Conecta con nosotros

La Nación y el Mundo

Rescatan a ejemplares de vida silvestre, algunos en peligro de extinción

Avatar

Publicado

en

Aguilillas, monos y hasta un león, han sido recuperados gracias a varias denuncias ciudadanas.

Diversos ejemplares de vida silvestre, algunos catalogados en peligro de extinción, fueron rescatados en Chiapas, Guerrero, Puebla, San Luis Potosí y Yucatán, según reportes de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

En su sitio oficial, la Profepa informa que el pasado 29 de enero atendió una denuncia ciudadana que solicitaba el rescate de un mono saraguato (Alouatta pigra) en el municipio de Catazajá, Chiapas. En coordinación con la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural del Gobierno del Estado, el primate fue asegurado por la Profepa y permanecerá bajo observación médica veterinaria en tanto se determina su destino final.

Esta especie se encuentra enlistada en la categoría En peligro de extinción (P) en la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT 2010 y en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Asimismo, el 28 de enero se reportó el hallazgo de un felino que no podía salir de un estanque, en el municipio guerrerense de Petatlán. Después de ser rescatado, el tigrillo adulto de la especie Leopardus tigrinusal (catalogado como vulnerable en la Lista de IUCN) fue trasladado a una clínica veterinaria y posteriormente liberado en el medio natural.

Mientras que en Puebla, el pasado 3 de febrero, luego de un cateo realizado por la Fiscalía General del estado a un domicilio particular, se solicitó el apoyo de la Profepa para el resguardo de un ejemplar de león (Panthera leo), también clasificado como vulnerable en la Lista de IUCN.

Debido a su mal estado de salud –presenta algunas lesiones–, el felino está actualmente en valoración médica y permanece resguardado en el Predio o Instalación que Maneja Vida Silvestre (PIMVS) Tetechalco, en el municipio de Tepexco.

En San Luis Potosí, el 29 de enero fue entregado voluntariamente en las instalaciones de la policía de Calvillo un ejemplar de aguililla de Harris (Parabuteo unicinctus), el cual fue canalizado a la Unidad de Manejo “CEAR Rodolfo Landeros Gallegos”, para continuar con su tratamiento, rehabilitación y posterior reintegración a su hábitat natural.

En Yucatán

A finales de enero, se recibió la denuncia de posesión de una aguililla cola roja (Buteo jamaicensis) en un predio ubicado en el municipio de Tizimín, Yucatán, cuyo morador no acreditó la legal procedencia del ave, por lo que ésta fue asegurada y posteriormente entregada bajo depósito administrativo a la Unidad de Conservación y Manejo de Vida Silvestre (UMA) “Parque Zoológico del Bicentenario-Animaya” para su cuidado.

También te puede interesar: Primera especie extinguida del 2020: el pez remo gigante chino

Madre América

Eusebio Leal nos enseñó a ver La Habana con nuevos ojos

MARIETA CABRERA

Publicado

en

El gesto de tributo a Eusebio Leal se inspira en la popular canción Sábanas blancas, del trovador cubano Gerardo Alfonso, que evoca con esa imagen el espíritu de La Habana: desinhibido, franco.

Sin reponerse de la partida física del hombre que tanto la amó, La Habana salió a los balcones y colgó sábanas blancas que esta vez anudó con tristeza. El gesto, multiplicado en las barriadas de la urbe pocas horas después de conocerse el fallecimiento de Eusebio Leal Spengler, el pasado 31 de julio, fue parte del tributo de los habaneros al Historiador de la Ciudad.

Poseedor del don de la oratoria, Eusebio supo contar como nadie la historia de La Habana y, más que eso: la de Cuba. Escucharlo era para cualquier auditorio, incluso para el integrado por conocedores del tema, un aprendizaje y, a la vez, un encantamiento.

Por estos días se ha recordado al muchacho de formación autodidacta que con apenas 25 años se convirtió en director del Museo de la Ciudad de La Habana, un camino en el que –como reconoció siempre Eusebio–, mucho debió a Emilio Roig de Leuchsenring, su maestro y predecesor, quien “abrió enormes puertas para mí y me regaló mis primeros libros de historia”.

Durante los más de cincuenta años que se dedicó a obrar por la ciudad, Leal enfrentó incomprensiones, el desaliento de algunos, la burocracia  –“mal que pervierte a la administración”, decía–, entre otras adversidades, pero nada lo detuvo en su proyecto de reconstruir el Centro Histórico, entendido no como el simple hecho de restaurar para exhibir la belleza del patrimonio, sino como un proceso cultural, participativo, cuyo centro es la gente que habita esos espacios.

Lo ilustran el hogar materno, la clínica de rehabilitación infantil y las instituciones dedicadas a la atención del adulto mayor que surgieron en esa parte de la ciudad, sin olvidar la editorial Boloña, la emisora Habana Radio, los museos, las escuelas… Entre las últimas, una en particular: la Escuela Primaria Rafael María de Mendive, institución que renace de los cimientos y el espíritu del otrora colegio San Pablo, donde una vez estudió José Martí.

En la calle del Prado, distinguida entre las que conforman esa parte antigua de la urbe, está la escuela.  El tres de septiembre de 2018, cuando se abrieron sus puertas y el patio fue colmado de niños y niñas, Eusebio se veía feliz.

Esta obra significa –había dicho minutos antes el doctor en Ciencias Históricas– “seguir la huella del magisterio cubano que tuvo a lo largo de siglos el papel de ser depositario de valores, de sentimientos, de pureza, abnegación, sacrificio, patriotismo; que tuvo su momento más alto en los años que precedieron al gran levantamiento del 10 de octubre, saludado por José Martí con emotivos versos-escritos probablemente sobre el pupitre de esta escuela-cuando recuerda que sobre el piano y con un plano del oriente de Cuba, el maestro Mendive y  algunos de los maestros y amigos, seguían con el índice la marcha del Padre de la Patria por el oriente de Cuba”.

Un año después, el 15 de noviembre de 2019, en una entrevista publicada en la revista BOHEMIA, al insistir en que la obra social nunca debe ser menor que la obra artística o la de restauración, expresó: “Me alegro que La Habana esté. Hay muchas ciudades en el mundo que en aras de una reinterpretación de la modernidad cambiaron completamente. Las conozco bellas pero desiertas, convertidas en ciudades fantasmas porque el uso y abuso de una determinada corriente de explotación las ha transformado, están como embalsamadas.

La Habana es una ciudad viva. Cuando comenzamos el proyecto del Centro Histórico hace tantos años, la idea de lo social estuvo y estará siempre. De manera que la ciudad viva, que la gente entre y salga, haga su vida cotidiana, establezca formas de trabajo, negocios, que no permitan que la ciudad muera”.

Pero esta tarea colosal –sabía el historiador– no puede ser realizada por un solo hombre: “Quien debe hacer algo como lo mío requiere una multitud”, admitía, y se mostraba agradecido por las legiones de arquitectos, urbanistas, obreros que durante años habían trabajado vinculados a la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Entre ellos, a pie de obra, se le vio muchas veces, convencido de que la única manera de solucionar los problemas es trabajando y uniendo a las personas. Mucho se ha de extrañar al intelectual, al patriota, al revolucionario que en un congreso de escritores y artistas cubanos, en la Asamblea Nacional–como diputado por varias legislaturas–, y en otras tribunas, expresó con valentía lo que pensaba sobre asuntos peliagudos de la realidad cubana. No era Eusebio hombre de andar con paños tibios. Y por eso también fue querido y respetado.

Duele la certeza de no hallarlo a la vuelta de una esquina, recorriendo las calles de la ciudad, la que quería más cuidada y amada por sus habitantes. Es esta, pues, una deuda que tenemos todos con La Habana y con el más Leal de sus admiradores, quien nos enseñó a verla con nuevos ojos.

También te puede interesar: Inaugura Cuba planta de producción de pépti-dos sintéticos, primera de su tipo en el país

Continuar Leyendo

Madre América

Bandeirantes y misiones jesuitas

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

Desde 1580, tras la unión de los tronos de España y Portugal, los límites fijados por el Tratado de Tordesillas (1494) entre Hispanoamérica y Brasil comenzaron a ser ignorados por los bandeirantes. Este era el nombre de bandas armadas, salidas del litoral brasileño, que penetraban al interior del continente enarbolando sus propias banderas o bandeiras en portugués. Al avanzar por los vedados territorios hispanoamericanos, prácticamente desconocidos para los europeos, los bandeirantes buscaban oro, plata, piedras preciosas o incluso indígenas, a los que vendían como esclavos en las plantaciones azucareras de Pernambuco.

Salidas de Sao Paulo, aunque algunas lo hacían de Bahía, estas bandas de aventureros criollos y portugueses, recorrían durante meses las tupidas selvas sudamericanas, aprovechando las redes hidrográficas del Paraná, el Sao Francisco y el Amazonas, hasta encontrar algo de valor que llevar a la costa de Brasil. Ese proceso expansionista coincidió con la aparición en la región de los jesuitas que, autorizados por la Corona española, reunían a los guaraníes en reducciones. En 1610 se fundó la primera misión (Loreto) en el Guairá, en el actual estado brasileño de Paraná. Otros jesuitas les siguieron y ya hacia 1630 la orden fundada por Ignacio de Loyola poseía en la cuenca del Plata cuatro amplias comarcas con miles de aborígenes agrupados en 27 misiones, ente ellas las del Guairá, Paraná medio (Paraguay), Entre Ríos y la del margen izquierdo del Uruguay (Siete Misiones).

Las reducciones del Guairá, por ser las más próximas a Sao Paulo, fueron las primeras amenazadas por los bandeirantes, que preferían apoderarse de los indígenas de las misiones, más valiosos y disciplinados que los que vivían dispersos en total libertad. Los jesuitas no sólo evangelizaban a los pueblos originarios y los concentraban en lugares de más fácil acceso, sino también los enseñaban a escribir en guaraní –para lo cual elaboraron incluso una gramática-así como técnicas y costumbres europeas para la agricultura y la vida cotidiana. En 1628 cientos de bandeirantes, encabezados por Manuel Preto y Antonio Raposo, atacaron y destruyeron varias reducciones jesuitas en la orilla izquierda del Paraná y se llevaron miles de indígenas para los mercados de esclavos de Sao Paulo y las plantaciones costeras.

Imposibilitados de detener las constantes depredaciones de los bandeirantes, los jesuitas alejaron las misiones lo más posible de Brasil. No satisfechos con la conquista del alto Paraná, los paulistaslospersiguieron con saña hasta sus reducciones del Paraguay, Entre Ríos y la Banda Oriental, haciendo caso omiso a las disposiciones oficiales que trataban de impedir sus razzias. Durante la primera mitad del siglo XVII no dieron tregua a los jesuitas ni dejaron de realizar sus incursiones en busca de esclavos, como bien recrea el laureado filme norteamericano La Misión (1986), protagonizado por Roberto de Niro. Incluso los jesuitas, que llegaron a armar y entrenar a los pueblos originarios para su auto defensa, enfrentaron al propio ejército portugués que pretendía desalojarlos de las Siete Misiones en las mal llamadas guerras guaraníes (1753-1756).

Desde 1640 la separación de España y Portugal había hecho más difícil la penetración de los paulistas en el territorio hispanoamericano, por lo que tuvieron que dejar sus ataques a las reducciones jesuitas y conformarse con llevar sus campañas al norte y al oeste, donde su suerte pronto cambió. A fines del siglo XVIII los bandeirantes encontraron los anhelados minerales preciosos en las márgenes de un tributario del río Sao Francisco –das Velhas- y en el río Doce, que desagua en el Océano Atlántico, al noroeste del Río de Janeiro. En las fuentes de ambas arterias, se fundó en 1690 la villa de Ouro Preto, convertida pronto en el centro de la explotación minera en la región que se llamó Minas Geraes. Desde entonces, las actividades de los bandeirantes quedaron en el pasado, dejando como herencia la desaparición de buena parte de los pueblos originarios y un Brasil mucho más extenso que el delineado en el tratado de Tordesillas.

También te puede interesar: Eusebio Leal, el imprescindible historiador de La Habana

Continuar Leyendo

Madre América

Eusebio Leal Spengler

Eric Villanueva Mukul

Publicado

en

Sergio Acosta Salazar, Eric Villanueva Mukul, Eusebio Leal y Miguel Hernández en la Casa Benito Juárez en La Habana, Cuba. Septiembre de 2002.

Tuve la dicha y el honor de conocer a Eusebio Leal Spengler en el verano del 2001, cuando la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados de México, encabezados por su Presidente el Diputado Ricardo García Cervantes y un servidor como Vicepresidente, realizamos una visita a La Habana para entrevistarnos con la Asamblea del Poder Popular de Cuba.

La agenda incluía una serie de encuentros con nuestros homólogos cubanos, con el gobierno cubano, con su Presidente Fidel Castro Ruz y entre otros una visita a La Habana Vieja.

En la visita a La Habana Vieja fuimos recibidos por Eusebio Leal en el Palacio de los Capitanes Generales, en ese entonces, si la memoria no me traiciona, sede de la Casa del Historiador y de su Director. Después de una breve recepción y de mostrarnos los logros en la restauración de dicho Palacio, procedimos a realizar una visita por La Habana Vieja para constatar los avances en el rescate de los antiguos edificios, muchos de ellos deteriorados por el tiempo y la falta de mantenimiento, que en ese entonces se venía realizando con el apoyo de la UNESCO y el gobierno cubano, para salvar dichos edificios devolverles su belleza y muchos de ellos rescatarlos para su uso público y como vivienda popular. La  perseverancia y dedicación terminó transformando y dándole nueva vida a La Habana Vieja para disfrute de los habitantes de esa ciudad y como Patrimonio de la Humanidad. La restauración de La Habana Vieja sirvió como ejemplo de lo que se podía hacer en varias ciudades de América Latina y el Caribe.

De ese primer encuentro me habían impresionado varias cosas de Eusebio: su dominio del tema y la entrega en la realización de su labor, pero sobre todo la sencillez y la calidez de su trato.

El 16 de septiembre de 2002 en la Ofrenda Floral frente al Monumento de Miguel Hidalgo y Costilla en La Habana. Eusebio Leal, el Diputado cubano Ramón Pez Ferro y Eric Villanueva Mukul.
 

Un año después, en septiembre del 2002, durante el gobierno de Vicente Fox con motivo de las tensas relaciones existentes entre México y  La Habana, y ante la amenaza del rompimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, en mi carácter de Vicepresidente y Presidente electo de la Cámara de Diputados, encabecé una delegación de diputados mexicanos que, como parte de la diplomacia parlamentaria, ayudara a mejorar dichas relaciones.

Dicha delegación asistió a las festividades que, con motivo de la independencia de México, nuestra Embajada realizaba cada año en la Isla. Ese año se había suprimido cualquier festividad, no obstante el gobierno cubano organizó una Gala en el Teatro Carlos Marx, con la asistencia de distinguidas personalidades de la cultura y el gobierno cubano encabezados por el propio Fidel Castro.

La agenda incluyó también la entrega de una Ofrenda Floral ante el monumento de Miguel Hidalgo y Costilla, así como una visita a la Casa Benito Juárez; en ambas actividades nuestro anfitrión fue Eusebio Leal, quien además de ser el Historiador de La Habana, era Diputado a la Asamblea del Poder Popular. Nuevamente Eusebio nos obsequió su gran conocimiento de la historia de México y de las relaciones históricas entre México y Cuba a través de los siglos. Nos mostró el gran rescate realizado en el edificio de la Casa Benito Juárez y la consagración de dicho espacio para fomentar la amistad y el intercambio cultural entre Cuba y México.

En julio del 2003 tuve el gusto de saludarlo durante la VI Interparlamentaria México-Cuba realizada en Morelia, Michoacán en la que ambos formábamos parte de nuestras respectivas delegaciones parlamentarias. Más allá de los resultados positivos que tuvo dicha reunión para mantener firmes las relaciones entre ambos países, Eusebio nos dejó un buen sabor de boca por su capacidad oratoria, su gran cultura y sobre todo su gran habilidad argumentativa.

Cuba y la humanidad han perdido al historiador, al asambleísta, al hombre culto, al polemista; pero su obra escrita y material plasmada en sus libros y sobre todo en el rescate histórico, arquitectónico y urbanístico de La Habana Vieja como Patrimonio de la Humanidad, lo va a trascender.


Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS