Conecta con nosotros

Madre América: Puerto Rico

Puerto Rico, el Estado contra el pueblo y la crisis que no termina

Edwin Sierra González

Publicado

en

Cualquiera podría decir que la naturaleza se ha ensañado con Puerto Rico y que los más de tres lustros de crisis económica que han elevado los niveles de pobreza, ha reducido las oportunidades de empleo y la capacidad de cubrir la canasta básica de alimentos de los puertorriqueños y puertorriqueñas no ha sido suficiente. Que el exilio que sufren miles y miles de compatriotas es sólo una consecuencia. Pero no, sin duda, la crisis le ha permitido a los ciudadanos, ver en detalle la mediocre clase política colonial que gobierna la el archipiélago. Junto a esa crisis, gestada por el despilfarro de los recursos económicos que han perpetrado los partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático, la naturaleza se ha manifestado de manera feroz, lo que ha permitido mostrar nuestra grandeza de país como pueblo, pero a la vez, la miseria de espíritu de muchos de nuestros políticos. Sí, políticos, porque líderes es un término que les queda grande.

El paso del huracán María en 2017, cuya secuela dejó sobre 4,600 muertos en Puerto Rico, puso al descubierto la pobreza y los niveles de desigualdad que vienen consumiendo al país desde 2004. Pobreza cimentada en un paupérrimo salario mínimo de $7.25 USD, que aunque para algunos en el exterior podría parecer mucho, no lo es en un país donde un litro de leche cuesta $2.00 y una barra de pan de 450 gramos $2.50. La crisis de María dio paso a la crisis que sacó a la luz el famoso “chat” que sumió a Puerto Rico en protestas durante unas dos semanas, en las que el país se paralizó y el Gobernador Colonial renunció, ocurriendo esto por primera vez en la historia contemporánea. La crisis, agudizada por las burlas a los muertos a causa de María, los comentarios homofóbicos, machistas y misóginos, así como la admisión de manipulación mediática y amenazas contra la vida de figuras del país, se arraigó mas con el encuentro de suministros y víveres que fueron escondidos y guardados por el Estado y no fueron entregados a los damnificados, según algunos, en beneficio de las compañías multinacionales para que sus ventas no se vieran afectadas. Así, el Estado privó a cientos de miles de puertorriqueños de agua  potable, comida y otros elementos esenciales en momentos en que el país carecía de agua, electricidad y la comida estaba siendo racionada en los mercados a causa de la crisis. El Estado fue responsable de la muerte de miles de ciudadanos a quienes pretendió minimizar e ignorar contando solo 16 fallecidos en sus cifras oficiales.

El dolor y la rabia no terminan ahí. La naturaleza nos ha sorprendido nuevamente, sin habernos recuperado de las ruinas y las muertes de María. Desde el pasado 28 de diciembre de 2019, el país ha estado sumido en un enjambre de temblores que fueron en aumento y, hasta ahora, ha parecido alcanzar su cénit en el destructivo terremoto del 7 de enero de 2020, de 6.6. grados en la escala Richter, cuyo epicentro estuvo en el sur de la isla y devastó cientos de residencias y edificios históricos, entre ellos la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Guayanilla, la cual se edificó en 1841 y yace en ruinas en el corazón de la ciudad.

La herida de la tragedia se abría nuevamente en el corazón del pueblo que se ha desbordado en ayuda en viajes constantes desde el norte del país para llevar ayuda a los damnificados del sur. Un pueblo, que aprendiendo de las lecciones del pasado, ha desconfiado de sus instituciones y han entregado la ayuda ellos mismos, de puertorriqueño a puertorriqueño, sin intermediario, porque no se confía en el gobierno que dejó morir a miles de ciudadanos en el 2017 escondiendo suministros. Un gobierno que se lucra del dolor y la desgracia del pueblo para enaltecer sus campañas en año electoral, a meses de las elecciones coloniales.

Y así, en medio de la autogestión, el golpe de la traición azota de nuevo. Después de poco más de una semana del terremoto que destruyó hogares y dejó en refugios a miles de ciudadanos, un almacén con suministros desde el huracán María fue encontrado por ciudadanos en la ciudad de Ponce, esto en medio de los pedidos de ayuda del gobierno. O sea, el gobierno pidiendo la ayuda ciudadana, cuando almacenes repletos de ayuda humanitaria, nuevamente, le está siendo negado a los ciudadanos, al punto de que se encontraron miles y miles de cajas de agua embotellada expiradas desde 2019. El almacén contiene carpas, catres, comida enlatada, comida para infantes, tanques de gas para estufas y otros víveres de primera necesidad, en momentos en que los refugios han sufrido hasta inundaciones.

Los hallazgos han levantado una nueva ola de protestas similar a las del verano de 2019, que pide la renuncia de la gobernadora, Wanda Vázquez, quien por mandato constitucional, debió asumir tras la renuncia de Ricardo Roselló. Sobre todo, porque a pesar de negarlo, ha salido a la luz pública documentos que certifican que la misma tenía conocimiento de los almacenes y no los puso a disposición del pueblo. Su admisión pública ha enardecido a un país sumido en el desastre, la pobreza y la corrupción. Un país que nuevamente es estrangulado por la clase política y asesinado por el Estado. Las protestas, que intentan ser desacreditadas por el gobierno, se enfrentan a la censura que se intenta imponerles, tildándoles de ilegales, pues el gobierno exige que acaben a las 11:00 de la noche, lo que es inconstitucional, violentando el derecho a la libre expresión y las protestas. El nuevo capítulo apenas comienza y muestra la verdadera cara de aquellos que se presentan a las elecciones de noviembre 2020 y aspiran a dirigir la colonia. Esto no se detiene.

También te puede interesar: Puerto Rico 2020: espanto y posibilidad del año electoral

Madre América: Puerto Rico

Marzo agridulce: 1873 vs. 1937, todo por la libertad

Edwin Sierra González

Publicado

en

El mes de marzo siempre representa un mes agridulce en la historia nacional, un mes de avances y grandes dolores que han marcado el tránsito de Puerto Rico entre las victorias de justicia social e igualdad y la represión abusiva e histérica de aquellos que piensan que como sociedad, no tenemos del derecho a elegir bajo nuestra propia idiosincrasia. La última del siglo XIX contrasta con la primera mitad del siglo XX. El primero, proporcionó uno de los grandes hitos de nuestra historia colectiva, mientras el segundo, uno de las derramamientos de sangre más violentos perpetrado por el Estado contra sus ciudadanos.

La lucha antiesclavista

El siglo XIX en Puerto Rico fue un siglo de grandes transformaciones y un fuerte crisol en la construcción de la identidad nacional, esos elementos socio-culturales que nos separaban de España, por encima de la dominación política y militar. Como parte de ese proceso, surge en Mayagüez en 1858, de la mano del Padre de la Patria, don Ramón Emeterio Betances y Alacán, quien regresaba recién graduado de medicina en París, una sociedad abolicionista secreta que junto a don Segundo Ruiz Belvis, José Remigio Paradís y José Francisco Basora se dedicaban a liberar esclavizados en las pilas bautismales de las iglesias. Esta acción concertada surgió tras la aprobación de un bando por parte del Gobernador Juan de la Pezuela Cevallos, que en uno de los artículos establecía en 25 pesos, el precio de “redención” del esclavizado recién nacido. Betances pagaba las liberaciones de su propio capital, mientras que Ruiz Belvis liberó a todos los esclavizados que había heredado. Por estas acciones, que debilitaban el sistema esclavista, Betances fue desterrado de Puerto Rico por primera vez.

Más adelante, el puertorriqueño Julio Vizcarrondo y Coronado funda en Madrid, la Sociedad Abolicionista Española en 1865, encarga de impulsar el ideal desde la antigua metrópoli. Esto, sin duda, acarreó oposiciones en Madrid y de los grandes hacendados de Puerto Rico y Cuba dado que sus sistemas de producción dependían de los esclavizados. Sobre todo Cuba, pues mientras en Puerto Rico se contaban apenas unas 30,000 almas en esta condición, Cuba ascendía a 400,000.  A pesar de ello, la Delegación de Puerto Rico llegada a Madrid en 1867, compuesta por José Julián Acosta, Segundo Ruíz Belvis y Francisco Mariano Quiñones, para informar sobre las Reformas Administrativas que debían hacerse, exigió la abolición inmediata de la esclavitud con o sin indemnización, causando gran revuelo. Ante la inacción, el Grito de Lares en Puerto Rico, promulgaba la abolición del sistema. Aunque sofocado por España, la Gloriosa en Madrid, permite la llegada del gobierno liberal que estableció la Ley Moret  o de “Vientres Libres” en 1870, preparando así el camino para un proyecto de ley en 1872 que promulgaría el fin de la esclavitud en Puerto Rico. La fuerte oposición  de hacendados hispano-cubanos, con la creación de comités antiabolicionistas,  también hizo eco entre hacendados puertorriqueños que dependían de este modelo de producción o incluso argüían que los libertos quedarían a su suerte.

