales de los actores, que denotan al octogenario que los realiza.

Personalmente, y según la opinión de otros seguidores de este género cinematográfico, la más reciente película de Scorsese es un regalo para aquellos que desarrollamos una especie de visión romántica de la mafia, con sus reglas, rituales y códigos de  “ética” que, por supuesto, no les impedía darle dos balazos en la cabeza al amigo al que acababan de abrazar porque “Así son las cosas”

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A propósito de…

Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán

Cristina Martin Urzaiz

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Cuadro de Jean-Léon Gérôme, Consummatum est 1867

 A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.

De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto.  A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.

Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?

Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.

Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.

A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.

Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.

 Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.

A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.

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La vocación de arrear ganado de los vaqueros texanos

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de las imágenes en las que se observa a elementos de seguridad en la frontera de Estados Unidos que azuzan a sus caballos en contra de migrantes haitianos, a quienes agreden con las riendas a manera de látigos o fuetes, en escenas de violación a los derechos humanos, hacen pensar que esos agentes se comportan como sus antepasados los cowboys o todavía peor, como los plantadores de los estados sureños en contra de sus esclavos, antes de la Guerra de Secesión.

Las escenas de cientos o miles de personas que caminan huyendo de la miseria y la violencia sólo para encontrarse con más miseria y más violencia es desoladora. Los que acampan debajo de un puente en la población Del Río, Texas, a donde llegaron a través de la parte menos peligrosa del Río Bravo, luego de cruzar varios países, seguramente creyeron que habían alcanzado su meta al poner pie en tierra norteamericana en el otro margen.

Me recuerda un juego de mesa que jugábamos los niños de hace muchos, muchos años, llamado Serpientes y Escaleras, en el que se ascendía avanzando casillas mediante el tiro de dados. Si tus números eran propicios, te conducían hasta una escalera que te permitía subir grandes tramos, pero si te llevaban directamente a la boca de una serpiente, podías perder el progreso y regresar hasta el inicio. Justo una casilla antes de la meta se encontraban las fauces de la víbora más larga, si la tirada te llevaba a ese punto, descendías de una vez hasta el punto de partida.

Muchos de los migrantes que pudieron alcanzar tierra estadounidense hace unos días, luego de una larga travesía y una cantidad inimaginable de tropiezos, fueron deportados casi inmediatamente a Haití, tras una recepción en la que se les infligió una nueva humillación y se les canceló su última esperanza de integrarse al “sueño americano” en lo que dura el vuelo del sur de Texas a la isla caribeña.

Haití, fue en el Siglo XVIII una de las colonias francesas más rentables y producía el 75 por ciento del azúcar del mundo. Francia se benefició de esa producción, así como la del tabaco y el café durante siglos, pero, cuando los caribeños se independizaron, en 1804, les impuso una multa de 150 millones de francos.

En 1915 fue ocupada militarmente por Estados Unidos, durante más de 15 años. Luego vendrían una serie de dictaduras con la bendición del gobierno norteamericano. Se sucedieron golpes de estado, regímenes totalitarios, represión, masacres, asesinatos políticos, el más reciente el pasado 7 de julio en contra del presidente Jovenel Moise. Hoy, es el país más pobre de América. El 80 por ciento de sus habitantes vive en la pobreza.

 Hace once años, en enero de 2010 un terremoto provocó la muerte de más de 300 mil personas y dejó un millón y medio de damnificados. Tras lo cual, países como Venezuela, Brasil, Chile y Bolivia, recibieron a haitianos que huían de los efectos de la tragedia, en un país incapaz de hacer frente a la devastación.

Muchos de los haitianos que han llegado a México, en su intento de alcanzar los Estados Unidos, salieron de esos países sudamericanos, porque la crisis económica por la pandemia ha reducido sus expectativas de vida y ante la falsa noticia de que podrían ser beneficiados por el TPS – Programa de Protección Temprana – que Estados Unidos aplicará a quienes ya se encuentran ahí, según expuso el canciller mexicano Marcelo Ebrard.

Pero, quién les diría a los migrantes que al llegar al “país de las oportunidades” los recibiría un grupo de cowboys texanos dispuestos a dar, literalmente, rienda suelta a su vocación primaria de arrear ganado.

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Con el argumento de defender la vida, lo que buscan es el castigo

Cristina Martin Urzaiz

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Para Cristina Urzaiz Mediz, cuya reflexión y
análisis enriquecieron este texto.

A propósito de las reacciones respecto a la declaración de inconstitucionalidad del castigo penal por la interrupción del embarazo por parte de la Suprema Corte de Justicia, es evidente el deseo de agrupaciones “provida” e integrantes de la Iglesia Católica de imponer castigos, sin sopesar las causas que ponen a las mujeres en condición de tomar una decisión tan difícil.

El burdo caso del sacerdote católico del templo de San Juan Bautista de La Salle en Monclova Coahuila, Lázaro Hernández Soto, haciendo un llamado al feminicidio en contra de las mujeres que aborten, es un ejemplo del pensamiento de aquellos que más que defender la vida, buscan mantener el control sobre el cuerpo, los pensamientos y las decisiones de las mujeres.

Aunque luego aseguró que sus declaraciones fueron sacadas de contexto, las palabras del cura son imposibles de suavizar: “No apoyen a las jóvenes matando a sus hijos para que dejen de estorbar y se diviertan; mejor maten a sus hijas para que ellas no estorben

Lo dijo durante la homilía del domingo pasado, desde el púlpito, frente a la feligresía, lo cual le confiere un carácter de adoctrinamiento. Aseguró que una mujer que aborta “tampoco va a servir para nada, está hueca moral, física y sicológicamente” ¿Cómo funciona el cerebro de alguien que pretextando defender la vida, llama a asesinar mujeres, especialmente en un país donde se cometen 10 feminicidios diarios?

Por otro lado, estos integrantes de la Iglesia Católica se manifiestan tan profundamente preocupados por el bienestar de los niños cuando se trata del tema del aborto, pero no se escucha su voz acusadora en los casos de pederastia protagonizados por sus colegas.

Tuvo lugar otra reacción: una manifestación frente a la Suprema Corte de Justicia en contra del fallo de no penalizar el aborto, a la que asistió cerca de un centenar de personas, de acuerdo con los reportes periodísticos. Vestían de azul celeste, portaban globos del mismo color, así como imágenes religiosas y pancartas.

La reflexión se repite en este caso: si están tan preocupados por los niños mexicanos, ¿por qué no hacen mítines para demandar la acción de la justicia en contra del negocio de la pornografía infantil, que tan próspero es en este país o para cancelar los llamados “paraísos de turismo sexual” – con menores de edad que se ofrecen como mercancía – o para protestar por las constantes violaciones en contra de niñas y adolescentes, la mayor parte de los cuales quedan impunes?

Ahí es donde debería concentrarse la acción social en defensa de niñas, niños y adolescentes. Excepto algunas organizaciones de la sociedad civil, unos cuantos periodistas comprometidos con estos temas – tengo en la mente a Lydia Cacho, por supuesto–hay inacción, desinterés e incapacidad de reaccionar.

Si la Suprema Corte de Justicia acuerda – en una resolución que es un ejemplo de amplitud de miras – que es función del Estado prevenir los embarazos no deseados abordando el problema como un asunto de educación y salud, en lugar de penalizar, por ejemplo, a una adolescente que no cuenta con los elementos para hacerse cargo de un hijo, ¿no deberíamos estar todos los mexicanos complacidos por la transformación en el enfoque de un problema tan sensible?

Los banales argumentos del cura de Monclova en el sentido de que las mujeres abortan para “seguirse divirtiendo” se multiplican en las redes sociales, porque ésta es una sociedad muy dispuesta a señalar al otro – a la otra – con dedo flamígero.

Eso resulta más fácil que asumir que vivimos en un país machista en extremo, donde la violencia contra las mujeres es cotidiana, donde una gran cantidad de hombres consideran que tienen el derecho de tomar el cuerpo de una mujer o una adolescente o una niña o un niño impunemente, donde la auténtica educación sexual es inexistente, donde los servicios de salud están saturados y no funcionan o funcionan mal hasta en las urgencias, no digamos en temas de control de la natalidad o prevención de embarazos y donde las familias son incapaces de dotar de herramientas a los jóvenes para que el inicio de su sexualidad sea lo más sano posible.

En fin, muchos en nombre de la defensa de la vida, quisieran ver lapidadas a las mujeres, las adolescentes o las niñas que deciden no ser madres, la Iglesia Católica la primera, sin recordar aquello de “el que esté libre de culpa, tire la primera piedra”

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