A pesar de la oposición, después de la abdicación de Amadeo I de Saboya, una alianza monárquico-progresista, tras la proclamación de la Primera República, aprueba el 22 de marzo de 1873, la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. Esto no significó una libertada inmediata, pues los recién libertos quedaban obligados a trabajar con sus antiguos amor por tres años para garantizar la producción. Por ello, sobre 60% continuó trabajando hasta 1876. Aún con este acuerdo, significó un logro para Puerto Rico pues en Cuba el proceso abolicionista no comenzó hasta 1880.

La masacre de Ponce

Tras la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, Puerto Rico pasaría a manos de Estados Unidos, lo que provocó un desgarre socio-económico que hundió al país en la bancarrota. En medio de un gobierno militar impuesto por la nueva metrópolis estadounidense, la moneda local fue devaluada en un 60% por ciento, provocando la caída de los comerciantes puertorriqueños, sobre todo, porque se decretó una moratoria de pago de un año que sumó a la crisis una gran descapitalización de aquellos que habían realizado préstamos y no verían recuperadas sus ganancias.

De igual forma, el gobernador sería designado por Estados Unidos y los puertorriqueños sólo podían elegir a sus representantes del poder legislativo y todas sus leyes podían ser derogadas por el congreso estadounidense, lo que contrastaba con los poderes ganados mediante el Gobierno Autonómico de 1897. Puerto Rico, bajo la soberanía estadounidense, retrocedía siglos de andadura y avances políticos. Este desfase, provocó la creación de movimientos separatistas como el Partido Nacionalista de Puerto Rico, capitaneado por Don Pedro Albizu Campos, un prominente abogado graduado de Harvard, a quien se le conoce por muchos como “el último libertador de América”. El movimiento, que promulgaba las acciones armadas para alcanzar la independencia, también hacía manifestaciones pacíficas en honor de la cultura, la identidad y las raíces hispanófilas que Estados Unidos buscaba eliminar. En ese momento, el español en Puerto Rico era prohibido en el sistema público de enseñanza, así como el uso de la bandera puertorriqueña, este último so pena de delito de sedición.

Como parte de las actividades realizadas por el Partido Nacionalista, el 21 de marzo de 1937, se prestaban a realizar un desfile en conmemoración del sexagésimo cuarto aniversario de la Abolición de la Esclavitud en Puerto Rico. A pesar de tener todos los permisos necesarios, acción irrelevante dado que en Puerto Rico las calles y plazas eran públicas, el gobernador estadounidense Blanton Winship se oponía a la celebración de la efeméride a toda costa. Para ello, obligó al alcalde de Ponce a retirar la autorización e incluso inmiscuyó a la iglesia quien arguyó que por ser Domingo de Ramos la misma no podía realizarse. Los nacionalistas sabían que todo era un montaje, por lo que harían la marcha pacífica de todas formas.

Ante esto, el gobierno ordenó la concentración de agentes policiacos  y expertos tiradores en Ponce venidos de otros pueblos de la Isla. Todo para amedrentar y detener la manifestación ya organizada y autorizada. A pesar de ello, los marchantes se prestaron a comenzar la celebración: los Cadetes de la República y el Cuerpo de Enfermeras-Hijas de la Libertad, comenzaron a andar sin saber lo que les esperaba. Junto con la entonación de La Borinqueña, nuestro Himno Nacional, y sus primeros pasos, una feroz balacera fue lanzada sobre ellos por parte de la Policía Insular de Puerto Rico, aun conociendo que los nacionalistas estaban desarmados. Informes apuntan que los policías estuvieron disparando indiscriminadamente por sobre 15 minutos, incluso con ametralladoras Thompson.

El saldo de la balacera fue atroz: 19 muertos y sobre 230 heridos, entre los que hubo mujeres y niños, todo por la negativa del ejecutivo estadounidense se permitir la actividad conmemorativa. A pesar de la masacre, el gobernador pretendía inculpar a los nacionalistas, pero el fiscal puertorriqueño Rafael Pérez Marchand se negó a tales calumnias, por lo que renunció. La investigación hecha por la Comisión de Libertades Civiles de Estados Unidos responsabilizó a Blanton Winship y su gobierno por la masacre concluyendo que los nacionalistas no estaban siquiera armados y que fue la policía los primeros en disparar. Tras las conclusiones, la presión del Congreso llevó al presidente anglosajón a destituir a Blanton Winship en marzo de 1939, casi dos años después de los trágicos sucesos que tiñeron de sangre la ciudad ponceña. A pesar de la responsabilidad, el gobernador ni los miembros de la policía enfrentaron cargos criminales ni juicio por sus acciones, quedando estos crímenes impunes en la historia puertorriqueña, pero no olvidados como uno de los capítulos más crueles y sangrientos del colonialismo estadounidense en Puerto Rico.

Marzo representará siempre un sabor agridulce en la memoria del pueblo. Un pueblo siempre apegado a las causas justas que ha sabio saborear la libertad de sus semejantes y adolecer y llorar la caída de los inocentes apresador por la soberbia y la embriaguez de poder.

Continuar Leyendo

Madre América: Puerto Rico

Coronavirus contra Coloniavirus, incompetencia ante síndrome del colonizado

Edwin Sierra González

Publicado

en

La emergencia mundial que azota a todos los continentes por el nuevo Coronavirus, bautizado como COVID-19, ha hecho estragos en todas las esferas sociales que componen las interacciones humanas. Sin duda, el costo de vidas e impacto a la salud, son las más que preocupan a los gobiernos en general, seguido, indudablemente, por el impacto devastador que tiene sobre la economía. En particular, sobre una como la puertorriqueña, la cual se encuentra en recesión desde hace mas de una década y en los últimos tres años se ha visto azotada por tragedias como huracanes, terremotos y ahora el brote pandémico.

Las decisiones tomadas durante las últimas semanas por parte del Estado colonial son una retahíla peligrosa de ocultismo, oportunismo, politiquería, negligencia e incompetencia crasa. El hecho de que Puerto Rico se encuentre en año electoral le juega en contra, pues la clase política del país, que se sirve del pueblo, está enfocada en mantener sus puestos de cara al próximo cuatrienio.

La embestida ha sido salvaje, a tal punto, que el ahora depuesto Secretario de Salud, quien tuvo que renunciar ante los positivos de COVID-19 en la Isla, llegó a argumentar que no debíamos preocuparnos porque el virus no llegaría, que estaba lejos del Caribe. Como si las expresiones del funcionario no fueran ya irresponsables ante la realidad que se vivía, la Epidemióloga del Estado, la Dra. Carmen Deseda, sostuvo que la preocupación era innecesaria pues lo que le ocurrió a Italia, era porque este país europeo estaba cerca de China, lo que demuestra una falta absoluta de cultura general. Junto con esas pésimas excusas que buscaban minimizar la situación y su posible impacto sobre el país, el gobierno optó por rechazar la ayuda ofrecida por la Organización Panamericana de la Salud en cuanto al ofrecimiento de pruebas para la detección del virus, solo para sostenernos del cordón umbilical del amo anglosajón, esa relación colonial impuesta por Estados Unidos a la fuerza Tal decisión, llevó a que los puertorriqueños tuviesen que esperar prácticamente una semana para determinar si los casos bajo observación eran positivos al virus. Una semana en la que el gobierno desfilaba con excusas en conferencias de prensa y responsabilizaba al Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, por no tener los resultados a tiempo o no darle atención al asunto que ocurría en la isla. Un espectáculo bochornoso, cuando otras organizaciones internacionales ya habían ofrecido apoyo para poder realizar el estudio en Puerto Rico, sin tener que esperar los resultados desde la metrópolis colonial. Luego trascendió, que la demora respondió a una cumplimentación errónea de los procedimientos para el envío de las pruebas tomadas. Fue esta gota la que colmó el vaso de la negligencia y provocó el despido, mediante renuncia solicitada, del entonces Secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado.

Junto con este abrupto cambio de mando en la jefatura de Salud, la imprudencia y la avaricia se han hecho presentes a través de las compañías navieras estadounidenses, empresas encargadas de traer suministros a este país que importa sobre el 80% de lo que consume, pues las mismas decidieron aumentar sus precios de cabotaje para traer productos a Puerto Rico en plena urgencia sanitaria. A manera de ejemplo, las navieras aumentaron de $85.00 y $195.00 dólares a $110.00 y $250.00 dólares respectivamente, sus cargos por envío, lo que es un duro golpe que encarece más la adquisición de bienes en un país obligado a usar exclusivamente la marina mercante estadounidense, que es una de las más caras del mundo.

Desde hace semanas se venía manejando la posibilidad de que el virus llegara y aquellos que se hacen llamar líderes se paseaban por “Lalalandia”, sin tomar las medidas de precaución necesarias. El gobierno no comenzó un control de los vuelos de los aeropuertos y sus pasajeros e incluso permitió la entrada a la isla de cruceros con turistas europeos, siendo una ciudadana italiana de sobre sesenta años y su esposo los primeros casos positivos en la isla. ¿Cómo es que hay que dejarlo todo en manos del gobierno federal? Aún sabiendo las veces que este ha fallado, no tenemos un Estado proactivo y preventivo. Solo una colonia gobernada que espera la llegada de la crisis para tener una excusa válida mediante la cual exigir millones de dólares en fondos por lo que salivan, para luego ocultárselos al pueblo en almacenes y otros escondrijos que, tal vez, los usan solo para su propio beneficio ignorando el dolor y la necesidad del pueblo.

La negligencia ha provocado ya varios casos confirmados y sobre una decena bajo evaluación, lo que ha resultado en la suspensión del sistema educativo público y privado, así como labores en todo el país junto a un toque de queda 24/7 que solo permite salir para adquirir alimentos y medicamentos o recibir atención médica entre las 05:00 y 21:00 horas, pues entre las 21:00 y 5:00 horas, el cierre es absoluto, permitiendo la salida de aquellos que presten servicios de salud u otras urgencias.

Y no vale que los funcionarios de la alta jerarquía del Estado se molesten. No. Porque cuando un gobierno es incompetente, merece ser increpado y cuestionado por todos los medios posibles. Las actitudes hostiles de algunos cuando no se les sigue o apoya en su línea de pensamiento, demuestran la embriaguez de poder y soberbia que les corrompe, porque no están ahí siquiera como producto de su esfuerzo e ilustrísimo servicio en su campo, sino como resultado de un favor político que se pagó una vez ganadas las elecciones. Elecciones a las que estamos próximos a enfrentarnos nuevamente. O aprendemos a elegir nuestros líderes para que nos sirvan y rindan cuentas o se volverán nuestros verdugos, alejándonos de la verdad y sometiéndonos cuanto puedan a la mentira, la marginación y el desasosiego. Hemos vivido una tragedia tras otra en corto tiempo y visto el comportamiento de los políticos. Aún hay tiempo para pensar en todo lo que está pasando y observar detenidamente las acciones y procederes de aquellos que ocupan puestos de dirección en el gobierno. Hagámoslo.

Continuar Leyendo

Madre América: Puerto Rico

100 x 35: Entre el reciclaje electoral y la esperanza

Edwin Sierra González

Publicado

en

La proximidad de las próximas elecciones coloniales, más coloniales e inútiles que nunca porque la Junta de Control Fiscal impuesta por Estados Unidos controla las decisiones del país, inaugura el fiasco electoral que supone las candidaturas que se presentan a los próximos comicios a celebrarse el 3 de noviembre de 2020. El desfile de candidatos es un nuevo golpe catastrófico a la lucha de un país que busca la esperanza en el futuro, un futuro donde sobreponerse a las embestidas naturales que han sacado a la luz la putrefacción política que se alimenta de la corrupción, la pobreza y la necesidad del pueblo.

Los rostros que se enfrentan por administrar los vestigios coloniales del país son ya por todos conocidos y lamentados. Figuras que con sus acciones demuestran que no vienen a servirle al país, sino a servirse de él. Lo peor, por una Comisión Electoral que lacera la democracia representativa e imposibilita con subterfugios y maromas legales la posibilidad de aspirar de aquellos que buscan romper con el tradicional binomio novoprogresista-popular democrático que ha destruido al país. El reciclaje de candidatos y figuras por parte de los partidos principales es devastador, a tal punto, que se presentan a comicios individuos cuyo expediente criminal y laboral es reprochable. No solo eso, sino que habiendo sido despedidos o acusados por su mala ejecutoria, son absorbidos por los partidos de mayoría en posiciones de confianza que no pasan por el ojo público. Así, a pesar de haber sido incluso descartados electoralmente, por perder en las contiendas pasadas, continúan cobrando y socavando el erario público con sueldos exorbitantes que son la humillación para muchos.

Los candidatos llamados a encabezar al partido gobernante, novoporgresista, que irán a primarias, son figuras de dudosa reputación por el desempeño que le precede o el que realizan actualmente. Pedro Pierluisi, lleva a cuestas el haber sido removido del Palacio de Santa Catalina por el Tribunal Supremo por usurpar el Poder Ejecutivo en un dudoso proceso que le ratificó como Secretario de Estado y luego lo llevó a la gobernación. Por su parte, la actual regente no electa, Wanda Vázquez, tiene en su historial un reprochable desempeño como Jefa de Justicia al no investigar un sinnúmero de asuntos de malversación, despilfarro y negligencia. Tan es así, que enfrentó un juicio acusada por el Presidente del Senado, quien hoy parece apoyarle en su afán político. Aunque sus primeros meses en la jefatura colonial parecieron gozar del apoyo general, tras su anuncio de candidatura, todo ha sido cuesta arriba en un constante enfrentamiento hasta con los de su propio partido. Los recientes hallazgos de almacenes escondidos al país tras los terremotos han minado su imagen a tal punto que, en una encuesta reciente, sobre el 70% desaprueba su gestión durante la emergencia. Su reciente video, del que parece sacar ventaja política del dolor del pueblo, le ha valido feroces críticas.

En tanto, el tradicional Popular Democrático, píldora venenosa que mantiene al país en su indefinición y limbo jurídico colonial, presenta unas primarias a la gobernación por primera vez en ochenta años. De todos, la figura más controversial es la alcaldesa de San Juan, la Ciudad Capital, Carmen Yulín Cruz, quien se enfrenta constantemente al gobierno central e incluso el presidente estadounidense. Sin embargo, la píldora venenosa de la papeleta popular reside en el exgobernador y excomisionado residente, Aníbal Acevedo Vilá, quien en 2009 enfrentó un juicio por financiamento ilegal de su campaña política, así como una larga lista de confesiones bajo juramento de posible evasión contributiva y hasta informes falsos para encubrir el financiamiento de campañas políticas por 15 años. Las estructuras del bipartidismo tradicional están corroídas.

La esperanza que se construye en alternativas…

Ante el panorama desolador que consume la política local, ha surgido en la isla una nueva alternativa política denominada Movimiento Victoria Ciudadana, así como candidatos independientes como Eliezer Molina. El nuevo movimiento de apresta a una Asamblea Nacional para decidir los candidatos a elecciones, sin ir a primarias y sin gastar millones del erario público. Sin bien Victoria Ciudadana presenta figuras que para algunos resultan controvertibles por su estilo y discurso, también hay otros que no tienen ninguna carrera política y les respalda una vida profesional y académica notable y, por lo pronto, intachable. Estas nuevas figuras que no están entramadas a los viejos vicios de la política colonial presentan una alternativa para aquellos que no toleran más los candidatos reciclados.

Los programas de análisis comienzan, a 10 meses de las elecciones, a hacer sus encuestas para ir conociendo el panorama político en un país cuya tasa de participación ha ido disminuyendo continuamente hasta colocarse en un 66%. Aunque algunos datos resultan previsibles, otros son reveladores. Por ejemplo, la intención de participación sobrepasa el 85%, lo que aumenta en casi un 20% la masa electoral. Por su parte, de los encuestados, solo entre un 16 y 28 por ciento pensaba darle el voto a un candidato del tradicional bipartidismo, frente a entre un 16 y 23 por ciento que se encontraba indeciso o en busca de un nuevo partido político. Entre tanto, en una encuesta realizada por un programa televisivo de análisis político, le otorgaba sobre el 12% de la intención del voto para la posición de Comisionada Residente a la candidata Zayira Jordán Conde, del Movimiento Victoria Ciudadana, dato que resulta revelador tomando en cuenta que es una dama poco conocida en la palestra pública y corriendo por un partido que se presenta por primera vez. De este movimiento reflejar una tasa de voto similar, quedaría inscrito automáticamente para una próxima elección sin tener que atravesar los atolladeros que impone la Comisión Electoral. Sin duda, la convulsionada realidad social, política y económica que enfrenta Puerto Rico desde los trágicos sucesos del huracán María en 2017, podrían revelar una nueva realidad, si el país despierta más de lo que está.

También te puede interesar: Puerto Rico, el Estado contra el pueblo y la crisis que no termina

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS